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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Mareando la perdiz fronteriza

Edward Schumacher-Matos
Edward Schumacher-Matos
sábado, 29 de mayo de 2010, 08:45 h (CET)
WASHINGTON -- Una histeria nacional motivada por la violencia parece estar extendiéndose por la frontera con México, y por eso telefoneé al alcalde de Laredo, Texas, Raúl Salinas para preguntar cómo sobrevivía la población allí.

Veterano de 27 años en el FBI, el alcalde dijo estar "realmente sorprendido" por el plan del Presidente Obama de enviar 1.200 efectivos de la Guardia Nacional a la frontera. Salinas agradecía cualquier ayuda, aunque observaba que solamente se han registrado dos asesinatos en lo que va de año en Laredo, y ninguno tenía nada que ver con el tráfico de estupefacientes o la trata de blancas.
Por eso llamé a Efraín Valdez, alcalde de Del Río, Texas. Él preside la Coalición Fronteriza de Texas, que incluye a todos los alcaldes y magistrados de primera instancia de los municipios fronterizos de Texas. "Nunca se ha registrado ningún 'estallido generalizado' de violencia" en los municipios que integran la coalición, informaba, y añadía que su colectivo es contrario a la nueva ley de Arizona que obliga a los agentes locales del orden a interrogar a cualquiera sospechoso de ser un inmigrante sin papeles.

Fui más allá tirando del hilo y llamé a El Paso, cruzando desde Juárez, la zona cero de la guerra de las mafias de la droga en México. El alcalde John Cook estaba de viaje pero difundió una declaración en la que dice "no oponerse" al envío de más efectivos de la Guardia Nacional mientras no "pongan en práctica la ley de inmigración". Esto no suena en absoluto a grito de desesperación y temor. Podría deberse a que El Paso fue el año pasado el segundo municipio más seguro del país, por detrás de Honolulú.
Los Angeles Times enviaba un reportero dos semanas atrás a Nogales, Ariz., y entrevistaba a su comisario de policía, Jeffrey Kirkham. Se han registrado 120 asesinatos el año pasado al otro lado de la frontera en Nogales, México, decía, pero ni uno solo en el lado de Arizona en tres años.

El comisario de policía de San Diego declaraba al periódico que la delincuencia violenta en esta ciudad ha descendido un 8% en los tres últimos años.

La historia se repite a lo largo de la frontera. Mientras que se registran episodios de violencia real en México, el crimen violento es escaso y desciende en los municipios fronterizos estadounidenses, en los estados fronterizos y por todo el país. El FBI informaba la pasada semana que los crímenes violentos como los asesinatos, las violaciones y los asaltos con agravantes descendieron un 5,5% a nivel nacional en el año 2009 en comparación con el ejercicio anterior. En Phoenix, descendieron la friolera del 16,6%.

La cifra de ilegales que cruzan la frontera, mientras tanto, está en su nivel más bajo desde 1970, en parte gracias a la creciente eficacia de las medidas del orden que ya han entrado en vigor.
Pero algunos políticos advierten, como advertían los Senadores de Arizona John McCain y Jon Kyl en un escrito remitido al Presidente Obama la pasada semana, de la "escalada de violencia" en la frontera. Las informaciones aparecidas aluden a "violencia fronteriza" y "actos de violencia generalizada" originados en México por obligación, y los tertulianos políticamente conservadores cargan falsamente contra presuntos delitos cometidos por inmigrantes, vinculando inmigración y problemas derivados de la droga.

Como era de esperar, los estadounidenses se sienten inseguros. En las encuestas, apoyan de forma aplastante la ley de Arizona y exigen más medidas.

Igual que el gato que se persigue el rabo, esto ha generado un perverso ciclo dentro del cual nuestros líderes políticos, incluyendo a los Demócratas de izquierdas, responden a la opinión pública que crearon ellos exigiendo aún más medidas fronterizas. De ahí el último gesto del Presidente.

El nuevo contingente de la Guardia Nacional, añadido a los 340 ya destacados, y los 500 millones de dólares en financiación adicional a la seguridad fronteriza que anunció Obama no están mal. Los efectivos no tienen formación en vigilancia de fronteras, de forma que una fuerza de 5.000 soldados enviados entre 2006 y 2008 no tiene nada importante que hacer. Pero puede que su presencia simplemente sirva de disuasor de cara a un futuro posible "episodio generalizado".

No está claro el destino de la financiación, pero los alcaldes de municipios de Texas decían que hace falta sobre todo en los pasos oficiales fronterizos -- para impedir que dinero y armas sean introducidos de contrabando en México en la misma medida que el tráfico ilegal que circula en este sentido.

Por supuesto, hay ciertos problemas de delincuencia fronteriza característicos, incluyendo los secuestros de integrantes de los cárteles en Phoenix, el próspero robo de coches en Laredo y la circulación de drogas y de inmigrantes a través de los desiertos de Arizona.

Pero lo malo de nuestra obsesión con la seguridad fronteriza es que desvía la atención de las verdaderas soluciones a largo plazo. En el caso de la inmigración ilegal, es la reforma integral que crea un programa laboral temporal legal, carnés de identidad a prueba de fraude, y una vía a la legalización para los inmigrantes ilegales que ya están aquí. En el de la violencia de la droga, es la reducción de la demanda o bien la expulsión del elemento criminal violento despenalizando el consumo.

Tanto los líderes Demócratas como Republicanos saben esto. Pero decirlo abiertamente y hacerlo, exige liderazgo político y valentía. Es más fácil seguir la corriente.

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