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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

España, del 3 al 7 de mayo, al borde de la quiebra

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 21 de mayo de 2010, 07:10 h (CET)
En ocasiones, los ciudadanos de a pie, circulamos sobre la quebradiza capa de la vida sin saber que bajo nuestros pies sólo tenemos una superficie inestable que nos sostiene en un equilibrio milagroso, capaz de dejarnos hundir ante el más mínimo traspié que podamos dar. Esta es la sensación que me ha quedado después de leer el ilustrativo y deprimente artículo de un periodista, el señor Manuel Llamas, que hace referencia a la delicada situación, por la que estuvo pasando España, entre los días 3 y 7del corriente mes de mayo. Nos comenta, el periodista, el Vía Crucis por el que pasó la Bolsa española, cuando en una semana descendió un 14%. Pero lo que la mayoría de españoles ignorábamos es que, entre las fechas anteriormente mencionadas, España había estado virtualmente en situación de ¡quiebra! Cayeron a plomo las bolsas europeas y se dispararon, a los más altos niveles, las primas de riesgo de la deuda de España y Portugal. Para dejarlo claro: los inversores llegaron a rechazar tipos de interés próximos al 18%. Y puede que ahora nos podamos explicar como, en los EE.UU., en el Wall Street, se produjo un fenómeno que no se había dado desde los años 80: ¡la Bolsa perdió casi un 10% en sólo cinco minutos! Se habló de un error informático, de un desliz de uno de los funcionarios, pero lo que ocurrió es que, por unos momentos, la economía española amenazó de quiebra y ello fue lo que motivó el que, toda Europa, se movilizara para parar el golpe que, para la estabilidad monetaria y el futuro de la UE, hubiera significado que España, una de las economías aparentemente más sólida de la CE, estuviera meditando la posibilidad de solicitar un rescate a Bruselas de 280.000 millones de euros.

De ahí que, inopinadamente, se produjo la reacción europea en una reunión urgente de los líderes de la zona euro, en la que se tomaba la decisión, juntamente con el FMI, de crear un Fondo, dotado con 750.000 millones de euros para garantizar la estabilidad de la moneda comunitaria y evitar las quiebras de las naciones pertenecientes a la CE. Esto fue lo que, en defintiva, salvo a España del inminente desastre, ante la tenebrosa perspectiva de no poder atender los vencimientos de la deuda que tenía emitida. En realidad, nadie estaba dispuesto a comprar deuda española ( bonos o letras) ni públicos ni privados – porque nuestra deuda no sólo corresponde al sector público, sino también al privado, puesto que los bancos y cajas tienen que hacer frente, durante el corriente año, a una refinanciación de más de 85.000 millones de euros; otros 85.000 millones en el 2011 y cerca de 100.000 en el 2012– Pero, quizá, una de las noticias que más nos han llamado la atención, cuando nuestro Ejecutivo, en voz de la vicepresidenta, señora De la Vega y de la otra vicepresidenta, señora Salgado, se acusaba a “malvados” especuladores de “ataques especulativos” contra la bolsa española; haya sido, el comprobar que, España, venía formando parte, mejor dicho se beneficiaba, de una componenda –por lo visto con la complacencia del propio BCE – por la que, durante varios de los meses anteriores a los recientes acontecimientos (desde poco después de la quiebra de Lehman Brothers), varias entidades nacionales aprovecharon para adquirir deuda pública, utilizando el procedimiento de pedir créditos al BCE al 1% o, incluso, a intereses inferiores, para comprar deuda española a interés muy superior, con lo que, si efectivamente se beneficiaban de la diferencia de intereses, por otra parte, constituían un salvavidas para el Gobierno español que, así, conseguía colocar sus emisiones de bonos y letras a interés más razonable.

Pero el BCE cerró la espita. Se produjo el percance de los griegos y se desató la tormenta, al coincidir con el abultado déficit español (más de 100.000 millones de euros) con el record de emisiones de deuda por parte del Tesoro, para refinanciar una parte de la deuda (cerca de 225.000 millones de euros, sólo en el 2010) que tiene su vencimiento en un plazo cercano, el próximo mes de julio.

