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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Pequeños detalles que encierran grandes agravios

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 25 de mayo de 2010, 07:45 h (CET)
Pueden parecernos, a simple vista, naderías, insignificancias, pequeñas fatuidades o simples gotas de agua en un océano pero, no nos engañemos, cuando la nación está pasando por una situación de crisis, cuando el trabajo escasea, los ciudadanos se aprietan el cinturón y el Gobierno decide imponer recortes en sus prestaciones, congelar pensiones y rebajar sueldos a los funcionarios y empleados públicos, sabiendo las cargas fiscales; es posible que, simples gestos, determinadas actuaciones o pequeños dispendios que, en tiempos normales de bienestar de los ciudadanos y de pleno empleo, serían considerados como simples anécdotas, se quedarían en comentarios jocosos o, incluso, podrían pasar desapercibidos como simplezas propias de los políticos; no obstante, en la actualidad, adquieran una cierta relevancia, produzcan irritación en aquellos sectores afectados por el desempleo o la indigencia y causen estupor y desconcierto entre el resto de la ciudadanía, los españoles de a pie que ven como el Gobierno les está exigiendo recortes en los gastos, pagar más impuestos y reducir sus gastos superfluos, mientras, por otro lado, se malgasta el dinero de los españoles en frivolidades, caprichos, donaciones o subvenciones que, a la vista de los contribuyentes, los paganos de siempre, constituyen un despilfarro, innecesario y vergonzoso, de los dineros del Erario Público; aquellos que todos sabemos salen de estos impuestos, cada vez más elevados e insostenibles, que tan dolorosos resultan para nuestros bolsillos.

En este sentido, el que la señora vicepresidenta primera del Gobierno, con una falta de tacto rayana en desvergüenza, cada vez que comparece ante las cámaras tenga que ir emperifollada de arriba a bajo, con nuevos vestidos que proceden de modistos costosos, enjaezada como caballería en día de feria y convertida en una especie de muestrario de productos de estética, maquillaje y belleza, puede que, para ella y los de su partido, sea algo normal, propio de su cargo o necesario para cubrir algunas carencias evidentes de su físico; pero, señores, no deja de ser una patochada que contrasta con la sobriedad, el ajuste presupuestario y el esfuerzo colectivo, que se les pide al resto de ciudadanos. Pero hay algo más. La afición de la señora De la Vega a viajar a costa del Tesoro español; parece que, según se comenta, le encanta darse la gran vida a costa de sus “presuntos” viajes de “relaciones públicas”. Sin embargo, esta ministra que siempre habla de “rigor” y respeto por los derechos de los trabajadores, no parece que tenga mucho cuidado en ahorrar en los gastos públicos ni que tenga cuidado en invertir el dinero de los contribuyentes en ayudar a los desempleados, cuando no ha tenido empacho alguno en incrementar, en un 40%, la subvención del Estado a este fraude de la Historia denominado, impropiamente, Ley de Memoria Histórica, que parece que se quiere justificar por “la creciente repercusión e interés social” que tamaño dislate suscita entre la ciudadanía española. Cabría preguntarse ¿qué tipo de ciudadanos, qué número de ellos, y cuántos son los que, en realidad, están interesados en recobrar los restos de sus antepasados? y ¿cuántos solo insisten en ello para convertir sus peticiones en una especie de venganza contra los vencedores de la Guerra Civil? En todo caso, los 5.681.000 euros que los “administradores” o carroñeros, dedicados a desenterrar cadáveres, se están gastando en estos tiempos de crisis, no se entiende si se tiene en cuenta que, la Ley de Dependencia, todavía no se aplica a todos los beneficiarios por falta de medios para hacerlo.

