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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

La Senyera como mortaja política

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 30 de mayo de 2010, 08:45 h (CET)
El esperpento que lleva años entronizado en la política valenciana se ha magnificado esta última semana durante la sesión de control de los jueves en el Parlamento valenciano. En infinidad de ocasiones Francisco Camps, el “honorable” President ha huido de estas sesiones de control con cualquier pretexto, no le gusta ser controlado por la oposición, él tan sólo se siente a gusto cuando la corte de paniaguados que le sustenta en el poder le vitorean al grito de “Paco, eres el más guapo”, en los momentos en que debe dar cuentas de su actuación al frente del Gobierno de la Comunitat Valenciana le entra la “espantà”, toma una avión y cualquier excusa es buena para poner millas de distancia entre su persona y esos implacables preguntones de la oposición.

Pero con la que está cayendo en estos últimos tiempos no tiene más remedio que acercarse hasta la sede parlamentaria y con pose de “don Tancredo” lidiar inmutable todos los miuras que lance al ruedo la bancada opositora. Él, que se cree el salvador del País Valencià con su política de cartón piedra y grandes eventos, está por encima del bien y del mal. Cuando, por ejemplo, se le pregunta el porqué de la Comunitat Valenciana lidera los índices de paro en España su dedo acusador se dirige hacia el Gobierno central y de su garganta surge el grito de siempre “Zapatero es culpable” olvidando que las políticas de empleo son de su incumbencia y que su Gobierno lleva ya años sin dar un palo al agua. En el control del pasado jueves cuando Ángel Luna, diputado del PSOE, esgrimía un ejemplar del Código Penal mostrándole la puerta más oscura de su futuro más próximo, él, el “honorable”, se envolvió en la Senyera, olvidando que es la bandera de todos los valencianos, y poniéndose en pie mientras se abotonaba cuidadosamente la americana de algún traje gürteliano espetó a todas sus señorías “Para usted el Código Penal. Yo me acojo a la senyera y a mis conciudadanos para seguir trabajando por el futuro de esta tierra”. Y la solemne frase quedó para los anales y la historia en las actas del Parlament mientras las “honorables” posaderas de Camps volvían a calentar su aterciopelado escaño de President.

Soborno, prevaricación, falsedad en documento mercantil, delito electoral, blanqueo de capitales, asociación ilícita y contra la hacienda pública junto con el artículo 419 del Código Penal penden como espada de Damocles sobre la cabeza de un President indigno de seguir todavía en el cargo. Pero él, desafiante, con chulería, se envuelve en el azul y las cuatro barras de la Senyera al no encontrar otro argumento de más enjundia para defenderse. Francisco Camps, ante la perspectiva de tener que cambiar los trajes de Milano por el chándal carcelario, saca a pasear, como siempre en momentos álgidos ha hecho la derecha, los amores patrios y los antepone a la razón. Nada nuevo bajo la Luna de Valencia.

Esta derechona inculta, prepotente, españolista hasta las cachas y trilera está acostumbrada a engañar al pueblo, con la aquiescencia de CANAL 9, poniéndole delante la muleta con los colores patrios. Durante la dictadura presumían de que la bandera valenciana fue la única que no prohibió Franco, por algo sería, en las primeras elecciones democráticas en 1977 el Partido Popular con Giner Boira, españolista de pro, al frente publicó un anunció indicando a los valencianos que si votaban a partidos de izquierda pasarían de inmediato a ser catalanes, cuando en 1979 hubo un Ayuntamiento socialista crearon Unión Valenciana, partido regionalista al que después fagocitaron comprando con escaños a algunos de sus miembros, para que les hiciera el trabajo sucio, y ahora Camps se envuelve en los pliegues de la Senyera en lugar de presentar documentos que acrediten que los autos judiciales mienten.

Camps ya es un cadáver político aunque él no quiera asumirlo, los suyos desde la calle Génova le apoyan a regañadientes y con la boca pequeña tal vez tratando de impedir que les salpique tanta porquería como les puede llegar desde Valencia. El azul y los colores rojo y amarillo de esa Senyera de la que se ha apropiado indebidamente van a ser la mortaja que le cubra cuando tenga que abandonar el sillón de la Presidencia de la Comunitat Valenciana. Y mientras Mariano Rajoy, otro “don Tancredo” de la política, mira hacia otro lado sin darse cuenta que cuando caiga Camps van a ser muchos los que le disputen su sillón.

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