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Lección importante de economía para los sindicatos

Ben Tanosborn
Ben Tanosborn
miércoles, 19 de mayo de 2010, 06:59 h (CET)
Lo siento, Profesor Krugman... pero ¡somos Grecia! No solo Estados Unidos, sino la mayoría de las naciones del primer mundo que operan en el Libre Mercado.

Los mercados actuales puede que traten a países poderosos como Estados Unidos y el Reino Unido con cierta deferencia, tal como el aceptar tasas más bajas en sus bonos; pero tan pronto estos se metan en el berenjenal, que será pronto, seguirán el mismo sendero que Grecia, Portugal, España y otras muchas naciones aun sin nombrar.

Las perspectivas fiscales norteamericanas para los próximos años no son del todo malas, de acuerdo con Paul Krugman; y el Nóbel va aun más allá en su demencia cuando nos dice que a largo plazo una reforma en la salubridad junto a una pequeña dosis de impuestos curará el mal económico. Algo prometedor... pero absurdo.

Aun cuando siempre he respetado la postura progresista del buen profesor, bien fuera desde su cátedra en Princeton o sus artículos sindicados, esta vez su hemorragia de optimismo no va con la realidad: ambas la realidad que enfrentamos hoy día como la que confrontaremos pronto según el cáncer económico se vaya extendiendo mas allá de los confines federales, y sea diagnosticado a niveles estatales y municipales... en algunos casos cáncer en etapas III y IV. El apretar de cinturón que aparece estar ocurriendo en ciertas partes de la Unión Europea, aunque con resistencia por algunos grupos, nos parecerá algo insignificante cuando se compare a lo que se espera en la mayoría de las principales comunidades de EEUU.

¿Cómo es que la ciudadanía ha permitido que esto ocurra? Por desgracia, a veces el capitalismo se nos aparece como una ubre muy prometedora, capaz de amamantar a todos... como si nos invitara a tirar de teta hasta que nos saciemos. Y eso es lo que parece que ha ocurrido, algo que ahora nos tiene pagando las consecuencias. En este venidero periodo correctivo para la economía mundial, es el trabajador quien terminará absorbiendo lo peor, y con mayor dolor. Así como futuras generaciones pagaran por sacar las castañas del fuego a los financieros-gángster – y la llamada del gobierno para apoyar una economía de capitalismo-rapaz – el costo de esta mala administración de la economía, caerá sobre los hombros del trabajador... pero de esta generación.

Si piensas sobrevivir en esta llamada economía de libre mercado, debes saber las reglas del juego; o, más bien, las consecuencias inherentes debido a la falta de reglas. Y nos parece obvio que los sindicatos, sus mandos representativos y consejeros, han enfocado su tarea en las necesidades de la membresía sin reconocer su rol vigilante para asegurar mantener las obligaciones contractuales, asegurando que tanto el gobierno como el poder corporativo se adherían a un sistema limpio y justo para todos.

Esto es algo que no ha ocurrido en EEUU.

En nuestra búsqueda de quien debe asumir la responsabilidad de nuestro triste estado económico, recurrimos a muchas razones recriminatorias que aparentan tener bastante solidez, como la falta de controles gubernamentales. Sin embargo, siento que todas estas razones son tan solo variables intermitentes... y no causantes. Que la variable causante la tenemos delante de nuestras narices, y a la que parece no hacemos caso: nuestro sistema tributario que es injusto y regresivo.

Con el falso pretexto de que no queremos frenar el espíritu emprendedor que decimos nos ha traído un mejor nivel de vida, o la inapropiada doctrina de que lo que “ganamos” es nuestro, estamos viviendo por un periodo grotesco de redistribución de riqueza debido a un sistema de impuestos que es totalmente regresivo; un robo escandaloso de las masas que no poseen defensas económicas; riqueza que nos pertenece a todos (lo común) para poder proveer infraestructura, educación, salubridad y las necesidades de los menos afortunados entre nosotros, cualesquiera sea la razón de su desgracia.

Solo la avaricia, no el espíritu emprendedor, será razonablemente frenado con tasas marginales mucho más altas. Y para determinar lo que es comparativamente justo en como somos compensados, debemos – particularmente en EEUU – examinar lo horrendo del Standard ahora admisible de que el trabajo de un individuo pueda tener un valor 10, 100 o hasta 5.000 veces el valor de lo que otro ciudadano produce. Esto no es otra cosa que un robo a mano armada.

Durante este último siglo hemos visto el progresismo fiscal en EEUU, en impuestos estatales y federales, fluctuar enormemente, siempre impuesto por la política del momento. Las tasas marginales en el nivel de ingresos mas alto (impuestos federales) ascendieron del 7 por ciento en 1913 al 77 por ciento en 1918; gradualmente bajando al 24 por ciento al comienzo de la Gran Depresión, subiendo de nuevo durante mas de una década (que incluyó el periodo de la Segunda Guerra Mundial) al 94 por ciento. Fue el contencioso apoyo conservador de Ronald Reagan y Bush Hijo lo que destruyera el poco progresismo que quedaba, dejándonos ahora con una tasa marginal para el nivel más alto de ingresos de apenas el 35 por ciento.

Aunque los conservadores adoptan la Ley Hauser – teoría que se propuso en 1993 – que mantiene que los ingresos federales históricamente se han mantenido constantes en un 19,5 por ciento del producto bruto, no importa la tasa marginal mas alta fuera el 28 o el 50 o el 91 por ciento, su falacia está en que no incluyen los ingresos que provienen de la Seguridad Social... algo que enmascara el decline de ingresos según las tasas marginales han ido bajando, y el sistema tributario se hace mas regresivo – la meta del conservador es el llegar a una tasa única que se aplique a todos por igual.

La lección que todos debemos aprender, estemos o no sindicados, es que nuestros intereses no son atendidos con simples mejoras temporales en sueldo/beneficios que después tengamos que devolver, y hasta con creces. De poco nos servirán estos aumentos a menos que exista un sistema tributario justo e inalterable; un sistema libre de los vientos políticos creados por un conservatismo elitista empeñado en transferir la riqueza de aquellos que la producen a aquellos cuyo interés solo radica en el control de su prójimo.

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