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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El contubernio Gobierno, Sindicatos y grandes capitales

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 20 de mayo de 2010, 07:03 h (CET)
Como decía el famoso taumaturgo W. Shakespeare, en su obra Hamlet: “Algo huele a podrido en Dinamarca”. Cuando el sindicato de los funcionarios CSI-F, airado por los recortes anunciados por el señor Rodríguez Zapatero a los funcionarios, a quienes se les informaba de una reducción salarial de un 5%, amenazó con protestas en las calles y con una huelga general de funcionarios; llegamos a pensar que se había levantado una verdadera revolución sindical contra nuestro Presidente, algo que podría poner en un brete el acuerdo de Zapatero con los sindicatos mayoritarios CC.OO y UGT que, difícilmente podrían escurrir el bulto en esta ocasión, desentendiéndose de la huelga de los funcionarios. Así fue y, sin tener entre los funcionarios mucha afiliación o quizá, por eso mismo, calculando que de esta forma mataban dos pájaros de un tiro, quedando bien con el Gobierno y, por otra parte, dando la sensación de haber participado activamente en la huelga proyectada; los dos sindicatos mayoritarios del país decidieron adherirse a la huelga proyectada por el CSI-F para el día 2 del próximo mes de junio. Pero no tuvimos en cuenta el conocimiento que el señor ZP tiene de nuestros Sindicatos; la habilidad de la que hace gala cuando se trata de negociar con los señores Méndez y Fernández Toxo y la picardía adquirida durante su mandato para jugar sus bazas en el momento oportuno. En esta ocasión, una simple cita en la Moncloa fue suficiente para que un enfurruñado Méndez y un, más bien, atontado Toxo salieran de su entrevista con cara de circunstancias y con un buen puñado de euros asegurado para ambos Sindicatos.

La consecuencia ha sido inmediata: una subvención, para repartir entre ambas centrales, sindicales de 16 millones de euros, publicada en el BOE de este lunes y, vean ustedes ¡qué casualidad!, la huelga que debía celebrarse el día dos del mes próximo ha sido aplazada para la segunda decena del mismo mes. ¿El motivo? Muy sencillo, para que el Gobierno tenga tiempo de explicarles a fondo las causas del recorte programado y de paso, y esto lo digo yo, dejarles muy claro que si hacen la huelga podría ser que las subvenciones que vienen recibiendo ambos sindicatos, también experimenten un drástico recorte. Y es que, señores, la verdad es que nos cuesta entender el papel en toda esta crisis de los llamados agentes sociales. El Gobierno, evidentemente, no ha tenido intención de meterse en el escabroso terreno de las relaciones patronal–sindicatos, sabiendo, por experiencia, que pretender inmiscuirse entre ambos es garantía de problemas y, muy posiblemente, de reacciones contrarias, molestas y desequilibrantes, que pueden situarlo en una situación incómoda, que prefiere evitar. Esa actitud de prolongar las negociaciones a tres bandas y que luego ha dejado en dos bandas, le ha permitido escudarse en el latiguillo de que “se están negociando los acuerdos entre patronal y sindicatos y es mejor que sean ellos los que propongan las soluciones”; perfectamente consciente de que una discusión de esta índole, en la que ambas partes no están dispuestas a ceder en sus pretensiones, se puede prolongar ad eaternum. Así llevan casi dos años, sin haber conseguido más que perder el tiempo y, mientras tanto, la reforma laboral que España necesita llevar a cabo urgentemente, está en suspenso y, los efectos nefastos para la economía, para la marcha de las empresas y, en especial, para conseguir un nuevo orden laboral que ayude a reactivar la demanda, a darles confianza a las empresas y a buscar sus competitividad en los mercados internacionales; sigue cobrándose, empresa tras empresa y aumentando, cada vez más, la lista de los trabajadores que pasan a formar parte de la lista de parados.

Así como se le han puesto las cosas al señor ZP, estando vigilado desde Europa y los EE.UU., no parece que la libertad de movimientos de la que gozaba antes, cuando hacía y deshacía a su antojo, pueda mantenerse por mucho tiempo ya que, hay naciones que forman parte de la UE, como Alemania, que no están dispuestas a darle un cheque en blanco para que siga con sus vicios anteriores y pretenda proseguir su camino de despilfarro y de política errante, como la que ha llevado a cabo hasta ahora. Si los agentes sociales persisten en sus posturas, no le va a quedar más remedio al Gobierno que legislar para que la reforma se lleve a cabo y, esta decisión, es la que ha estado evitando el señor Zapatero desde que gobierna España. Sabe que, según las medidas que tome para liberalizar el empleo, abaratar el despido o permitir a las empresas que puedan flexibilizar las plantillas, mediante la facultad de enviar a sus trabajadores a otras provincias, autonomías o, incluso, al extranjero; cuando en una de sus factorías haya exceso de plantiílla que pueda ser absorbida por otra de sus sucursales o industrias.; es muy probable que, ni los Sindicatos, puedan pararle el golpe y que sean los propios trabajadores quienes, puenteándolos, se lancen a la calle para protestar contra la forma en la que los ha mantenido engañados.

Si tengo que hablarles con franqueza, tampoco acabo de entender a la CEOE, aunque, por los años que he estado relacionado con el mundo del trabajo, ya debiera conocer el comportamiento de estas grandes multinacionales y el terreno en el que se mueven con comodidad. La primera premisa es que, a diferencia de los autónomos y las pequeñas empresas no existen, en las grandes empresas, distinciones entre partidos de izquierdas o de derechas; saben que todos ellos, al fin y al cabo, tienen un precio y que siempre acabarán por tenerlos a su servicio. El lema, y es la segunda premisa, es conseguir sacarle la máxima rentabilidad a la sociedad, caiga quien caiga, por lo que si han de amenazar a los gobernantes con trasladarse a otro país, lo hacen; si han de exigir concesiones especiales a cambio de dejar que se hundan otras empresas de menor importancia, no dudan en aceptarlo. Por eso, siempre he sido contrario a que las pymes se integren en la CEOE, porque sus intereses son distintos, sus objetivos diversos y, como ocurre en la mar, los peces gordos siempre se comen a los chicos. Resulta impactante la satisfacción que han demostrado los empresarios ante las drásticas medidas puestas en práctica por ZP que, como era de esperar, han gravado a las clases medias y bajas pero, no perjudican en absoluto a los grandes empresarios, los multimillonarios banqueros o los grandes magnates de las finanzas. Vamos a ver ¿cómo es posible que no se haya puesto un gravamen solidario sobre los beneficios de las sociedades y bancos?, ¿cómo es posible que se ayude a las cajas que fueron, en parte, culpables de la caída de la construcción, que todavía tiene activos inmobiliarios supervalorados, con el permiso del Banco de España y, no obstante, están pagando beneficios a sus accionistas? Un FROB de 90.000 millones de euros para aquellos que han administrado mal sus negocios y, vean ustedes la contradicción, los autónomos y las pequeñas y medianas empresas no disponen de líquido para sus negocios porque los bancos no les dan créditos .
Y eso, señores, cuando tenemos un Gobierno que presume de defender las “conquistas de los obreros” que se ha negado a recortar “beneficios sociales” y que, no obstante, no se preocupa en absoluto que 4.600.000 trabajadores estén en paro. Y es que ni los sindicalistas, Méndez y Fernández Tocho ni ningún miembro del Ejecutivo ni los portavoces del PSOE ni ninguno de los partidos nacionalistas que los apoyan, tienen, señores, la más mínima vergüenza. Estamos hundidos hasta la cabeza en la podredumbre que nos han traído los socialistas y los progres que los jalean.

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