Ahora podemos ver las consecuencias de la política del gobierno del señor Zapatero, de su empecinamiento en ignorar la crisis y de su pretensión de ir manteniendo a sus votantes satisfechos prometiendo un sinfín de medidas, evidentemente muy golosas para las clases menos favorecidas (Ley de Dependencia, 2.500 euros por cada nuevo bebé, ayudas para alquileres a personas jóvenes, etc.); la mayoría de las cuales desarrolladas a medias otras que duermen el sueño de los justos y otras de las que nunca más se supo (ordenadores para todos los escolares).

Ocurrió que el señor ZP, desoyendo lo que, por los bajines, le decía su ministro, señor Solbes, pretendió mantener adormecida a la población a base de promesas y subvenciones, especialmente destinadas a aquellos colectivos que sabía que le eran imprescindibles para mantener quietas a las masas trabajadoras, como es el caso de los sindicatos CC.OO y UGT, o a los “fieles” miembros de la farándula que, por cierto, parece que han enmudecido, no sabemos si de pasmo o de vergüenza, por haber sacado la cara por semejante nulidad. Y así comenzó esta carrera a ninguna parte, en la que se han ido despilfarrando, a miles de millones, todos los euros procedentes de los impuestos de los ciudadanos, se ha embutido a todos los bancos españoles de Deuda pública; lo que les ha impedido dar más créditos a las empresas necesitadas de ellos; se han dado fuertes cantidades para subvencionar a determinadas autonomías para conseguir el apoyo de sus representantes en el Parlamento; se han malversado cifras importantes en emplear a paniaguados, compensar a amiguetes y favorecer a todos aquellos que les están ayudando en mantenerse en el poder.

Pero todo tiene su límite y cuando algo no se hace con el cerebro, sino que se improvisa; se desoye a quienes aconsejan; se actúa guiado por ideologías extremas: se antepone el sectarismo partidista a la razón y se desprecia a la oposición, cuando no se intenta hacerla desaparecer de la escena política para asegurarse el poder omnímodo y totalitario; no hay duda de que, el tiempo y la realidad de los mercados, acaban por imponerse a la simple demagogia y entonces es cuando, según dice la Biblia, llega el llanto y el crujir de dientes; el momento en que, aquellos que se manifestaban como colaboradores o amigos, empiezan a buscar refugio en el alejamiento; el tiempo de aquellos que lo aclamaban por las calles y bebían de sus palabras y ahora se dan cuenta de que han estado engañados y de que, los dos millones de nuevos empleos prometidos por este visionario que es ZP, se han convertido, por mor, de su mal hacer, su pésima gestión y su incapacidad para gobernar, en cinco millones de personas que buscan empleo sin encontrarlo y se desesperan, viendo que no pueden atender sus necesidades familiares.

Y ahora tienen la cara dura de pedir que nos apretemos el cinturón; decirnos que van a aumentar los impuestos; ofender, como ha hecho esta señora, A.Quesada, parlamentaria socialista de Jaén, que ha osado dudar del número de parados en España (contradiciendo los datos del Gobierno), ensañándose con los parados y hablando de si van en coches caros o tienen casa propia; cuando ellos tienen la desvergüenza de hacer ostentación de sueldos millonarios y viajan en coches oficiales, pagados por nuestros impuestos.¿Por qué no dan ejemplo de contención del gasto, en lugar de atacar a los parados? ¡Claro, ahora empezarán a meterse con la Iglesia!, porque es algo que les gusta a los más extremistas. Lo que sucede es que, esta Iglesia a la que tanto odian, es la única que financia comedores para los necesitados, es la que aloja en albergues a mendigos; es la que cuida de los niños huérfanos y se ocupa de los enfermos; es quien enseña a los niños en las misiones. ¿Qué ofrecen ustedes a cambio? ¡Miseria y vicio!

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