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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

No desamparemos a Europa

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
sábado, 22 de mayo de 2010, 08:46 h (CET)
WASHINGTON - La decisión de la Unión Europea de rescatar a Grecia y crear una enorme red de seguridad financiera para el resto de sus miembros endeudados expuestos es un acontecimiento trascendental - aunque el éxito diste de estar garantizado. En contra de la opinión popular, la principal finalidad no era salvar a Grecia sino evitar que otro episodio de pánico financiero, a la Lehman Brothers de finales de 2008, pudiera hundir en la recesión otra vez a la economía mundial. Los flojos avances en las bolsas y un euro de capa caída son las señales de advertencia.

¿Cómo podría provocar tan terrible reacción en cadena la minúscula Grecia (11 millones de habitantes con una economía que es la cuadragésima parte de la de Estados Unidos)? Simple.

Supongamos que Grecia no hubiera podido financiar su deuda pública. Eso habría provocado una huida masiva de los títulos de deuda pública de España, Portugal y los demás países europeos de elevados déficits presupuestarios o deuda. Las inversiones de los bancos europeos de otros miembros en los títulos de deuda helena, portuguesa, irlandesa y española se sitúan en total alrededor de los 250.000 millones de dólares, según estima el Instituto de Economía Internacional, un grupo de investigación del sector. Con pérdidas crecientes, los bancos tendrían problemas para reunir el líquido necesario para financiar sus operaciones rutinarias Sus cotizaciones caerían.

Una vez que los mercados de deuda pública y las bolsas empezaran a inundarse de órdenes de venta, ¿quién sabe lo que sucedería? El pánico prospera a costa del miedo y la ignorancia. Tras la quiebra de Lehman's, los inversores se lanzaron a la seguridad del líquido y los títulos de la deuda pública estadounidense. Los mercados se derrumbaron; el préstamo cayó; el optimismo colapsó y la economía se hundió.

El interés de América se encuentra en evitar una repetición de los acontecimientos. Nosotros tendríamos que apoyar el paquete de rescate de Europa. Los problemas de Europa no son aislados; los mercados son globales. En el año 2009, el préstamo bancario estadounidense a Europa era de 1,5 billones de dólares. La moraleja parece habérsele pasado por alto al Senado estadounidense. Justamente el otro día votaba 94 a 0, en un gesto mayoritariamente simbólico, a favor de limitar la participación estadounidense en el rescate europeo, a través del Fondo Monetario Internacional (IMF). Puede ser buena política, cortejar la hostilidad populista a "los rescates". Pero el nacionalismo flagrante podría sacudir la confianza y volverse contra todos.

El plan de rescate europeo consta de tres partes.

En primer lugar, extiende un préstamo a Grecia de 110.000 millones de euros -- 80.000 millones de euros de otros socios europeos y 30.000 millones de euros del Fondo Monetario. En dólares, eso son alrededor de 135.000 millones al cambio actual. Con estos fondos, Grecia puede reestructurar la deuda más antigua y temporalmente no tendría que pedir dinero a los mercados privados. Con este margen, se supone que reducirá acusadamente su déficit presupuestario.

En segundo lugar, los gobiernos europeos y el Fondo Monetario han creado una red de seguridad de 750.000 millones de euros -- 500.000 millones de los socios y 250.000 millones de euros del Fondo Monetario -- para los demás miembros endeudados. (Importe en dólares: alrededor de 925.000 millones). Estos préstamos ofrecerán una garantía a Portugal, España e Irlanda si los inversores privados liquidan sus inversiones en su deuda pública.

En tercero, el Banco Central Europeo -- ECB, el equivalente de Europa a la Reserva Federal -- se compromete a comprar volúmenes sin concretar de deuda pública de los miembros endeudados en posición más débil. En contra de la anterior política, el Banco Central Europeo crea una red de seguridad adicional y buscará mantener bajos los tipos de interés.

Todo esto equivale a un "chollazo", según el economista del Instituto Peterson Jacob Kirkegaard. Los países endeudados reciben préstamos temporales y el apoyo del Banco Central Europeo. A cambio, recortan sus déficits lo bastante para restaurar la confianza de los agentes privados de crédito. Para acceder a los préstamos, Grecia se compromete a acometer recortes del gasto y subidas tributarias equivalentes al 15% de su economía durante los cuatro próximos años. España ha anunciado recortes del 5% en el salario de los funcionarios, el aplazamiento de una subida de las pensiones y la desaparición de un subsidio propuesto de 2.500 euros a los padres que se estrenan. Portugal también ha anunciado recortes del déficit.

Multitud de cosas podrían salir mal. Kirkegaard y muchos expertos presupuestarios más están seguros de que Grecia terminará declarándose insolvente. Sus deudas son demasiado importantes en relación a su economía; tendrán que ser amortizadas. En el mejor de los casos, los rescates van a ganar tiempo. Permiten que sea desactivada una crisis más extendida. Pero hasta esto exige que España, Portugal, Irlanda y los demás actúen con decisión. Los rescates "son medidas temporales", afirma el economista Hung Tran, del Instituto de Economía Internacional. "No se pueden elevar los márgenes de deuda de los países saneados del euro para adquirir la deuda de los países débiles durante mucho tiempo".

Los disturbios callejeros de Grecia vaticinan agitación social. La austeridad podría demostrar ser desestabilizadora si los gobiernos débiles no saben satisfacer ni a sus propios electores (que quieren menos austeridad) ni a los mercados financieros (que quieren más). Las protecciones sociales se debilitan. Los conflictos dentro y entre las naciones crecen. "Hay una amenaza al modelo europeo (político y económico) que incluye la solidaridad entre los países del Norte y el Sur" de Europa, afirma Ian Lesser, del Fondo Marshall germano.

El constante declive del euro en los mercados de divisas extranjeros durante las últimas semanas sugiere que hay mucho escepticismo en torno a que Europa pueda ganar su partida. Incluso si triunfa, las subidas tributarias y los recortes del gasto deprimirán el ya escaso crecimiento económico. La contribución de Europa a la recuperación global será paupérrima. Pero si la jugada fracasara, pueden llegar cosas mucho peores. Europa está tratando de salir del bache. No deberíamos hacer más difícil la labor.

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