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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Bicentenario argentino

Isaac Bigio
Isaac Bigio
miércoles, 26 de mayo de 2010, 07:52 h (CET)
Nos encontramos en el año de los bicentenarios de 5 de las 6 mayores repúblicas hispanoamericanas. Hoy Argentina celebra sus primeros 200 años. El 25 de mayo de 1810 Buenos Aires (entonces la capital del virreinato de La Plata que unía a las actuales Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay y parte de Chile) creó su junta soberana.

Soberanías
En verdad la primera junta soberana de Hispanoamérica se dio el mismo 25 de mayo pero un año antes (en 1809). Fue Chuquisaca (la actual Sucre, capital constitucional de Bolivia) quien resolvió desacatar a las juntas españolas para declararse como un poder autónomo. Tras esa resolución semanas después siguieron el mismo camino La Paz (16 de julio de 1809), luego Quito (10 de Agosto de 1809) y posteriormente Caracas (19 de Abril de 1810).

La gesta de Buenos Aires fue continuada el 20 de julio de 1810 por Bogotá, el 16 de Septiembre de 1810 en México y dos días después por Chile.

Es preciso destacar que en ninguna de esas proclamas se habló inicialmente de independencia o de república. Ambas ideas provendrían después tras que el movimiento se radicalizase.

En 1809-1810 los que creaban estas juntas se auto-consideraban ‘españoles americanos’ que protestaban contra la ocupación francesa que Napoleón Bonaparte había hecho de la península ibérica en 1808-1814. Los criollos no renegaban de la corona madrileña sino que, por el contrario, se proclamaban como sus enérgicos partidarios. Su gesta solo buscaba lograr que sus respectivas juntas se sentasen de igual a igual con las juntas de resistencia a la ocupación gala que se habían centrado en Andalucía.

Distintas independencias
La independencia hispanoamericana adquiere así un rasgo muy diferente a la que tuvieron los países de habla francesa o portuguesa de América Latina.

La primera república latinoamericana (y también negra) en independizarse fue Haití (en 1804) y la última gran porción de la masa continental sud y centro americana en liberarse de Europa fue el Brasil (en 1822).

Los procesos de la independencia hispanoamericana median tanto en tiempo como en características entre ambos dos procesos.

En 1804 Haití se independizó en base a una rebelión de esclavos que tomaron violentamente el poder. Los esclavos negros llegaron a ser los amos de un país mientras que en el resto del planeta todos los países occidentales trataban a la raza africana como inferior y sujeta a ser una mercancía que pudiese ser comprada y vendida. Haití se encontró aislada en su región, tal y cual pasaría con Cuba un siglo y medio después. Los haitianos promovieron la exportación de las revoluciones pro-independencia aunque no lograron que los criollos separatistas diese la libertad al grueso de sus esclavos. Haití, por su parte, fue cercada y bloqueda y eso condujo a que deba pagar una fuerte deuda y a que, de ser uno de los países más ricos del hemisferio, acabase como el más pobre de las Américas.

Brasil, en cambio, recién en 1822 se separó de Portugal pero sin que hubiese habido una cruenta guerra o revolución republicana. La monarquía de los Braganza se había trasladado de Lisboa (ocupada por los franceses) a Río desde donde administró sus colonias en América, África y Asia. Cuando el rey portugués le pidió a su hijo Pedro II que retorne a Lisboa y él dijo ‘me quedo’ es que la monarquía portuguesa se dividió en dos alas familiares. Brasil no pasó por el proceso de desmembramiento y terribles guerras que balcanizaron a los Andes y América central. Entre 1822 y 1889, durante sus primeros dos tercios de siglo, Brasil fue un imperio que se mantuvo como una monarquía unitaria. El carácter imperial del Brasil condujo a que esta nación liderase la guerra contra Paraguay, que es la única en la cual un país sudamericano perdió la mayoría de sus varones en un conflicto intra-continental y a que la mayor nación iberoamericana se haya desarrollado absorbiendo territorios de casi todos sus vecinos.

