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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

La neurona de El Dioni; la de de España también

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 29 de mayo de 2010, 08:41 h (CET)
Me molesta cierta España; me molesta la España zarrapastrosa que elevó a los altares a Carmen Ordóñez; me humilla la España que sigue las vicisitudes del noviazgo de una ñoña anciana Grande de España con un funcionario; me escuece la España sanchopancesca que ve determinados programas de televisión; me siento insultado por la España zafia que encumbra a personajes de la más baja ralea y los convierte en héroes populares.

Alguien me decía que España es "asín". ¡Y no puedo dimitir de ser español! Me sienta como una patada en el estómago, perdónenme mis lectores la brusquedad de la expresión pero es la que más se aproxima a la realidad, la España cafre, cromañona y sin desbastar de El Dioni.

El Dioni es aquel guardia de seguridad, conductor de un blindado, que se fugó con la pasta que llevaba en el interior del vehículo del que era responsable y, si la memoria no me falla, fue hallado en Brasil y traído a pescozones a España. ¿Cómo puede España tener en cuenta a un forajido? Ex forajido, usté perdone. La chabacanería ramplona de numerosos españoles impulsó una presunta carrera artística del pájaro este que intentó dedicarse a la canción apoyándose en su... ¿fama? ...¿prestigio? Afortunadamente el intento se quedó en una vergonzante e impudorosa exhibición de sus limitaciones.

El Dioni cree que todos somos de su condición, me temo. Vuelve a ejercitar su neurona y esta mañana ha desplegado una pancarta en la Puerta de Alcalá de Madrid contra la congelación de pensiones. 'El Dioni' amenaza al presidente del Gobierno con llevarse otro furgón "si sigue así".

No, no El Dioni no me preocupa, que su nombre lleve artículo delante ya le describe suficientemente. Si tuviera tiempo me compadecería de él. No, me preocupa España, me preocupa que haya españoles tan desesperados, tan alterados, tan faltos de sustancia gris, españoles que tal vez hayan pasado por la escuela sin que la escuela haya pasado por ellos, que sientan la tentación de reírle la gracia y aplaudirle. Me preocupa que haya españoles para los que El Dioni sea un referente. ¿Cultural? ¿Político? ¿Ético? ¿Social?

A los españoles se nos ha dado tradicionalmente bien seguir el esperpento, cada país tiene sus grandezas y sus bajezas y a los españoles nos encanta el esperpento. Nuestras miserias públicas se enseñorean todas las tardes de las pantallas de las televisiones más populares para solaz y deleite de millones
de marujas de uno u otro sexo. La España irreverente cree que todo vale, la España irrecuperable cree que cualquiera vale, la España iletrada cree que El Dioni vale. Y son legión. Por eso El Dioni anda enseñando la patita por debajo de la puerta de Alcalá, porque sabe que va a sacar tajada. Así nos va.

En Francia casi hicieron presidente a Coluche, pero éste tenía humor inteligente y que se sepa no había sido delincuente. Ex delincuente, usté me disculpe, Don Dionisio.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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