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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El IRPF del diputado: sicalíptico

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
viernes, 28 de mayo de 2010, 08:43 h (CET)
Discúlpenme por echar mano del vocablo “sicalíptico”. Ciertamente, es poco corriente su utilización. Pero ya me dirán si su significado –gracioso, picaresco, ingenioso e intencionado- no viene bien para definir el IRPF de los diputados… ¿y de los senadores, los ministros, los altos cargos, los presidentes de CCAA –para estos una parcialidad más- y quién sabe si para algunos más?

Y, claro, sicalíptico es un adjetivo perteneciente o relativo a la sicalipsis, que entre otras definiciones tiene la de: “belleza artística en la que campean el ingenio, la intención y la gracia picaresca, sin rayar en la obscenidad”.

Pero me da que lo de la declaración del IRPF (la declaración de la renta) de todos los diputados (los de las autonomías también, supongo -¿y los al principio señalados?-) sí raya en obscenidad: son los únicos “labriegos” de este país que están exentos de tributar por un tercio de su sueldo en el IRPF; o sea, la mayoría de ellos no tienen que declarar del total de sus ingresos salariales unos 20.000 €, más o menos (y algunos más, sería el caso del Sr. Bono y del Sr. Rojo –dos ilustres apellidos muy apropiados para la época-). Lo que supone, probablemente, una cantidad equivalente a la que tienen que hacer constar –y pagar por ella- cada uno de los más de 18 millones de TRABAJADORES que, como es sabido, son mileuristas o no llegan a tan honorable categoría.

Mas, si esta “gracia picaresca” no fuera suficiente para “evadirse”, es seguro que utilizarán –ellos pueden hacerlo porque su alto salario, obviamente, lo permite- todas las bonificaciones (planes de pensiones, letras del tesoro, donaciones, etc., etc.) incluidas en esta nada progresiva norma impositiva que rehúsa gravar los patrimonios (la que se le vendría encima a la clase política más larga de manos de la historia del país si se restaurara el impuesto… y se les aplicara, porque esa es otra), que, por otra parte, sería la única forma de que algunos fueran “solidarios” con los que, sin culpa, lo están pasando mal.

Por supuesto que la cantidad que pierde el Erario con esta exención impositiva de los referidos es insignificante si se compara con los estragos de la economía sumergida, de las SICAVs, de la iglesia católica, del deporte –futbol en particular-, de las sociedades en general, de las fundaciones, etc., etc., seguramente, más de 30.000 millones de €; pero, aparte del significado moral que supondría la eliminación de esta gracia sicalíptica, no hay que olvidar (y no verse obligado a estrujar los bolsillos de los menos pudientes en lugar de los de los ejecutivos y banqueros y las élites deportivas y capitalistas, que eso si que es una obscenidad) lo que dijo un rico hacendado: “una perra gorda no vale nada, pero diez perras gordas hacen una peseta”.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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