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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El martillo siempre golpea el yunque

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 28 de mayo de 2010, 08:06 h (CET)
Se dice que las desgracias vienen de tres en tres y es posible que así sea si es que queremos darles credibilidad a las leyes de Murphy. Pero cuando un país tiene un gobierno socialista, está dirigido por un Presidente que ha entrado en fase política agónica y ha perdido la visión de la realidad, para enzarzarse en una vorágine de ideas entremezcladas donde se mezclan subvenciones con recortes, se confunden partidismo con interés público y se defiende el más puro sectarismo ideológico con patriotismo, no cabe la menor duda de que nos encontramos ante un sujeto sumamente peligroso si es que tenemos en cuenta que, en sus manos, está el destino de España y el de todos los ciudadanos españoles. La pérdida del sentido de la mesura, la incontinencia verbal y el terror a un futuro, que se le presenta como el agujero negro, fruto del un colapso estelar de su política económica, que amenaza con absorberlo con todo el pueblo español arrastras, hasta su propia singularidad; entonces, señores, no se extrañen ni sorprendan si el cúmulo de desgracias que puedan caer sobre nosotros puedan constituir una verdadera avalancha de calamidades.

Es incuestionable que llevamos unos meses en los que se tiene la intuición de que, sobre España, se van sucediendo una sucesión de desgracias que nos pudieran hacer creer que algún malvado trasgo se ha entretenido fabricando un muñeco de vudú, con la forma de la piel de toro, al que, con inusitada fiereza, le va insertando alfilerazo tras alfilerazo, descargando en él su venganza en un empecinado intento de que no levantemos cabeza y nos hundamos en el abismo económico. Lo evidente es que hemos entrado en una fase en la que todos pensamos que estamos sufriendo una pesadilla, en especial los que, estando en nuestra etapa de clase pasiva, para no entrar en intimidades, dependemos por entero de nuestras pensiones y de que éstas alcancen para que podamos llevar una vida medianamente digna. Pero hete aquí que, de pronto, cuando uno se siente más indefenso ante los avatares de la vida, nos debemos enfrentar a la amenaza de perder todo aquello por lo que estuvimos trabajando durante toda nuestra vida, aquel edificio imaginario construido con nuestro esfuerzo y tesón para que, a nuestra vejez, pudiéramos gozar de la vida sin tener que preocuparnos por la materialidad del dinero. Vemos como, en un plis plas, se nos desmorona el castillo de ilusiones y se van al garete todos nuestros planes sólo porqué unos insensatos ambiciosos, unos incompetentes temerarios y unos sectarios vengativos, han ocupado el Gobierno de la nación con el sólo objeto de destruir toda su estructura, cambiar su moral y costumbres, entrar a saco en el Tesoro Público para esquilmarlo y, cuando ya lo han conseguido, pretender disimular su fracaso, presionados por el resto de naciones, que supieron aplicar remedios eficaces, intentar rectificar, cambiar de chip y recular, en un cambio súbito e improvisado de orientación económica para, rizando el rizo, pretender volver al inicio, rectificar todos sus errores y cambiar de discurso para sustituirlo por aquel que tanto criticaron a la oposición cuando se lo proponía.

