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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Los progresos del progreso de la mujer

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 19 de mayo de 2010, 06:51 h (CET)
WASHINGTON -- La primera mujer decano de la Facultad de Derecho de Harvard. La primera mujer fiscal general. Pero la cuarta, si es confirmada, en el Tribunal Supremo. La tercera, entre los magistrados actuales.

El progreso de la mujer se mide en función de la transición de la presencia de Elena Kagan de anomalía en norma, de pionera a "una más". Bueno, más que una más -- una candidata al Tribunal Supremo nunca lo es -- pero menos noticia.

Y que no haya noticia es lo que hace la candidatura de Kagan un momento tan celebrado. Desde luego no hay comparación con una sala con una única juez, probablemente no haya color con un tribunal de dos mujeres.

Representa, como dijo la juez Ruth Bader Ginsburg el día de su propia elevación, "el final de los tiempos en los que las mujeres, la mitad del talento de nuestra sociedad por lo menos, parecen desempeñar altos cargos sólo de paso".

Durante 12 largos años, hasta que Ginsburg se unió a la sala, Sandra Day O'Connor era la única. A continuación, durante tres años, tras la marcha de O'Connor y antes de la elección de Sonia Sotomayor', Ginsburg era la única.

La larga era de pioneras está llegando, felizmente, a su final en lo que a las mujeres respecta. No del todo -- aún quedan unas cuantas barreras que superar -- pero en su mayor parte sí. Me encontraba por casualidad en una cena de trabajo el otro día en la que era la única mujer, y creo que los hombres estaban más preocupados por el desequilibrio que yo. La nueva anomalía es una situación en la que no hay presentes un número razonable de mujeres.

¿Por qué importa? En una institución como el Tribunal Supremo, el simbolismo pesa -- algo a lo que, por cierto, los magistrados tendrían que haber prestado más atención al rematar la majestuosa fachada del tribunal. Una mujer de autoridad o dos transmite un mensaje diferente al que transmite una masa crítica, una pluralidad sólida.

En cuanto a resultados, espero que la respuesta sea: no hay grandes cambios. Ya es bastante malo que, suponiendo que Kagan salga confirmada, las tres jueces se integren en el ala progresista del tribunal. Las mujeres se presentan en distintas variantes ideológicas.

Un estudio entre las magistradas del tribunal federal de apelaciones realizado por Christina Boyd, Lee Epstein y Andrew Martin dado a conocer este año en el American Journal of Political Science concluye que no hay diferencia por sexos en un amplio abanico de casos -- incluyendo, sorprendentemente quizá, los referidos al acoso sexual, el aborto o la discriminación positiva.

La excepción se presenta en las demandas por discriminación, en las que, según los autores, "hombres y mujeres no sólo tienen enfoques diferentes sobre estos casos, sino que la presencia de una mujer en el estrado en realidad empuja a los jueces varones a dictar sentencia en sentidos que de lo contrario no habrían resuelto -- a favor de las demandantes".

La elevación de Kagan plantea otro interrogante, incómodo quizá: qué conclusiones vamos a sacar del hecho de que, asumiendo que ella sea confirmada, dos de las tres magistrados del tribunal sean solteras sin hijos. La deducción evidente es que matrimonio y maternidad no son particularmente compatibles con el implacable camino profesional exigido para alcanzar ese nivel de éxito.

Evidente, pero creo que equivocado. Estaba dispuesta a quedarme con esta conclusión hasta que me detuve en las biografías de las casi 50 mujeres que hoy forman parte de las salas federales de apelación. La mayoría aplastante están (o, en algunos casos, estuvieron) casadas y tienen hijos. Si hay diferencia entre los magistrados de apelación y las magistradas en términos de situación familiar, no es llamativa.

Lo único peor que no tener mujeres adecuadamente representadas en cargos de importancia es tener a mujeres inadecuadas representadas. Elegir a alguien manifiestamente falto de cualificación sólo por ser mujer resulta más ofensivo que ni siquiera plantearse elegir a una mujer. Sarah Palin como candidata a la vicepresidencia, y más a mi favor, Harriet Miers como candidata al Supremo, vienen a la mente.

Conozco a Kagan y la considero una amiga, pero la noción de que ella es la Miers del Presidente Obama es gratuita. Fue ayudante en la sala federal de apelaciones y el Supremo. Impartió Derecho, trabajó en el gabinete asesor de la Casa Blanca y ha sido fiscal general del estado.

A aquellos que se quejan de la escasez de manifestaciones de sus puntos de vista en público en materia jurídica: la culpa es de los Republicanos. Si hubieran confirmado a Kagan cuando fue elegida al tribunal de apelaciones por el Presidente Clinton, ahora tendrían ejemplos más jugosos que sacar de contexto.

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