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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Poto con moco

Isaac Bigio
Isaac Bigio
viernes, 21 de mayo de 2010, 07:14 h (CET)
En los noventas cuando solía ir a visitar a mi amplia familia en Bogotá mucho se comentaba de como Antanas Mockus, quien fuese rector de la Universidad nacional y luego alcalde de Bogotá llegó a mostrar sus nalgas ante un público hostil. Muchos niños a quienes les gusta reírse hablando de ‘cochinadas’ solían hablar del ‘poto’ de aquella autoridad con un apellido que sonaba a ‘moco’.

Las anécdotas de Mockus se vigorizaban con cada nueva excentricidad: aparecer disfrazado de superhéroe, casarse en un circo, usar mimos en las calles, etc.

Sin embargo, hoy este personaje tan singular aparece, según las encuestas, como el favorito para ganar la segunda vuelta en Colombia.

El carece de una verdadera bancada parlamentaria y hasta de un partido (el partido verde que le postula es tan solo un pequeño aparato marginal que se ha inflado con su descomunal avance).

En cierta manera él recuerda a Fujimori. Ambos son hijos de dos padres inmigrantes que han llegado a ser rectores. Mientras Fujimori fue el primer presidente de origen japonés en todo el mundo, Mockus es el primer hijo de lituanos y lituano-hablante que podría gobernar una nación muy lejos de la tierra de sus ancestros.

Ambos aparecen como ‘outsiders’ que se cuelan en medio de un gran entrampe histórico. En 1990 la alianza de la derecha tradicional no convencía mientras que la socialdemocracia y la izquierda peruanas estaban desacreditadas por la hiperinflación y la vioencia. En ese vacío Fujimori es el tecnócrata que se logra colar entre el miedo popular al ‘shock’ conservador y el desprestigio de todo lo que olía a izquierdas.

Veinte años más tarde Mockus aparece en la vecina Colombia como otro académico simpaticón con imagen de laborioso y anti-sistema. El trata de colarse entre el desgaste de 8 años de uribismo y el de una izquierda auto-paralizada.

En el Perú de Fujimori de hace 2 décadas y en la Colombia actual de Mockus se repite la cuestión de que la izquierda está dividida entre un ala que promueva una ‘lucha armada’ que no puede tomar el poder (la misma que, si bien tiene cierto apoyo social, también genera muchos rechazos en la población) y otra que hace todo lo posible por diferenciarse de la guerrilla al punto de identificarse con el Estado y las FFAA (con lo cual se diluye en el centro y pierde bases).

Fujimori se potenció como el hombre que logró desarticular a Sendero y al MRTA, en cambio Mockus hereda una situación en las cuales las FARC y el ELN están en franco retroceso y él aparece como una carta para desbaratarles con un mejor mecanismo: el de actuar ‘con más legalidad’.

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