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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

A Palin no le hace falta este "vecino"

Ruth Marcus
Ruth Marcus
domingo, 30 de mayo de 2010, 22:51 h (CET)
WASHINGTON -- En estoy voy a coincidir con Sarah Palin.

Su nuevo vecino, casualmente, es el escritor Joe McGinniss. ¿Coincidencia? Creo que no. McGinniss elaboró un perfil negativo de Palin para la revista Portfolio el año pasado, y ahora está escribiendo un libro sobre la ex gobernadora de Alaska. Así que se ha mudado cerca.

Al parecer, (i)en realidad(/i) es al lado. Como comenta Palin en su página de Facebook junto a una foto de McGinniss, "Aquí está - a unos 10 metros en el balcón alquilado a los vecinos con vistas a la zona recreativa de mis hijos y la ventana de mi cocina... Me pregunto qué tipo de material va a reunir mientras vigila el dormitorio de Piper, mi pequeño jardín, y la piscina familiar".

Las insinuaciones que hace Palin de voyeurismo pedófilo son característicamente agraviadas - dicha "piscina familiar" es un estanque público, después de todo - pero yo me sentiría muy agraviada también en estas circunstancias.

La elección residencial de McGinniss es escandalosa e innecesariamente intrusiva. Hay - solía haber y debería haber, de todas formas - una gran diferencia entre la información y el acecho, los periodistas serios y los paparazzi. No pretendo ganarme la vida acechando a los famosos, pero los paparazzi, al menos, tienen una excusa: Para hacer su trabajo tienen que poner sus cámaras en la cara a la gente. McGinniss y Marcus no. La gente, incluidos los políticos, merecen una zona de intimidad, literal y metafísica en la misma medida.

Jack Shafer, de Slate, afirma que "no hay problema, ética o moralmente, en que él (McGinniss) se aproxime todo lo posible a su objetivo", y sitúa el comportamiento de McGinniss "en una larga tradición periodística de seguir a fuentes y objetivos hasta que se rinden". Sus ejemplos incluyen "llamar a la puerta de la familia del finado para preguntar cómo se siente" y "frecuentar el local favorito de un sujeto, su lugar de oración o la parada del metro hasta que se derrumba".

Yo he tenido que hacer ese trabajo puerta a puerta - no es fácil - pero me enseñó a no sitiar a las familias de luto. Si eso ha cambiado, una lástima, pero sí hay remedios contra tal acoso. Ir a un lugar público a reunirse con una fuente es esencialmente distinto a espiar a la fuente en su ámbito privado.

Esto fue, parece, algo así como un rencor inmobiliario. El hijo de McGinniss escribió en un correo electrónico obtenido por Ben Smith, del Politico, que la propietaria de la casa "contactó con el escritor porque los Palin le habían creado problemas (le debían el dinero de unas reformas que había hecho a petición de éstos y nunca le pagaron)".

Como explica McGinniss hijo, "Si estuviera escribiendo una biografía de Tiger Woods y tuviera oportunidad de mudarse a vivir con él, o a la casa de su piscina, o alquilar la casa de al lado o de la otra acera - sería negligencia periodística no hacerlo". Sí, si Tiger le invitara a mudarse, o a alquilar la casa de la piscina, sería una locura no hacerlo. ¿Pero colocarse para poder ver todos sus movimientos, día tras día, durante cinco meses?

"Las personas que escriben sobre política, las campañas, viajan con los candidatos, duermen en los mismos moteles, van en el autobús de campaña, desayunan, dedican tiempo a todo aquello a lo que tienen acceso", agrega el correo electrónico. "Queremos leer la crónica de alguien tan cercano a su objetivo como sea posible. Eso se llama hacer la crónica". Pero hay una esfera privada, incluso en una campaña política. Los reporteros no campan en la habitación junto a la del candidato y pegan los micrófonos a la pared.

En un comunicado, la editorial de McGinniss prometía que el escritor "será muy respetuoso con la privacidad de su objetivo mientras investiga sus actividades públicas". ¿En serio? ¿Tan respetuoso con su intimidad que la invade? Examine todos los documentos y entreviste a todas las fuentes que quiera. Pero aprovechar la ocasión para vivir pegados es espeluznante.

La palabra yiddish "mensch" define a la persona decente. Siempre he creído que es posible practicar el buen periodismo de crónica (i)y(/i) portarse como un mensch. Voy a esperar a que se publique el libro para juzgar el periodismo de McGinniss. No es demasiado pronto, no obstante, para concluir que él no es mensch.

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