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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Variaciones de lo mismo

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 22 de mayo de 2010, 08:27 h (CET)
A mayor presunción de progreso, cuando obsesivos sólo presenciamos avances; viene la desconsiderada y tozuda realidad a desbaratarnos los calentamientos mentales que nos enorgullecían. Aterrizajes forzosos de EMERGENCIA. Recuerden aquella anécdota del profesor Einstein. Un alumno sorprendido le espetó, las preguntas del exámen son las mismas que nos puso el año pasado. Sí, le respondió Einstein, pero este año las respuestas son totalmente diferentes. El estudiante había seguido la corriente de las contestaciones establecidas, qué poca evolución docente al no molestarse en cambiar las preguntas; ni tan siquiera se plantea si con las mismas preguntas hubiera mejorado los resultados de años anteriores. Anclado en un costumbrismo de la enseñanza, sin otra preocupación, tuvo la suerte de chocar con un maestro genial.

Desde que los humanos deambulamos con estas pintas, nos han inquietado problemas de fondo muy similares. Los CAMBIOS se centran en sus formas de presentación. Ahora bien, la mayoría, muy limitados, no alcanzamos a la respuesta acertada para el momento oportuno. Las diferentes áreas del conocimiento se ocupan en la profundización sobre las características determinantes, en su adaptación para las agrupaciones sociales y las evoluciones en el devenir de la historia. Con una suerte cambiante, disfrutamos de los avezados orientadores o descubrimos los contradictorios energúmenos malversadores de los conocimientos. Por lo general, sencillos, claros y centrados en sus saberes, los verdaderos sabios trajinan; mientras los turbios manipuladores, abundan y se disfrazan, son prolíficos e insensatos en sus manifestaciones facilonas y dicharacheras.

¿Creencias? ¿Obligaciones? ¿Libres? Se trata de una controversia enraizada en las decisiones de cualquier época y condición. Algo muy propio cuando hurgamos en el interior de la personalidad; cada uno la tiene con sus peculiaridades, no lo remediamos con encuestas. Un juez británico dictaminó hace poco, que la religión es algo subjetivo e irracional y no merece especial protección legal. Habían despedido a un asesor matrimonial cristiano por denegar sesiones terapéuticas a parejas de homosexuales; su apelación ante su despido fue rechazada por el juez. El veredicto no se detiene en los argumentos religiosos, los considera propios de un régimen teocrático. FE y JUSTICIA se cruzan de nuevo, impulsando la separación total entre ambas a la hora de emitir un fallo jurídico. ¿Tarea sencilla? ¿Un imposible?

No conviene una simplificación burda y quedarse en los extremos, los caminos históricos han sido testigos de las más encarnizados CHOQUES entre las creencias y la justicia impartida. Guerras santificadas, delaciones perversas con mezcla de intereses, dominios caciquiles bajo la excusa de la religión, abusos crueles; como también, a la inversa, la pretensión de convertir el espacio social en una planicie libre de creencias, aunque no por eso liberados de múltiples opresiones. DOMINACIONES y ABUSOS ejercitados en ambientes de cada continente. Quizá esos comportamientos extralimitados obligan a los intentos de separación, creencias íntimas y por fuera leyes. Sin embargo, la conformación de las mentalidades no facilita dicha separación. ¿Utópica?

El buen discurso de la convivencia no consiste en la eliminación de uno u otro de los contrarios. La dificultad estriba en el logro práctico de una COHERENCIA con la naturaleza de los humanos. Las diferencias no desaparecerán; por lo tanto, quizá convenga la aceptación de diferentes formas de pensar o actuar. La solución no será tal con el despido del trabajador ni en la desatención de los homosexuales. Se requerirán fórmulas adaptadas a las costumbres actuales y a los cambios en ese sentido. Una posibilidad pudiera establecerse facilitando la asistencia por otros profesionales dispuestos y entrenados de cara a las características demandadas, aunque estuvieran en otros centros. Los criterios de adjudicación de plazas asistenciales se deben ajustar progresivamente. En todo caso, una labor de ensamblaje y no de desconsideración hacia una de las partes.

Los malos augurios dirigidos hacia los que vienen de fuera, constituyen también uno de los enfoques habituales. ¿Miedo a los cambios? ¿Malas experiencias previas? ¿Premoniciones sin ningún fundamento? ¿Chascarrillos humorísticos? Se ven actitudes dispares. Una de las recientes expresiones en este sentido, habla de posibles EXTRATERRESTRES. El famoso científico Stephen Hawking afirma que es perfectamente racional pensar en su existencia, añadiendo el riesgo derivado de un posible contacto con estos seres, nada sabemos de su poderío ni de su formación intelectual. Le otorgamos crédito a dicho personaje en estas primeras aseveraciones, si bien, las escasas pruebas y con ello la lejanía de dicho avistamiento, no pasa de ser una anécdota simpática. Atentos a su discurso sí estamos, pero permanecen en el aire otras de sus consideraciones.

Hawking comenta también que vistos los despropósitos ocasionados por la vida inteligente, sería peligrosa una colonización al estilo de Colón para América y sus posibles afanes de conquista. Observamos el deslizamiento de sus comentarios en esta segunda parte, como EXTRALIMITACIONES con poco sentido firme, pero realizadas con la misma contundencia que las propias de sus saberes científicos. Se aprecian a diario esas desviaciones, se le da el mismo valor a lo ratificado por la ciencia y a las meras ideas opinables pronunciadas por cualquier famoso por otros menesteres. Porque no todos los humanos que han sido y son, participan por igual de las malas andanzas, a veces unos pocos generan el desaguisado. También es mucha afirmación atribuirles un afán desmedido de conquista. ¿Qué sabemos? Y, qué sabemos de lo que puede haber detrás de lo conocido. Una afirmación seria y contrastada, no justifica de por sí otras afirmaciones ligeras.

Tampoco es necesario ni conveniente que compliquemos demasiado los razonamientos. La INDECENCIA es fácil de entender cuando nos referimos a las relaciones humanas; aunque esa comprensión no impida su práctica habitual. Los comportamientos indecentes constituyen una pléyade, con un denominador común, la desconsideración, desprecio y agresiones, dirigidas contra los demás. Es evidente que no se trata de un problema nuevo, no parece servirnos para nada la memoria histórica. Cabe preguntarnos si progresamos en busca de una mayor decencia en las conductas. ¿Anhelamos realmente esa consideración mutua? La respuesta es decepcionante si observamos el entorno, con enormes crisis y patrimonios acrecentados al calor del poder, subvenciones caprichosas y millonarias con la lacra del paro creciendo, la ética en los archivos, y la pasividad general dominando los ambientes. Pese a todo, cada sector social defiende a sus indecentes, quedando hecho trizas el mismo concepto de DECENCIA.

Navegamos entre estropicios, indecencias, dominaciones y exclusiones; en tiempos de una supuesta autonomía personal, a la que renunciamos de manera asombrosa. ¿De qué nos sirve? Quizá sea esta una de las variaciones notables a la hora de enfrentarnos a los mismos monstruos de los laberintos.

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