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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Cuando Chávez vacile, que vacile

Edward Schumacher-Matos
Edward Schumacher-Matos
viernes, 21 de mayo de 2010, 07:29 h (CET)
BOSTON-- Ahora llega la etapa peligrosa en Venezuela.

En una crónica de un colapso anunciado, la economía tiembla; la corrupción y la delincuencia proliferan a marchas forzadas. A medida que las formas inteligentes de manipular a su población se le agotan, Hugo Chávez se vuelve más represor -- encarcelando al menos a 40 rivales políticos. Varios cientos de líderes sindicales, periodistas y críticos han desaparecido o han sido asesinados, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El ejército está dividido y agitado. El final podría ser caótico.

La pregunta cada vez más presente es: ¿qué debería hacer Estados Unidos? La administración Obama ha venido celebrando sesiones de seguimiento de las políticas. Algunos en el Congreso y los medios instan a tomar medidas -- si no en defensa de la democracia, entonces como medio de castigar a Chávez por su apoyo a los terroristas colombianos, su indiferencia al tráfico de estupefacientes o simplemente para cerrar su incansable boca.

La respuesta es que no deberíamos hacer nada o, mejor dicho, nada importante por ahora. No debemos proporcionar a Chávez la excusa para envolverse más en el nacionalismo anti-estadounidense y escapar a una implosión de su propia forja.

Hay mucho en juego. Venezuela es un importante productor de petróleo, al que estamos muy unidos: una interrupción súbita del abastecimiento dispararía los precios del crudo. La mayoría de las grandes empresas estadounidenses han abandonado Venezuela. Pero unas cuantas, incluyendo Chevron y Halliburton, siguen expuestas. Chávez, en tanto, despierta la suficiente simpatía en el hemisferio como para que cualquier acción torpe corra el riesgo de convertirle en un mártir dentro y fuera del país.

Actuar por la vía rápida en nombre de los principios puede hacer sentir bien, pero el principio que tiene prioridad es el de alcanzar el resultado esperado. Paciencia e inteligencia son imprescindibles, junto con algún empujón amable por aquí y por allí.

En el ejemplo más reciente de las fracasadas políticas económicas de Chávez, el gobierno instituía la pasada semana nuevos tipos de cambio. Pero sus múltiples tipos de cambio ya son desastrosos para las empresas y están agotando los recursos del estado. El tipo de cambio paralelo del dólar es ya del orden de cuatro veces el tipo de cambio oficial más bajo. Los nuevos controles están diseñados para cerrar la diferencia pero probablemente sólo vayan a alimentar el mercado negro del dólar y una inflación que se sitúa por encima del 30%.

Chávez ha logrado permanecer en el puesto durante 11 años valiéndose de la generosidad del estado, las expropiaciones nacionalistas y de su considerable carisma para ganar elecciones y referendos de cambios constitucionales que consolidan su poder.

La expropiación por parte de su gobierno este mes del rancho de Diego Arria, un antiguo diplomático popular en Washington, fue presentada como otro golpe a "la oligarquía", como su presión más reciente sobre Polar, un enorme fabricante de cerveza y alimentos. Pero las muchas empresas de telecomunicaciones, aceros, cementos, grandes superficies y energías entre otras áreas que han sido nacionalizadas sufren mala gestión y pérdidas, y las expropiaciones están perdiendo su popularidad.

La popularidad de Chávez se sitúa muy por debajo del 50% en las encuestas. Se enfrenta a la posibilidad muy real de perder las elecciones legislativas de septiembre y los comicios presidenciales de 2012. Un motivo de inquietud es que se deshaga de toda apariencia democrática y anule las elecciones, especialmente si tiene la excusa de las amenazas estadounidenses.

Su motivo de preocupación más inmediata, sin embargo, es evitar una insurrección popular o militar. Meses de apagones diarios -- en un país de abundantes recursos energéticos -- se han restringido al interior, claramente por temor a la indignación que pudieran despertar en Caracas.

Se rumorea según fuentes venezolanas solventes y funcionarios estadounidenses que la cúpula militar está recelosa por los asesores cubanos situados en su entorno, por una milicia paralela creada por los cubanos, y por la posibilidad de que se pueda movilizar a los soldados para abatir a sus paisanos durante un levantamiento .

Para mantener el orden, los efectivos de Inteligencia han encarcelado con cada vez mayor frecuencia durante el último año a los líderes de la oposición y los críticos bajo cargos de "insultar" al presidente, o en el caso de un magistrado, por emitir un laudo que implica a un empresario que Chávez dijo que no le gusta. Obviamente los cargos se presentan de manera fraudulenta y meses más tarde se desestiman. Muchos críticos han huido.

Las libertades políticas y la libertad de prensa limitadas perduran, pero la autocensura es la norma.

Chávez aparece ya en las clasificaciones del hemisferio como el presidente menos admirado de la región. Hasta la oposición venezolana conviene en que el objetivo de la administración Obama debería ser aislarle aún más de forma que si Chávez hace algo aventurado, Estados Unidos no sea el único en imponer sanciones.

La administración Obama viene haciendo exactamente eso de manera discreta. En países relevantes como México, Chile, Perú, Colombia y hasta Argentina, no falta cierto aprecio a Chávez. Las elecciones a finales de este año en Brasil podrían determinar si se mantiene al margen en lo referente al líder venezolano.

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