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El bicentenario de la independencia

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
sábado, 29 de mayo de 2010, 09:04 h (CET)
El bicentenario de la liberación del yugo español, con la formación de la Primera Junta, es lo que se celebra este año en Argentina, con especial incidencia en aquel turbulento 25 de mayo de 1810 en que doscientos años después las mismas autoridades argentinas se han dado tantos mordiscos como han podido, en un país dividido radicalmente por la crisis económica, política y moral que sufre la joven nación hermana. La endogamia dirigente que saquea la nación, no ha escatimado desaires a diestro y siniestro a quienes son críticos con ellos, al mismo tiempo que a la que nombran como Madre Patria, España, la han venido a dar lecciones de modélica Justicia en su propia casa a propósito del asunto de ese juez que nos está volviendo locos a todos.

Aunque tengo mis opiniones al respecto de las independencias hispanoamericanas, por lo común me las he guardado por respeto no sólo porque siempre he sido tratado con una delicada deferencia en Argentina, sino también porque mi esposa es de aquella nacionalidad y tenemos una hija que tiene sangre de las dos riberas del Atlántico. Sin embargo, y ya que me autoriza a ello la infausta intromisión en nuestros asuntos internos de la señora Presidenta de aquel país, me permitiré, poner algunas tildes a su joven Historia.

Quienes han leído “Sangre Azul (El Club)” –se puede ver un video promocional de esta novela en Youtube http://www.youtube.com/watch?v=l2YXf9EeBBY- están al tanto de mi particular visión de la Historia y de cómo la masonería conspiró (y conspira) para hacerse con el poder en el mundo, implantando por doquier las repúblicas, que es su forma de gobierno preferido. Desde 1776 en que se fundan los Iluminatti en Baviera, y a un ritmo de 13 años (cifra masónica por excelencia), éstos fueron moviendo las fichas internacionales para establecer su imperio. Así, tras el establecimiento de la patria iluminada, EEUU, en ese mismo 1776, fundaron 13 añitos después la República Francesa (1789) y se llevaron de paseo a la monarquía francesa a hacerse un afeitado en seco en la guillotina; luego, en los 13 años siguientes, quisieron hacer lo propio con Gran Bretaña y España (1802), y a Gran Bretaña la sumaron a la causa sin que fuera preciso separar la cabeza de su graciosa majestad del tronco, habida cuenta de que habían aprendido la lección francesa, ya que esta última les había salido un poquitín rana a causa de chauvinismo, y aparentemente lo consiguieron también en España, donde impusieron a Pepe Botella tras las Claudicaciones de Bayona a favor de éste por parte del desquiciado Fernando VII y su papá, el lamentable Carlos IV. Ahí están los colores blanco, azul y rojos de sus respectivas banderas y todo eso. En fin, el caso fue que en los 13 años siguientes le llegó el turno a Latinoamérica, desmembrando esta España a la que no consiguieron doblar el espinazo, y la que parecía que iba a lograr echar a los franceses de una patada en salva fuera la parte. Debían aprovechar el momento extremo de debilidad que padecía España, y lo hicieron.

Fue en 1811 cuando un grupo de militares masones, auspiciados por Gran Bretaña, país ya enfrentado a Francia abiertamente por haberse salido del guión previsto, fundaron la Logia Lautaro en Cádiz. Ya sus socios criollos habían proclamado el año anterior la Primera Junta en Buenos Aires, habiendo decretado la desobediencia al Virrey, y, coordinadamente los unos y los otros, se plantearon el asalto definitivo del poder para alcanzar la independencia, ya por las armas. En esa logia estaban inscritos San Martín, Bolívar, Artigas, O´Higgins, Sucre, Belgrano, Miranda, Morelos, etc. Es decir, teóricos patriotas españoles que estaban conspirando para destruir a España. Claro está, en aquellas tierras que ahora comienzan a celebrar sus bicentenarios de la independencia del yugo español, son héroes; pero aquí, como es natural, no lo son, precisamente por cuanto no fueron leales con el país al que juraron fidelidad. Lejos de auxiliar a su país, que estaba en serias dificultades, le acuchillaron por la espalda.

La realidad, sin embargo, es que no ansiaban ninguna independencia de ningún yugo, sino precisamente lo contrario: imponer su propio yugo masón. La prueba está en que en ninguno de esos países (salvo ahora con Chávez y con Evo Morales) fue gobernado por los naturales de aquella tierra ni regresaron a sus costumbres ancestrales, sino que fueron dirigidos por los mandarines blanquitos designados por las logias, hasta el extremo de, en algunos casos como el argentino, exterminar a las poblaciones indígenas y negras, así en las guerras de fronteras como en las de la Triple Alianza. Caso éste último un tanto peculiar, porque el masón doctor Francia, primer gobernante de Paraguay, tomó una primera decisión memorable cuando se instaló en el poder: exterminar a todos los españoles, cosa que se hizo allá donde se les detuvo y sin mayores miramientos.

Mi esposa, que es Presidenta de una Asociación de Argentinos en España, me ha pedido que le escriba un discurso para celebrar el Bicentenario, y lo he hecho encomiando las virtudes de Argentina, que las tiene y muchas. Es más, considero que no hay obstáculo alguno entre los pueblos argentino y español, y la prueba está en el nutrido mestizaje entre ambas poblaciones, siendo casi imposible decir hoy dónde comienza España y dónde Argentina. Adempero, no sucede así con los fundadores de aquel país, que aprovecharon los momentos de mayor debilidad española para traicionarla, y desde entonces sus sucesores no han sido capaces de hacer que funcione uno de los países más hermosos y ricos de la Tierra.

He escrito el discurso de encomio y alabanza, y no me ha dolido en absoluto. Pero si, después de las manifestaciones de la señora Kirchner, no escribo también esto, reviento. Felicidades por su independencia –el pasado es el pasado-, pero de tontos aquí no tenemos ni un pelo.

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