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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

ZP en plena caída, se agarra a la demagogia

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 27 de mayo de 2010, 07:22 h (CET)
Demasiados errores, señora Salgado, demasiados desmentidos y rectificaciones para que los españoles no nos estemos empezando a creer que, los días de este gobierno presidido por el señor Rodriguez Zapatero, están llegando a su fin. No nos convencen los aplausos cerrados de la camarilla socialista a su líder en el Senado; no nos convencen y saben a agónicos estertores, sus gritos desaforados para intentar animar a los alcaldes de su misma ideología; no nos convencen, señor Zapatero, sus bravuconadas y sus sacadas de pecho, en el que, por cierto, ya no le queda ni una pizca de músculo de credibilidad política, y bajo la camisa de la demagogia ya sólo se oculta la flaccidez del globo deshinchado de la desconfianza de aquellos que creyeron en usted y la impronta del clamor, cada vez más unánime y creciente, de una ciudadanía que ha despertado del letargo en el que, sus engaños y falsas promesas, la tenían sumida, pero que, la UE y el señor Obama – quién iba a decirlo que aquel en el que había puesto sus esperanzas, para que le ayudara a sacar a España de la crisis, hay sido quien ha puesto la primera piedra para que perdiera el poco prestigio que le quedaba, incluso entre los mismos militantes del PSOE – se han ocupado en dejar bien claro que toda su gestión al frente del Ejecutivo no ha sido más que un gran fiasco, un gran bluf y una gran mentira, que ha conducido a una España mal gobernada, peor orientada y sumida en un estado económico catatónico del cual, si no hubiera sido por la determinación de la CE y especialmente de la señora Merkel, apoyada por el señor Obama; es muy probable que hubiéramos acabado en quiebra nacional. Todos aquellos trucos, engaños, fantasías, fanfarronadas y promesas, se han quedado, como en el cuento de La Lechera, en meras pompas de jabón, muy iridiscentes, muy sutiles y muy vaporosas, pero que, ante el menor soplo de aire, el menor roce o la menor presión sobre su tenue superficie, explotan sin que quede el menor rastro de ellas.

Es evidente que, al señor Rodríguez Zapatero, le quedan pocas bazas que jugar. Si quiere dar una explicación a lo que resulta inexplicable, lo único que consigue es que, para cualquier español que no sea un sectario resentido, todavía le resulte más inexplicable que, un sujeto como él, pueda haber conseguido tener engañado al pueblo durante casi seis años. No es de recibo que, tres días entes de la llamada de Obama y el ultimátum de la UE, mantuviese, ante el señor Rajoy, que “de ninguna manera y bajo ningún concepto iba a varias su política de gasto público y pretendiera mantener todas las conquistas sociales de los trabajadores” y, días después, diera uno de sus “bandazos” (aunque no quiera reconocerlo), por el que le dio un vuelco a España y a toda su política anterior, para ponerse “a las órdenes” de Bruselas, bajo la vigilancia del BCE, el FMI y de los organismo económicos europeos y americanos, que ya le han advertido que no van a permitir que España se convierta en un problema para el euro y para el desarrollo de la economía de toda Europa. ZP continúa pensando que los ciudadanos de a pie nos chupamos el dedo, que es fácil manejarnos y que vamos a continuar comiendo en su mano si es que, de seguir por este camino, queda algo para comer en este país, azotado por la plaga del paro, de las suspensiones de pago y de las entidades crediticias, como bancos y, especialmente, cajas de ahorros, que están ya dando muestras inequívocas de sus flaquezas y de los efectos que han tenido sobre sus balances sus excesos en materia inmobiliaria.

Quizá nuestro empecinado Presidente siga pensando que puede continuar haciéndonos creer que sigue controlando el país, que la señora Salgado y el señor Sebastián van a poder actuar independientemente y convencer a los europeos que, con renuncio tras renuncio, nuestra situación financiera y económica vaya mejorando. El FMI ya nos ha dado otra vez en la cresta y ha advertido que es preciso, sin mayor dilación, emprender la reforma laboral que tantos años hace que se le está pidiendo a nuestro Gobierno. No es algo, en estas circunstancias en las que nos encontramos, que quede a la discreción de nuestro Gobierno el que se lleve a cabo o no; por el contrario, es una exigencia para que Europa, como ya hizo en el caso de Grecia, siga impidiendo que nuestros vencimientos de deuda queden sin poder atenderse debido a que, nuestra Deuda Pública, no sea adquirida por los inversores extranjeros. Puede que a ZP le parezca que puede seguir presionando a los bancos nacionales para que le sigan comprando los excedentes que no adquieren los inversores extranjeros, pero hay algo que debiera tener en cuenta y es que, contrariamente a aquello de que presume respecto a que, nuestro endeudamiento, es sólo la mitad del de las naciones europeas; la situación de la deuda española es más que preocupante, porque no es que exista solamente la pública, sino que muchas autonomías también están endeudadas hasta límites peligrosos y las propias economías de muchos ciudadanos padecen del mismo mal. Son miles de millones de euros los que debe España y son muchos los vencimientos que tenemos a corto plazo, lo que supone que, si no se puede colocar más deuda, con una sobreprima que sea inferior a los 140 o 160 puntos básicos respecto a la alemana; nuestro país está condenado a caer en dafault. No pierdan de vista a los bancos y cajas españoles a los que las agencias de raiting les han bajado la calificación de su deuda, lo mismo que las autonomías, especialmente la catalana y la madrileña, que está asfixiadas por su endeudamiento.

La situación es tan peliaguda y el peligro para nuestra nación tan evidente y próximo que, mucho nos tememos, que unas elecciones generales no dieran tiempo a poner en orden nuestros números rojos. Deberían, dentro del mismo PSOE, hacer una reflexión sobre la conveniencia de descabalgar del poder a este lunático que nos gobierna y sustituirlo por una gestora integrada por señores como Solchaga, Sevilla, Solbes y quizá el mismo Sebastián, que intentaran, con la ayuda del PP, llegar a una entente para gobernar España durante estos años de crisis, hasta que la mejora de la situación permitiera una convocatoria a las urnas, donde el pueblo pudiera expresar sus preferencias a la vista de los resultados de la legislatura finalizada. Es imposible que, como ocurrió con las promesas que hizo ZP en Davos, se diga hoy que se cambiará la edad de jubilación y luego la señora Salgado tuviera que rectificar, ante Bruselas, diciendo que sólo se trató sólo de un error. Por si fuera poco, hemos caído de nuevo en el mismo error cuando el Gobierno ha anunciado la prohibición de que los ayuntamientos se endeudaran a largo plazo y, apenas unas horas después, han tenido que volver a decir que esta medida se había colado en el BOE por error. Un Gobierno, señor Zapatero, que pese a sus gritos, pese a sus gesticulaciones y pese a su intento de venderse como el “salvador de la patria”; no ha hecho más que demostrar que España está en manos de incompetentes, que el salir de la recesión no puede nunca depender de un equipo que es incapaz de tomar una decisión eficaz y que, el pueblo español, vea como se le piden sacrificios mientras los políticos siguen despilfarrando el dinero, como en el caso de Cultura que, a las 48 horas del “tijeretazo”, ha dado 6.000.000 de euros para “infraestructuras y equipamientos culturales” ¿Tan urgente era? ¿No hubiera sido mejor destinarlos a las familias que ya no reciben ayuda alguna? ¡Es inútil, señores, estamos en manos de un nuevo Calígula, quizá más peligroso, porque si aquel nombró cónsul a su caballo, ZP se ha creído ser Dios… pero no hace milagros!

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