Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Un Montilla, en horas bajas, gallea en el Senado

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 26 de mayo de 2010, 08:00 h (CET)
En esta España dislocada en la que vivimos, los ciudadanos nos vemos obligados a tener que soportar a individuos, como el señor Montilla, de origen andaluz y, de improviso, transformado en adalid del nacionalismo catalán y defensor a ultranza del idioma catalán. Surgido del ámbito municipal, como el ministro señor Camacho, y aupado a un puesto de gran responsabilidad, sin estar avalado por el bagaje de conocimientos, inteligencia y experiencia en la cosa pública que se debiera tener para que alguien asumiera una responsabilidad tan grande ante los ciudadanos. A diferencia de lo que ocurrió en otras épocas de la política española, incluso en la I República, cuando los parlamentarios y senadores solían ser personas de alto nivel intelectual, de sólida preparación universitaria y de demostrada elocuencia, de los que tenemos ejemplos tan destacados como el de don Emilio Castelar o los señores Cánovas del Castillo, Pi y Maragall o don Práxedes Mateo Sagasta, por ejemplo; todos ellos de distinto enfoque político, pero de contrastada experiencia, preparación y sentido de Estado. Los ejemplos de esta progresiva degradación de nuestros representantes políticos los tenemos en esta nueva hornada de amateurs de la cosa pública, de advenedizos aupados al poder, no por sus conocimientos, no por su currículum en las universidades o por su preparación jurídica o económica o por sus relevantes conocimientos de la administración Pública, que pudieran servirles de garantía para ocupar puestos de tal relevancia en el ámbito de la política nacional; sino por “méritos” adquiridos escalando por “peloteo”.

Lo terrible es que ya nos hemos ido acostumbrando a estos personajes. El gobierno del señor Rodriguez Zapatero tiene y ha tenido un amplio muestrario de este tipo de advenedizos de la política, encumbrados por su fidelidad al Presidente; cuyas actuaciones han dejado patente hasta qué punto, la Ley de Igualdad y el sectarismo partidista, han influido en la elección de toda esta serie de ministros, ministras y altos cargos de la Administración, escogidos entre las familias más adictas a ZP sin que, al parecer, haya influido en la elección: su preparación, su solvencia intelectual o sus títulos académicos. Las Bibiana Aído, Leire Pajín, Magdalena Álvarez o Elena Valenciano y los señores Corbacho, Blanco (aunque éste tiene un gran sentido político y es hábil manejándose en este sector) o el mismo Montilla, son una demostración de ¡en qué manos!, hemos depositado los españoles el destino de nuestra patria. Así nos ha ido y así esta España, ¡a los pies de los caballos! Pero hoy toca fijar la atención en este envarado, desbordado por los acontecimientos y, con toda probabilidad, cadáver político, que está disfrutando de los últimos meses de su presidencia del Tripartit catalán, antes de pasar a ocupar, si sigue en política, su correspondiente escaño en el bando de la oposición; porque se ha ganado a pulso con su actitud chulesca; con su falta de respeto hacia España y el idioma nacional; con su temeridad y con su intromisión en un terreno que no le compete, el que comentemos sus últimas “proezas”.

Esta cacareada presencia en el Senado del señor President de Catalunya no sé muy bien si ha sido concertada con el señor ZP, para intentar lavar la deteriorada imagen del señor Montilla, después de su fracaso en contener la recesión en Catalunya, evitar la diáspora de las empresas que ha huido de la comunidad e intentar presentarlo como el verdadero adalid del catalanismo separatista o, es un órdago de un Montilla, con el agua que le llega al cuello, desesperado ante las encuestas que dan como vencedora a CIU, con 9 puntos por encima del PSC; que se juega su porvenir a una sola carta. No sé con quien me debería indignar mas, si con el presidente del Senado que ha permitido que se gaste más de un millón de las antiguas pesetas en organizar un equipo de traducción para permitir el “capricho” del señor President de hablar en catalán o, con el propio interesado, por emperrarse en hablar en la sede territorial del Estado español, en catalán. Porque el señor Montilla ha dejado claro que, con su alocución en todos los coidiomas oficiales del reino de España y su corta intervención en castellano, ha pretendido devaluar el español equiparándolo a las lenguas locales. Ha pedido respeto y protección para el catalán, pero se ha olvidado de pedir, a la vez, respeto y protección para el castellano en Catalunya, donde es imposible recibir enseñanza en español, se persigue a los comerciantes que rotulan en castellano y se incumplen, sistemáticamente, las normas estatales y las resoluciones del TSJC, cuando intentan defender los derechos de los padres a que sus hijos se formen en castellano o se implanten más horas de estudio del idioma español.