Las repúblicas hispanoamericanas no nacieron de una insurrección de esclavos ni fue una división relativamente pacifica de la casa real. Se trató de un proceso intermedio entre ambos.

El movimiento de los españoles americanos quiso ser un movimiento monárquico de autonomía dentro del imperio español pero terminó a medio camino de lo que fue la insurrección de los desposeídos de Haití.

La diferencia entre esos 3 movimientos se dio en torno a la situación de los negros. Haití liberó a los esclavos en 1804. Las repúblicas hispanoamericanos permitieron liberaciones parciales de esclavos aunque la abolición formal de la esclavitud demoró, en muchos casos, hasta mediados del siglo XIX. Brasil, el país con la mayor población negra del mundo después de Nigeria, solo emanciparía a los esclavos en 1888.

La independencia hispanoamericana se pareció a la haitiana en que se rompió totalmente con el viejo imperio y se dio paso a una nueva república, pero también tuvo muchos de los rasgos del Brasil pues los esclavos no fueron plena y totalmente liberados y se mantuvo la vieja élite social en el poder.

Tres relaciones
Un factor a tomarse en cuenta es la distinta relación que hubo entre las 3 potencias latinas europeas con respecto a sus colonias americanas.

Un hecho paradójico es que allí donde se dio la primera y más radical ruptura (las colonias francesas del Caribe) es donde en general se logró que en el resto de las dependencias se generase un proceso opuesto pues Francia se consolidó en el resto de sus 5 colonias caribeñas. En cambio allí donde produjo la independencia menos radical y violenta (Brasil) es donde Portugal se quedó sin ninguna dependencia en las Américas. En el caso del imperio español Madrid intentó reconquistar sus antiguas colonias con distintas incursiones y su salida del continente solo se dio en 1898 cuando EEUU (y no un proceso nativo) le quito sus colonias en Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Oceanía.

A mediados del siglo XIX Francia acuñó el término ‘América Latina’ para referirse a la América que estaba al sur de EEUU y a la cual tenía derecho a conquistarla pues hablaba una lengua latina y rezaba cada domingo en una iglesia católica en latín. Francia hasta hoy es la potencia europea que más ciudadanos tiene que hayan nacido en América. Guyana Francesa, Guadalupe, Martinica, San Martín y San Bartolomé son territorios de la republica francesa en las Américas, en los cuales sus nacionales tienen derecho a votar y ser electos en el parlamento nacional. Distintos gobiernos haitianos suelen chocar con Francia plantean do que esta potencia les devuelva fondos, mientras que Arístides, el presidente que más votos ha sacado en la historia de dicha nación, acusa a París de haberlo derrocado y extraditado.

La relación entre España y la América hispanohablante fue siempre contradictoria. Mientras Londres, París, Ámsterdam y Lisboa fueron capaces de unir al grueso de sus ex colonias en una mancomunidad de países con los que compartían una misma lengua, Madrid se ha visto incapaz de hacer ello. La Comunidad Iberoamericana de Naciones y la Organización Iberoamericana de Estados une a naciones de habla hispana y portuguesa.

En la América hispana hay una mezcla de resentimiento por el carácter tan sanguinario de la conquista, la misma que destruyo dos civilizaciones cuyo desarrollo en el siglo XVI era, en algunos puntos, superior al europeo, y de las guerras de independencias. También hay un deseo de usar la palanca española para acercarse a la Unión Europea a fin de contrapesar a los EEUU.

En cambio, la relación entre Brasil y Portugal es muy diferente. Brasil concentra e entre un 85% al 90% de los hablantes de portugués del mundo y ha logrado que la nueva gramática lusa se unifique esencialmente tras sus propias reglas. Mientras que Portugal es una pequeña fuerza en Europa, Brasil es parte del grupo de las 20 potencias y va en la dirección de conseguir un sitial permanente en el consejo de seguridad de la ONU. La conquista e independencia portuguesa del Brasil no tuvo los rasgos tan violentos que tuvo la española sobre los Andes o Mesoamérica. Mientras muchos hispanoamericanos ven a España con resentimiento, muchos brasileros ven a Portugal como un país menor.

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