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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Las tribulaciones de Rajoy y el PP

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 19 de mayo de 2010, 06:48 h (CET)
En mi tierra se decía que los caracoles cuando iban a morir cantaban, no sé si será cierto y tampoco me he parado a escucharlos nunca; entre otras razones porque detesto a estas bestezuelas hambrientas y resbalosas que se dedican a causar destrozos en el jardín, con la agravante de que tampoco me gusta comérmelos. Pero si, en algún momento, se me ocurriera comparar a los españoles con los caracoles, no me quedaría otro remedio que pensar que estábamos a punto de convertirnos en un coro de plañideras capaz de hacer retumbar, con nuestros lamentos, el orbe entero. No hay para menos y, por ello, no me extrañaría nada que, las peticiones que los “barones” del PP le están formulando al señor Rajoy, para que pida elecciones anticipadas al señor Rodríguez Zapatero, no le hacen la más mínima gracia el presidente del PP y, es posible que, en su interior, profiera algún que otro reniego ante la insistencia molesta de sus subordinados para que emprenda acciones en dicho sentido. Y es que el tema es peliagudo y, mucho me temo, que nuestro don Mariano se encuentre más a gusto en el puesto de oposición al gobierno que si tuviera, como todas las encuestas indican, que hacerse cargo de la dirección de esta nación, si es que queremos tener en cuenta la delicada situación en la que nos encontramos; la servidumbre que se nos ha impuesto desde la UE y desde los EE.UU. del señor Obama; pidiéndonos que reduzcamos el déficit fiscal en sólo dos años para que no supere el 3% lo que supone reducirlo en 9’5 puntos y, para redondear el caudal, un regalo extra de 4.600.000 desocupados de los cuales 1.300.000 constituyen familias enteras que viven del subsidio. El gobernar hoy en día España no es, ni mucho menos, coser y cantar y, el tener que asumir todos los errores del anterior gobierno no es plato de gusto, evidentemente, para ningún gobernante.

Debo confesar que me cuesta mucho imaginarme dentro de la piel de los políticos si tenemos en cuenta que, para mí, son personas fabricadas de distinta materia del resto de los humanos, pero si, aún así, quisiera hacer un ejercicio de reflexión, imaginándome inserto en la voluminosa humanidad de don Mariano, les confieso que estaría sumido en un mar de dudas. Lo primero que me recriminaría sería haber cometido la imprudencia ¡cosa rara en él que suele ser una persona hermética!, de decir que apoyaría a Camps a pesar de lo que dijera la Justicia. Esta no ha sido más una más de las equivocaciones garrafales que, nuestro señor Rajoy, ha cometido con el tema de la corrupción que se ha detectado dentro de su partido, lo que le ha costado no pocas críticas por parte de los simpatizantes de su formación política. Es posible que también me recriminase el haberme dejado engañar varias veces por el señor ZP en anteriores reuniones en la Moncloa, así como haber prescindido del señor Pizarro, un activo demasiado valioso para dejarlo perder. No dudo que, en estos momentos, estuviera lamentando el no haber actuado con más firmeza y rotundidad en la defensa de posturas en contra del matrimonio homosexual y el aborto. ¡Pero es innegable que el tiempo de las lamentaciones ya ha pasado y, ahora habría llegado el momento de actuar para recuperar esta iniciativa que nunca debió perder! