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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Muestras de inquietud

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 29 de mayo de 2010, 08:51 h (CET)
Motivos para sentirse intranquilos nunca han faltado. Por fas o por nefas, por la intensa actitud ambiciosa o debido al temor de que nos sobrevenga algún sobresalto; el sino de la intranquilidad permanece incólume. A cada persona le bulle por dentro ese germen enemigo del reposo. En esas estábamos, cuando la aceleración se nos metió hasta el mismo meollo de las actuaciones humanas. Las palabras eran ya veloces y volátiles; sin embargo, la técnica, los desplazamientos, la información instantánea y el agobio, han impuesto un ritmo que intranquiliza, crispa e introduce el desasosiego ante cada decisión. Circulamos en un VÉRTIGO desazonante, de repercusiones graves; que las sufrimos como naturales, ni nos rebelamos, debido a su enorme proliferación.

Una de las necesidades vitales es el descanso en sus múltiples facetas; aquel reposo del guerrero, tan épico y literario, adaptado ahora al ciudadano y sus afanes diarios, cuyos ajetreos acogotan. Tiene sus grados ese reposo, desde los momentos de ocio al sueño profundo y reparador. Los impedimentos para esa reposición de energias van a originar notables trastornos. Precisamente, el torbellino de la agitación reinante en la actualidad, repercute directamente en la calidad de esos descansos. De alguna manera, dificulta la relajación conveniente y se instaura uno de los dominios del desasosiego, el INSOMNIO demoledor; que nos debilita para futuras labores y agrava los disturbios que vamos acumulando. El requerimiento de pastillas para dormir es un recurso en alza, los famosos inductores del sueño; aunque a su vez representa el fracaso de las medidas preventivas. No tomamos muy en serio los cuidados por la vía natural para un sueño mejor. No cabe duda, su oportunidad sería palmaria; no obstante, al estar tan ocupados, el sueño se trata en un segundo término; y eso que echamos por la borda.

Muchas referencias se hacen con respecto al ansia existencial, sobre ese pretendido interés con el cual afrontamos los retos diarios de avatares y penurias personales. En teoría se trata de uno de los motores básicos para mantenernos en marcha. Bien conducido, con la intensidad y atención adecuadas, nos lanzaría a los embates de cada cultura, con los trabjos y reflexiones oportunos. Enseguida podemos apreciar, también en estas tendencias, la gran devaluación del nivel de EXIGENCIAS por el que nos vamos deslizando, como un tobogán que nos precipita hacia la mediocridad, con su cúmulo de deficiencias. En vez de tirar de las buenas cualidades en la dirección del verdadero progreso, caemos en la tendencia opuesta; atribulados y acelerados, dejamos las excelencias en el desván de los conceptos olvidados. Desmanes, corrupciones, asesinos y pederastas, ocupan los medios habituales; mientras se desdeñan los valores ecucativos previos, dominan los DESCUIDADOS comportamientos, las libertades falseadas; conducentes a aquellos lodos y a muchos otros parecidos. La prisa nos arrastra en términos muy poco elaborados.

La ruleta no se detiene, gira y resuena con sus vibraciones; montados en su vorágine, disponemos de muy escasa probabilidades para una escapada con visos de buenas opciones. Así encarados, no ha lugar para los planteamientos exigentes, dormimos mal, nos relajamos poco y ya partimos cansados. Al observar estos comportamientos, se detecta la aceleración como denominador común; prontitud y rapidez para cada actuación. Lo que se presenta con un carácter de diligencia y eficacia, no pasa de ser una primera impresión, una apariencia; el BULLICIO domina, con acompañamientos ruidosos, pero con pocos contactos reales. No se distingue un huequecito para la calma y la necesaria asimilación de los hechos. Cada sobresalto se neutraliza con nuevas sorpresas, con ocupaciones apresuradas; no por su importancia, sino porque nos acucian varias de ellas y de forma simultánea. La actitud se transformó en hiperactividad, ocupando el espacio y el tiempo; desaparecen las demás consideraciones y quedamos al pairo, imbuidos de ese apresuramiento, en vilo, y de forma permanente.

En el maremagnum engendrado entre todos, resulta muy complicado encontrar una brújula con buena orientación. ¡Cambian los criterios y los conocimientos! ¿A qué asidero nos acercaremos? Esas dificultades nos aproximan a posiciones paradójicas; en el culmen de la confusión, inseguros a tope, nos adherimos a cualquier idea, con inusitada fuerza, como si fuera la única disponible. Aflora el carácter OBSESIVO de muchas actitudes. Es una fijación sin fundamento, sin la valoración de sus insuficiencias; que por su propia exageración no pasa de ser un trastorno maníaco. Se perdió el afán reflexivo. Aquí no hay matices, es un potente piñón fijo. Genera una fuente continua de pesares y desventuras personales; la vida está plena de variaciones y la obsesión sólo permitirá un trazado exclusivo, sin distinciones. Imagínense o vean esa actitud en los gobernantes, las desastrosas perspectivas; algo de esto sufrimos entre crisis, decretazos, millonadas de euros para la alianza de civilizaciones, Ivas y subvenciones caprichosas. El carácter obsesivo resulta castrante para los planteamientos sensatos, es proclive a las intolerancias y no alcanza al brocal de salida de su propio pozo de inseguridades.

Los ejemplos son manifiestos, una simple mirada será suficiente para ratificarnos sobre las consecuencias de las desorbitadas agitaciones. Refiriéndose a la Andalucía pintoresca, hace tiempo escribió algo Alfonso Reyes, que podemos hacer extensivo a la Andalucía actual en lectura preelectoral o a los demás ambientes vertiginosos de diaria observación. Decía así: “Los abigarrados muñecos de la feria no son muñecos, sino hombres”. Ese es el minúsculo y gran detalle, la olvidada característica de los títeres de esas ferias por las que deambulamos. No diría que sin pretenderlo, porque la pasividad es inmensa y no prestamos la suficiente atención, ni aportamos las respuestas oportunas. DESBARATAMOS los recursos y los criterios donde pudieran nutrirse los adolescentes. ¿Con esos trazos, que podremos exigirles? Me sigo preguntando hacia dónde se dirige la espiral de distorsiones aceleradas.

Las muestras de quietud extrema y de una tranquilidad persistente, son tenebrosas de por sí; coinciden con la anulación progresiva de cada individuo, promovida por estructuras o entes opresivos, políticos salvapatrias o personajes con alucinaciones divinas. Nos venden dinamismos ajenos, basados en el silencio y parálisis propios; a lo tonto, nos borran de las estrategias. Las algarabías y las voces estridentes les sirven de tapadera, con ellas nos mantienen distraidos. Delegamos a la ligera en listas cerradas, y eso ATROFIA SENSIBILIDADES. La intranquilidad sana de enfrentarse a los entuertos, quizá debimos aprenderla del estilo quijotesco, es portador de unos gramos de sensatez que nos falta; ese brote genial de tener convicciones y no renunciar a ellas por desaforados gigantes. Ahora bien, qué cerca estan los fundamentos y las razones alocadas.

Es sencillo, si duelen los puyazos en el transcurso ajetreado de la vida, las disyuntivas se ofrecen, ¿Optamos por los calmantes y analgésicos? ¿Ejercemos de malabaristas con unos gramos de la locura necesaria? ¿Vivo yo? ¿Viven ellos? ¿Quién vive aquí?

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