Pero, donde el señor Montilla demuestra su sectarismo, su amor a la poltrona y su traición al resto de España, es cuando apela al resto de comunidades para presionar al Gobierno y a la oposición, pidiéndoles que modifiquen las reglas del Tribunal Constitucional, solicitando la urgente renovación de dicha institución en el momento en que se está ultimando, ¡por fin!, la resolución sobre la legalidad del Estatut catalán; que se ha venido retrasando durante casi cuatro años. Pero nos debiéramos preguntar ¿a quién ha favorecido este retraso? Evidentemente que ¡a los defensores del Estatut! porque, de lo que no cabe duda, es que este cuerpo legal está embuchado de artículos inconstitucionales, empezando por aplicar a Catalunya el término “nación”. Durante estos años de espera, los separatistas catalanes han tenido ocasión de ir desarrollando, uno a uno, todos los extremos del Estatut, incluidos aquellos referentes a financiación y privilegios especiales que, la permisividad del Gobierno y la complicidad de Zapatero, permitieron que pasara la criba del Parlamento, para que se aprobara una Ley que nunca debió de pasar de las Cortes. La eliminación del Recurso Previo de Constitucionalidad ha sido, sin dudad alguna, una de las decisiones más absurdas y perjudiciales para la democracia que puedan haberse tomado.

Montilla defiende la peregrina idea de que, cuando una propuesta de ley es aprobada en un referéndum de carácter local (en el caso que nos ocupa sólo votaron un 33% de los ciudadanos catalanes y de ellos hubo mayoría de síes) está por encima de lo que el TC pudiera decidir respecto a la constitucionalidad de la misma. Ignora, interesadamente, el político andaluz travestido de independentista, que la misión del Alto Tribunal es básicamente, comprobar que, todas las normas que puedan afectar a los ciudadanos españoles, reúnan los requisitos mínimos de legalidad, entre los cuales y necesariamente, se deben respetar las normas de la Constitución de 1978, la Carta Magna de la nación. Hablan de un referéndum catalán y a mí se me ocurre: ¿por qué no un referéndum de toda la nación? Así veríamos si conseguían la mayoría para su proyecto independentista o se cortaba de raíz, como le ha ocurrido al alcalde de Barcelona, señor Hereu, cuando ha hecho una consulta sobre la modificación de la Diagonal y ha salido derrotado por casi el 80% de los votantes.

Un error, señores, un gran error, el permitir que se cuestionen las sentencias que se “presumen” contrarias a los intereses de los políticos catalanes, por lo que de mala praxis jurídica pudiera suponer que se extendiera esta modalidad de presionar la actuación de los tribunales de Justicia. El inocente Montesquie nunca se figuró que sus teorías serían cuestionadas, precisamente, por sectores ajenos a la administración de la Justicia, para dejar coja de una pata su famosa distribución de poderes en el Estado.

Noticias relacionadas

Amigos para siempre

¡A saber cómo vamos a salir de esta!

Que viene, que viene. El ministro Catalá

Y llegó el ministro Catalá, con Lesmes, al desayuno de Nueva Economía Fórum en el hotel Ritz

El olvidado crimen de lesa patria

Entre el PP y JxSí están haciendo de este país un total desastre

El progreso de estos tiempos

18/10/2017 00:00:23

¿De qué depende la auténtica calidad de vida en la vejez?

La esperanza de que las cosas podrían mejorar alguna vez, va esfumándose sobre todo entre los jóvenes
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris