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Tags: revista-viajes · Entrevista · Luis del Palacio
“Antes era un viajero que escribía; ahora soy un escritor que viaja”


Antonio Picazo, viajero y escritor


Luis del Palacio Luis del Palacio
sábado, 5 de junio de 2010, 00:00
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Durante más de veinte años, Antonio Picazo, Premio Nacional de Periodismo “Don Quijote” en 1996, ha publicado reportajes en las más prestigiosas revistas de viajes (Altaïr, National Geographic, Lonely Planet Magazine) donde nos ha contado muchas cosas que no sabíamos de lugares que todavía se ajustan a un calificativo bastante desprestigiado por el abuso comercial que se hace de él: “exótico”. Con su primer libro, “Un viaje lleno de mundos” (Entrelíneas Editores), no sólo consiguió adentrarnos en aspectos desconocidos de un buen número de países iberoamericanos, sino también de otros bastante más insólitos por tratarse de sociedades plenamente tecnificadas y, en ese sentido, mucho menos “exóticas”; como es el caso de la norteamericana.

En palabras de Javier Moro, pronunciadas durante la presentación de su segundo libro, “Viaje a las fuentes del Sol” (Editorial Sirpus), en el que se desvelan algunos arcanos de lo que el viajero occidental siente al enfrentarse a culturas (la india, la tibetana, Mustang…) muy diferentes de la propia: “El viaje adquiere sentido como lo concibe Antonio Picazo. El viaje geográfico como metáfora del único viaje que de verdad importa: el viaje interior”

Dice otro gran viajero, Miguel de la Quadra-Salcedo, que para emprender un viaje de esos en los que lo importante es el camino y no el destino final, que, al fin y al cabo, suele ser el lugar de donde se partió, hay que ir con lo justo, saber cuándo se sale pero no exactamente cuando se vuelve y, a ser posible, olvidar en casa las tarjetas de crédito. Creo que, sin sospecharlo, Antonio Picazo cumple con todos esos requisitos, a los que añade uno singular: su excelente y peculiar sentido del humor.

Con él hablamos de viajes y de libros, cuando ya no falta mucho para que publique el tercero, dedicado a África.




Antonio Picazo durante la entrevista. / Foto: Miguel Martínez Muñoz.


Luis del Palacio / SIGLO XXI

¿Qué representa para ti el viaje?

Si me lo hubieras preguntado hace diez o quince años, podría haber argumentado mi respuesta con una especie de soporte ideológico; pero a estas alturas puedo decirte simplemente: no tengo ni idea. Podría decirte que el viaje es una fuente de conocimiento integral, que pone a prueba tu esfuerzo, que te aporta una experiencia única que jamás tendrías si no te movieras. Todos somos, en mayor o menor medida, nómadas. Esa especie de “llamada de la selva” que nos asalta cuando llega la primavera y que nos empuja a salir es una prueba más de ese nomadismo tan propio del ser humano.

¿Cuál sería la diferencia entre un viajero y un turista?

Todos somos viajeros y todos somos turistas. Lo que no me gusta es el término “trotamundos” o cuando te llaman “viajero empedernido”. La diferencia no está tanto en la forma de viajar, sino en el talante con el que te enfrentas al viaje; lo cual no quiere decir que el viajero lo sea tan sólo en el viaje: quien es viajero es, sobre todo, viajero en la vida. Y el que es turista en la vida, lo es también en el viaje. El turista delega muchos aspectos del viaje en una agencia que propone un circuito, y el viajero se implica más, se construye el viaje, lo cual en cierto modo equivale a construirse a sí mismo. Pero no se trata de poner etiquetas, de decir “yo soy viajero y tú eres turista”, porque todos los viajeros hacen también “turistadas”. Quien escribe un libro o hace una película se ayuda de gente pero no va a una agencia para que se lo resuelvan. Sin embargo, todos los que nos decimos viajeros tenemos un turbio pasado… (Risas)

Y quien es “viajero vocacional”, ¿busca algo o quizá huye de algo?

Creo que va en busca de algo; al menos en mi caso. Los grandes “sanedrines del viaje” se escandalizan cuando digo que siempre que emprendo uno estoy deseando volver… para descansar, para comer bien, para volver a mi cultura, a mis costumbres. Salir de viaje es algo que puede estar motivado por una búsqueda de nuevas culturas, de algo que te haga relativizar la tuya propia al contrastarla con otras que tienen valores distintos. Pero, en efecto, hay personas que conciben el viaje como una huida; se toman un año sabático porque “no aguantan más”. Cuando me topo con alguien así me apetece decirle: “Chico, eres bastante desgraciado si necesitas huir de tu entorno. Cámbialo porque no encontrarás la solución en el viaje”

Siempre que me preguntan lo que no me falta nunca en el equipaje, mi respuesta es: las ganas de volver.




Antonio Picazo y Luis del Palacio. / Foto: Miguel Martínez Muñoz.


¿Cuáles son los lugares a los que siempre deseas regresar?

