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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La hora de los humildes

Mario López
Mario López
martes, 25 de mayo de 2010, 07:37 h (CET)
Necesidad obliga a cometer actos deplorables incluso a las personas más honorables. De seguir por estos derroteros, no está lejano el día en el que veamos resucitar las páginas de sucesos, la proliferación de prensa al estilo del legendario diario El Caso, de Margarita Landi (la dama de la pipa), y el crimen celebrado en los titulares de los tabloides.

Porque, si bien es cierto que nunca ha habido tanto criminal suelto en las esferas del poder, no lo es menos que un chorizo de guante blanco no puede rivalizar en ingenio, talento, glamour y capacidad de seducción, con el hampón de barrio, que es el que está en ciernes. A la Humanidad le ha costado siglos aprender a separar el grano de la paja, a jubilar trastos y costumbres que encarecen injustificadamente la existencia de la mayoría. Desde la crisis del petroleo de 1973 se han sucedido los déficit públicos ininterrumpidamente hasta la crisis que vivimos en la actualidad. El petróleo nos ha traído déficit, especulación, desempleo, devastación ambiental, guerras. Parece que ya los gobiernos empiezan a comprender que es necesario buscar otras fuentes de energía. De la actual crisis, el tijeretazo de Zapatero tan sólo va a costear una mínima parte del déficit público. Con pasar la factura a jubilados y funcionarios no se arregla nada; lo único que se consigue es jorobar un poco más al que ya lo estaba. Pero los grandes trastos que encarecen nuestra existencia hasta el límite de lo insoportable, ahí siguen, tan panchos. Los ejecutivos de las grandes corporaciones, los crack del deporte, el cine y del ocio en general, necesitan grrandes sobredosis de dinero para funcionar; son unos auténticos yonquis de la pasta. Son como esos antiguos coches de lujo que pierden aceite por doquier y consumen más gasolina que toda la flota de la EMT junta. Pues, ya digo, ahí siguen impertérritos. No vamos a solucionar ninguno de nuestros actuales problemas mientras no nos quitemos de encima a esos estrambóticos, innecesarios, engorrosos y carísimos cachivaches. Como dice Leopoldo Abadía, esta es la hora de los sensatos; a lo que añado yo: y la de los humildes. Si los mercados nos han llevado a la ruina y si la Bolsa es la guarida de los mercados, yo no votaré a otro partido más que a aquel que en su programa electoral incorpore la nacionalización de todas las empresas cotizadas en Bolsa.

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