Ha sido preciso que Bruselas, el FMI, Alemania y el señor Obama le cantaran las cuarenta a nuestro Presidente para que éste diera su brazo a torcer y, a regañadientes, nos quisiera vender la conveniencia de que nos avengamos a sufrir, sin chistar, las consecuencias de sus errores, despilfarros, cacicadas y baladronadas. Como era de esperar de semejantes gobernantes, no van a ser ellos los que apechuguen con los efectos de sus tropelías, no van a ser ellos los que no lleguen con sus salarios a fines de mes, ni mucho menos los que van a tener que prescindir de sus coches oficiales, de sus dietas, de sus primas ni de sus sustanciosos sueldos. Sí, nos dicen que se van a recortar un 15% de sus sueldos, ¿cual de ellos?, porque sus señorías los parlamentarios, los ministros y demás camanduleros que los acompañan, no se suelen conformar con una sola retribución y acostumbran a pacer en diversos comederos y, si no, que se lo pregunten a la señora Pajín, que de eso sabe bastante. Se habla de subir impuestos, ¿quién los va a soportar?, los ciudadanos de a pié; se habla de recortar salarios, ¿quién va a sufrir el recorte?, los ciudadanos de a pie; van a subir las tarifas eléctricas, el gas, los combustibles etc. ¿quién va a hacer de pagano?, el ciudadanos de a pie. Pero señores, por si faltara algo a añadir a semejante rosario de desdichas ahora, en estos días, parece que se está cociendo algo con lo que nos han amenazado durante varios años. Señores los que nos gobiernan ya han sacado la serpiente de verano de este año, han puesto, una vez más, sobre el tapete la cuestión del copago de los medicamentos; esto de lo que son tan partidarias las empresas farmacéuticas para así poder salirse de las amenazas constantes del Gobierno de recortarles la factura en medicamentos. ¿Congelación de pensiones, disminución de salarios, aumentos de impuesto y, de postre, el copago?

Nos preguntamos, ¿ es que no hay otros capítulos de los que recortar gastos?, ¿no estamos pagando subvenciones a países extranjeros del Cono Sur americano?, ¿no hemos condonado la deuda a diversos países, como Cuba, por ejemplo?, ¿ no regularizó, por las buenas, el señor Caldera, a más de un millón de inmigrantes ilegales?,¿no nombró el señor ZP a un grupo de “sabios” para lo de la Memoria Histórica?, ¿ no ha contratado nuestro Presidente a una multitud de asesores y, por imitación, todos los gobiernos de las comunidades autónomas han hecho lo mismo?, o ¿ no se ha permitido al Gobern catalán, por medio del inefable señor Carod, que haya abierto infinidad de embajadas catalanas por todo el mundo?. Tantos viajes; tantos congresos; tantos ministerios inútiles; tantas ayudas a los sindicatos, estos que están vendidos al Gobierno; tantos mítines; tantos banquetes; tantas subvenciones a los amigos de la farándula; tanta parafernalia con el cine, tanto despilfarro en la TV1 (para emitir programas que dan pena y vergüenza) y tanto clientelismo descarado a favor de los de la ceja; tantos coches oficiales y gabelas; en resumen, tanta sangría inútil. Aquí vendría bien preguntarle a ZP aquello que Iriarte, en su fábula “La Ardilla y el Caballo”, ponía en boca del equino: “tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, quiero amiga que me digas ¿son de alguna utilidad?

Porque, a muchos ciudadanos se nos ocurre que, prescindiendo de tanta carga burocrática, tanto dispendio innecesario y tanto exceso de personal improductivo; podría recortarse, reducirse al mínimo el gasto público que nos agobia. Es obvio que, si se consiguiera que algunos funcionarios trabajasen más; se redujeran cargos públicos duplicados; se refundieran ministerios; se recortaran primas y dietas; se planteara la posibilidad de suprimir las autonomías ( causantes de gran parte del endeudamiento del país); se dejaran de subvencionar a determinados proyectos, como la energía solar, a los que primero se favoreció y luego ha resultado que, las subvenciones otorgadas se han gastado para otros fines menos confesables; se apretara los machos a los bancos; se suprimieran partidas presupuestarias de poca o nula eficacia; se aprovechara más la energía nuclear y se dejaran, para más delante, tanta inversión en proyectos de futuro, que puede que fueren necesarios para el país, pero que, en este momento, como en el caso de la energía eléctrica sustitutiva, lo único que causan es el aumento de la factura de los usuarios ( un 23% en el caso mencionado). ¿Hace falta insistir? No señores, lo tenemos claro, una vez más los héroes de esta batalla serán: los ciudadanos de a pie.

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