Hay muchos, y pueden estar en cualquier continente. Yo empecé a viajar por América del Sur y Central. Después lo hice por Asia y, por último, llegué a África. Mi primera experiencia en este continente tuvo lugar en 1981 y no fue del todo positiva. Anduve por Senegal, Mali y Sierra Leona. Tuve la sensación de que África te exigía mucho más de lo que te daba. Esa exigencia, ese esfuerzo era tanto físico como mental. Dejé ese continente durante un largo tiempo, pero en 1999 regresé a él y fue un reencuentro muy especial; tan especial que acabé casándome con una tanzana. Desde entonces sí puedo decir que conozco África desde otra perspectiva, un poco más a fondo, no como un mero viajero. Y en especial, claro está, Tanzania, lugar que visité por primera vez en 2005.
Otro país que me interesó mucho fue Etiopía; por allí he viajado en dos ocasiones.

Y ¿a dónde no volverías nunca?

Tuve una gran decepción con Australia, aunque tampoco podría decir que nunca volvería… Más que países existen algunos lugares a los que me costaría volver; por ejemplo, Johanesburgo, ciudad peligrosa donde las haya (mi experiencia la cuento en mi próximo libro) Sin embargo, la memoria es selectiva y tiende a eliminar los malos recuerdos, a la vez que potencia los buenos. Puedes achicharrarte, comer fatal, dormir en un hotel infame, morirte de frío, pero a la vuelta no te parece para tanto.

Hay muchos que después de hacer un viaje deciden escribir un libro…

Sí, eso ocurre demasiado a menudo. Y a veces te cuentan cosas que no le interesan a nadie. Piensan que saben hacer fotos y que sus reflexiones son muy originales. Yo creo que eso está condicionado por la manía de “tener que hacer algo más”, aparte del viaje en sí: viaje y fotos originales; viaje y escribir o colaborar con un proyecto. Es como si por el hecho de que en la actualidad viaje mucha gente, fuera necesario justificarlo con algo más. De un buen viaje puede salir un mal libro o uno bueno. Yo antes era un viajero que escribía y ahora soy un escritor que viaja. Empecé a hacer reportajes sobre mis viajes, pero ahora veo literariamente el desarrollo de la ruta. No se trata de ver el país por el visor de una cámara o del posible enfoque literario de una escena, porque para mí lo que prima es el viaje en sí y no me merece la pena hipotecarlo; lo que no quiere decir que en un determinado momento no puedas ver muchas cosas de las que te suceden en el contexto del capítulo de un libro. Sin embargo, en muchas ocasiones no es lo concreto sino el poso que va quedando lo que te lleva a escribir sobre aquello a los dos, tres o diez años, aunque ya se parezca sólo relativamente a lo que viste. Creo que fue Disraeli quien dijo. “A veces pienso que he visto más cosas de las que recuerdo y recuerdo más cosas de las que he visto”




Portada del libro. / Foto: M. Mtnez. Muñoz.


Has escrito tres libros, de los cuales el tercero será publicado en breve. ¿Puedes hablarme del cuarto?

Por el momento sólo puedo decirte que no será de viajes. Estoy un poco harto de “contar verdades”, aunque sean recreadas literariamente. La realidad siempre te encorseta un poco.

¿Será entonces una novela?

Sí, pura ficción; aunque tenga el soporte de mis experiencias por acá y por allá. La razón de que comenzara a escribir libros de viajes se hallaba en mi deseo de librarme del corsé de los reportajes en cuatro o seis folios. Además las revistas te piden que lo que cuentes sea “bonito”. El espacio que te proporciona un libro es una verdadera liberación: puedes escribir lo que se te antoje y con las palabras que quieras… procurando no aburrir.

En “Viaje a las fuentes del Sol” aparece y desaparece, como el Guadiana, un personaje llamado “Sebastián”. Al principio el lector piensa que se trata de un compañero de viaje, pero más tarde eso no resulta tan claro ¿Quién es, en definitiva, “Sebastián”?

Eso tendría que decirlo el lector. Sebastián puedo ser yo o tú, o cualquiera que viaja con su bagaje de prejuicios. Quien viaja no debe renunciar a ser él mismo, pero a la vez debe permitir que se abra una posibilidad a entender otras cosas; una posibilidad iniciática en el sentido de comprenderte a ti mismo en relación a realidades nuevas que te chocan. Una cierta forma de machismo, por ejemplo, puede entenderse en la selva, en la Amazonia, donde no se debe a un menosprecio a las mujeres, sino por un reparto de papeles directamente relacionado con la supervivencia. Esta claro que en nuestra sociedad una actitud así no tendría sentido. Por otro lado, los indios son tremendamente respetuosos con sus mujeres; mucho más que ciertos progres de por aquí con sus parejas. Otra cosa que nos repugna, y con razón, es el infanticidio. Pero en el contexto de una necesidad extrema, puede al menos entenderse que los padres opten por salvar la vida de uno de sus hijos y sacrifiquen al otro en el caso, por ejemplo, de que nazcan gemelos. Es una práctica cruel, salvaje, pero si no tomaran esa decisión es casi seguro que no sobreviviría ninguno. De la misma manera ocurre que en muchas tribus los ancianos se van al monte o donde sea a dejarse morir, para no perjudicar a la colectividad. Este tipo de suicidio, aceptado socialmente en muchas partes del mundo, va desapareciendo porque sus condiciones de vida han cambiado mucho en muy poco tiempo.

Pero, con respecto a “Sebastián”, cada cual debe sacar sus propias conclusiones; aunque para mí tiene que ver mucho con el intransigente que todos llevamos dentro.

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