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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Los compañeros del alma Bork y Paul

Ruth Marcus
Ruth Marcus
lunes, 24 de mayo de 2010, 07:07 h (CET)
WASHINGTON -- Estoy sufriendo una alucinación que me traslada a la batalla por la confirmación de Robert H. Bork en 1987. Era de esperar con una confirmación pendiente para ocupar una vacante en el Supremo, solo que mi alucinación no tiene nada que ver con Elena Kagan. Trata de Rand Paul, el candidato Republicano de Kentucky al Senado, y la Ley de Derechos Civiles de 1964. Bork y Paul son compañeros ideológicos.

Para aquellos que consideren las vistas de Bork como pullas tan injustas que dieron lugar a su propia acepción verbal - borkear - he aquí un recordatorio. Escribiendo en The New Republic en 1963 acerca de la ley de derechos civiles propuesta, Bork arremetía contra el principio de "repulsión insuperable" - no el racismo, fíjese, sino la noción de obligar a los empresarios a dejar de discriminar. ¿Le suena familiar? Al año siguiente, Bork iluminó las prohibiciones de la discriminación propuestas tanto en el empleo como en los lugares públicos diciendo que "fuerza la asociación, hasta cuando no se desea", y citando "serios problemas constitucionales" planteados por la medida.

Bork renunció públicamente a esas opiniones en 1973, durante su elevación a fiscal general. El cambio de opinión de Paul llevó menos de 24 horas. Existe una filosofía libertaria coherente que sustenta las opiniones originales tanto del candidato al Tribunal Supremo como del candidato al Senado de Kentucky: el gobierno debe mantenerse al margen de las cuestiones privadas, el gobierno federal debe tener competencias extraordinariamente limitadas, maximizar las libertades individuales es el mayor bien. Que Bork llevara este principio al extremo que lo llevó en 1963 ya es malo; allá por entonces, Bork no era el único que pensaba así. Que Paul parezca ceñirse a estas opiniones en el año 2010 es tan inquietante como sorprendente.

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