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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Socialismo excluyente

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
viernes, 28 de mayo de 2010, 08:05 h (CET)
Hoy no hay duda respecto a que el socialismo no sólo reparte miseria, sino que esquilma a los pobres siempre que puede, defrauda a los trabajadores y se enfunda la misma casaca que cubre a ricos y poderosos. Los pobres del mundo, como dicen en su Internacional, son pobres porque el socialismo siempre los negó su apoyo. Y si no los llevó al cadalso fue porque no tuvo mejor ocasión, pero se ha aprovechado de ellos a lo largo de la Historia, incluso en la letra de la canción.

La riqueza a la que se acerca el socialismo es la riqueza material; esa riqueza que cautiva a la persona corriente y adocenada. La misma riqueza de la que se rodean muchos de sus miembros, elementos de los Gobiernos y falsos líderes del sindicalismo vertical unificado, CCOO-UGT. Pero hay otra riqueza, y es precisamente esa la que no alcanzan a entender las mentes ‘calenturientas’ del socialismo cavernario. La riqueza no es tener, sino ser capaz de renunciar. Henry D. Thoreau decía que “el hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar”.

Lo más sorprendente es que siempre y donde se ha gobernado en nombre del socialismo, éste ha acabado mostrando sus miserias y demostrando su abandono a los más necesitados, así como su acercamiento constante a los ricos y al resto de clases pudientes.

Nunca a lo largo de la Historia abandonó el socialismo los árboles de buena sombra. ¿El último ejemplo? Hace unos meses ‘inyectó’ miles de millones de euros a la Banca que, dicho sea de paso, fueron muy mal utilizados por ésta, mientras dejaba a los pobres en manos de Cáritas y otras organizaciones afines a la Iglesia; ello pone de manifiesto que la cruz en la declaración del IRPF no es un simple acto administrativo o de cortesía, sino una necesidad social y moral.

No sólo el socialismo hace daño a las sociedades desarrolladas. ¿Acaso los sindicatos de clase se han ocupado alguna vez de los pobres y los desfavorecidos? ¿Por qué no atienden los comedores sociales y los albergues de necesitados, sobre todo en momentos de aguda crisis como ésta? Los liberados sindicales deberían, aunque sea solo con motivo de la crisis, trabajar en aras del progreso social y económico.

El sindicalismo de clase ha contribuido a llevar la crisis hasta este punto tan álgido, en colaboración con el Gobierno español. ¿Por qué no venden sus sedes sindicales ahora que se necesitan fondos para el Estado, para pagar las jubilaciones y a los parados? ¿Por qué no ayudan a los trabajadores que lo precisan? ¿De verdad es necesario que los parados tengan hasta dos años de derecho a cobro por holgar, sobrando el trabajo como sobra en España . Muy sencillo: ¡Es el socialismo de tinte egoísta, aprovechado y excluyente!

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