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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El mal hacer del PSOE

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 24 de mayo de 2010, 07:08 h (CET)
Los estudiantes de derecho conocen de carrerilla uno de los aforismos más conocidos, aquel que dice: “quien es causa de la causa es causa del mal causado”. No parece, sin embargo, que esta máxima jurídica forme parte de la idea que tienen el señor Rodriguez Zapatero y su equipo de gobierno, de lo que son las responsabilidades que tienen los gobernantes respecto a los resultados de su gestión a través de la legislatura. Resulta patético, irritante y vergonzoso que, a estas alturas del mandato de los socialistas, después de haber demostrado paladinamente su incapacidad para dirigir el país y de haber conseguido poner a España en una situación límite – a la cola de las naciones europeas – y humillada desde fuera, desde Bruselas y Washington, que se han visto en el deber leernos la cartilla, colocarnos orejas de burro y amenazarnos con expulsarnos de la clase, si no somos capaces de poner freno a nuestras insensateces, no aprendemos a ajustarnos el cinturón y no cambiamos, radicalmente, nuestra política económica. Ahora, in extremis, nuestro Gobierno, los economistas del PSOE y todos los voceros que, inconscientemente, los apoyan, se atreven y tienen la osadía de pretender atribuir nuestra delicada situación económica, no a nuestros errores de planteamiento, no al enfoque completamente erróneo de nuestra política económica, no al miedo a emprender las reformas estructurales que debimos haber realizado hace ya varios años, especialmente aquellas referidas al mercado de trabajo, sino a la crisis general que afecta a todo el mundo. Si así fuera, no tendríamos el doble de parados que el resto de naciones europeas, no estaríamos situados entre las PIIGS, no tendríamos un déficit público rayano en lo insostenible y nuestra Deuda pública no sería de las que necesitan de mayor sobreprima para poderla colocar en los mercados mundiales, cuando precisa de la ayuda y apoyo del BCE para poder colocarse y, aún así, tampoco resulta fácil el hacerlo; si el Banco de España hablara podría decirnos lo sucedido en la colocación de la última emisión de Deuda pública nacional cuando, ante la falta de demanda de los inversores extranjeros, la Dirección General del ministerio de Economía y Hacienda tuvo que acudir a los bancos nacionales para presionarlos a fin de que adquiriesen deuda para evitar que quedase sin vender. Pero, como siempre, fue la TV1 quien no dudó en mentir, una vez más, diciendo que la Deuda emitida por el Estado se había colocado son problema alguno.

La explicación que quisieron dar las dos vicepresidentas del Gobierno, desde la TV; la imagen desangelada que ofrecieron ante la audiencia; su evidente falta de sincronización en sus manifestaciones y la más que palmaria sensación de la animadversión existente entre ellas, no se puede decir que contribuyeran a tranquilizar a los ciudadanos. No se puede cambiar de opinión de un día para otro, no se puede ser partidario del intervencionismo estatal, del control de la economía del país, de las grandes obras sociales y de las subvenciones para aquellos que los hayan apoyado; despilfarrando, sin medida, el dinero de los contribuyentes en donaciones, préstamos, entregas a fondo perdido, gastos sociales inasumibles y ayudas millonarias a unos Sindicatos inoperantes o a regímenes seudo comunistas del otro lado del Atlántico, para, de golpe y porrazo, dar un giro de 180 grados y pretender explicar, a los atónitos ciudadanos, que de pronto, es preciso olvidarse de todo lo que se ha estado predicando durante años, para aceptar que, ahora, se debe hacer lo diametralmente opuesto.

Lo verdaderamente odioso de esta situación, lo que enciende la sangre de los españoles y eleva el grado de desconfianza, rechazo y exigencia por la mala gestión del Gobierno, ésta que nos ha llevado a que tengamos a más de 4.600.000 parados y que nuestras empresas sufran los embates más duros de la recesión; ha sido, sin duda alguna, el hecho de que, cuando ZP y su camarilla se han visto obligados a tascar el hierro de la humillación, han tenido que rectificar de política y se han visto forzados a poner freno al despilfarro público, a causa de la enérgica reacción de la CE y de los EE.UU. de América, ante la posibilidad de que entráramos en quiebra; ahora, cuando tenemos que padecer en nuestros bolsillos los recortes que, por su mala gestión, nos vemos apremiados a imponernos; ZP y sus adláteres, para intentar camuflar sus errores pasados, para seguir en su política de engaño y mentira a los españoles y para intentar vendernos aquello de que, a pesar de todo, ellos siguen preocupándose de hacer pagar más a los ricos a favor de los pobres; en su sempiterna campaña de satanizar a las derechas y mostrarse como los Robin Hoot de la política social; nos salen con lo de la estratificación de los recortes y con el placebo ad hoc, insinuando sin concretar, pero ofreciéndolo como sacrificio ritual para calmar el clamor de la izquierda más retrógrada, un supuesto “impuestazo” para que “los ricos paguen más” con el fin de encontrar el apoyo de aquellos sectores, minoritarios afortunadamente, que anteponen a cualquier otra cosa, incluso a la miseria y a las penurias económicas, el tradicional odio y rencor para las clase pudientes.

Lo que puede que no hayan tenido en cuenta es el hecho de que, a pesar que todos ya saben la manera de pensar de ZP; que nadie se fíe de él; que, en Europa, no ven con buenos ojos sus aventuras con los Castro y su ambigua posición con las repúblicas leninistas de América; que su prestigio en todas las naciones de nuestro entorno está por los suelos ( la muestra más evidente, la que culmina la catastrófica presidencia española de la UE, ha sido la anulación de la cumbre euro mediterránea que se debía celebrar, en unos días, en Barcelona), todavía puede haber inversores que piensen que se puede especular con un resurgimiento de España; es posible que haya empresas o industriales que no se hubieran planteado abandonar nuestro país, confiando en poder recuperarse; y, hasta pudiera ser que lo que, para ZP, sean personas ricas (falta saber el concepto que este personaje tiene de lo que es un potentado) pensaran en permanecer en España para seguir haciendo sus negocios a pesar de las malas condiciones de nuestra economía, la baja demanda y las pobres expectativas de una rápida recuperación. Si a estas personas o sociedades, a los que todavía mantienen sus cuentas en España, se les quiere apretar para que paguen las cuentas de la desastrosa gestión gubernamental; es muy probable que decidan cortar por lo sano y trasladar su centro de operaciones a cualquier otro país, donde no se los considere como los paganos; en el que se los acoja como nuevos inversores o portadores de riqueza, en lugar de ser anatemizados para que el pueblo se olvide de sus preocupaciones y se refocile viendo como, la nueva Inquisición gubernamental, se ceba en ellos.

Salvas de pólvora, concesiones a la galería, intentos baldíos de querer hacer olvidar lo que, desgraciadamente para España y sus pobladores, ya no tiene remedio. El gobierno socialista del señor Zapatero, como nos atrevíamos a pronosticar hace más de un año, va a encontrar la horma de su zapato, no en la actividad de oposición del PP, no en sus ataques en contra de la Iglesia católica o en sus desmanes como la ley del aborto o los matrimonios de homosexuales; no, señores, el talón de Aquiles de los socialistas, allí donde le duele el zapato, sin duda alguna, serán los 4.600.000 parados y los recortes que todos vamos a tener que asumir para que, no en el 2011 ni en el 2013, sino más lejos, quizá en el 2016, España pueda resurgir de sus cenizas. ¡Esto no se les perdonará!

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