Si nos ha asombrado que, en plenos tijeretazos sociales (aquellos que ZP prometió que nunca se producirían) los sindicatos CC.OO y UGT, salieran de su entrevista con Zapatero, en la Moncloa, con 16 millones de euros debajo del brazo para que calmaran sus ímpetus y postergasen la, tan cacareada, huelga general; no menos nos ha impactado conocer que el número de “liberados sindicales” que tenemos en España sobrepasa los 57.000. Aparte de que nos gustaría conocer a lo que se dedican estos señores, lo que sí es evidente es que no les salen de gratis a las empresas, que tienen la servidumbre de tenerlos en nómina, no tener el beneficio de su trabajo y, por añadidura, deben seguir apechugando con sus salarios y cargas sociales. ¿Tiene alguna explicación razonable? Por supuesto que no. En realidad, no son más que paniaguados que dedican su tiempo a asistir a mítines sindicales, ayudar a las huelgas de los trabajadores de las empresas, intervenir en la tramitación de convenios colectivos de empresas, en los que ellos no tienen arte ni parte y, eso sí, vivir a cuerpo de rey a cambio de su “presunta” labor sindical. Pues conviene que sepamos que, el coste de estos señores, aparte de lo que puedan recibir de sus respectivos sindicatos a cargo de las ayudas del Estado, en lo que hace referencia a las empresas a las que pertenecen, se ha calculado que representa más de 1.600 millones de euros anuales.

Lo impactante es que, estos mismos sindicatos se caracterizan por su casi nula labor social, por ejemplo, no subvencionan comedores para gente pobre, cosa que parece relegada a la baqueteada Iglesia Católica; tampoco se dedican a buscarles empleo o a darles socorro a cargo de sus importantes reservas económicas; no, no señores, ellos prefieren, si este es el caso, ayudar al juez Garzón, un juez millonario y bajo sospecha de haber incurrido en delitos ( tres) de prevaricación, con el dinero que reciben del Estado; por consiguiente, con dinero público, sólo por el hecho de que dicho juez es de izquierdas, es rencoroso como los nostálgicos de la II República, y tuvo la peregrina idea de remover las cenizas de la Guerra Civil, para iniciar su particular cruzada, al estilo de lo ocurrido en Chile y en Argentina, con el objeto de demostrar que la culpa de todo lo malo que nos ocurre hoy, lo tienen los que se levantaron el 18 de julio de 1936 contra el régimen abyecto, descontrolado, criminal y vendido a las internacionales bolcheviques, que intentaban convertir a España en uno más de los satélites de la Unión Soviética. Dineros malversados, dineros públicos destinados a otros fines de aquellos para los que fueron presupuestados y que no han contribuido, en modo alguno, a mejorar las condiciones de vida de los trabajadores a quienes iban destinados.

Otro tema. El de los PER andaluces. Están justificados en determinadas situaciones en los casos en que, los labriegos, no pueden conseguir otros trabajos en el periodo en el que no tienen trabajo en el campo. No obstante, todos sabemos aquello de “hecha la ley hecha la trampa” y en esta picaresca parece que existe toda una mafia que se dedica a certificar peonadas a trabajadores que no han pegado golpe y que, bajo un precio determinado, son muchos, quizá miles los que en Andalucía cobran, sin tener derecho a ello, este subsidio del Estado. Ahora tenemos paro, un paro desbocado que se expande por toda la Península Ibérica; un paro que no hace distinciones entre agricultores u oficinistas o empleados públicos o pescadores o metalúrgicos; queremos decir que, hoy por hoy, afecta a todas las actividades tanto del sector primario como del secundario o el terciario. En esta tesitura el gobierno del señor ZP, consciente de que en Andalucía están pintado bastos para el PSOE, y que sus perspectivas electorales para las próximas municipales esconden grandes interrogantes; han encontrado el modo de reforzar su habitual propaganda de que “con el PP se acabó el PER” añadiéndoles una dosis adicional, por la que, con menos peonadas, se podrán conseguir los mismos resultados o sea, disfrutar del PER aunque no se haya trabajado los días requeridos para ello. ¿Con qué dinero? Con el mismo con el que deberían ayudar a los parados de otras regiones. ¡Y esto sólo es una pequeña parte del melón!

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