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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

El fenómeno Mockus

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 22 de mayo de 2010, 08:26 h (CET)
Este es un resultado de varios hechos. Primero, a Uribe no se le permite postular con lo que, paradójicamente, él evita poder acabar como Fujimori provocando una rebelión popular al haber forzado un tercer mandato.

Segundo, se aborta la posibilidad de que se diese un balotaje entre dos alas del uribismo: una la oficial (Santos) y otra la de sus semi-aliados conservadores (Sanín). Esto que parecía que podía pasar inmediatamente después de las elecciones legislativas del 14 de marzo no se materializa por que el conservadurismo pierde peso con su división interna y por qué no aparece como una alternativa renovadora al continuismo.

Tercero, porque la centroizquierda no logra repetir la polarización que se dio en las presidenciales pasadas (2006) entre ésta y el uribismo. En parte ello se debe a la confusión y fractura interna del Polo Democrático. En los comicios del 2006 Gaviria le quiso dar al Polo la imagen de ser la ‘tercera fuerza’ que sacaría fuerza del choque entre Uribe y la guerrilla, pero tras que los ‘moderados’ de Petro asumen el liderazgo de este partido buscan darle al Polo un giro más a la derecha que acabó quitándole filo. Al condenar a los narcos y a las FARC como iguales, al pedir fortalecer contra ellos al Estado y a las FFAA y al cuestionar a Chávez, Petro fue enajenando a una parte de su base social mientras que se pegaba tanto al centro que perdía identidad.

En medio de una situación en la que la polarización no se daba entre dos versiones del uribismo o entre el uribismo ‘duro’ y una desafilada centroizquierda ‘blanda’ aparece un vacío que ha llenado Mockus al haber, además, tenido la claridad de poder aliarse con los otros dos ex alcaldes bogotanos (Luis Eduardo Garzón y Enrique Peñalosa).

El triunfo de Mockus no es seguro, pero su avance expresa a un amplio sector de la población colombiana (especialmente en las urbes) que quiere una forma de cambio, aunque no muy radical del actual curso.

Mockus mantendría varios pilares del uribismo (TLC con EEUU, tropas norteamericanas en los cuarteles colombianos, continuidad de la ‘seguridad democrática’ anti-Farc y privatizaciones) pero buscaría renovar a un sistema acusado de estar plagado de tanto fraude, corrupción y para-narcos.

Chávez ha advertido que un eventual gobierno de Santos podría traer una guerra con Venezuela. Una posible administración de Mockus, más bien, podría ayudar a que crezca una nueva oposición de centro derecha menos dura pero más astuta y quizás más efectiva dentro de los países del ALBA.

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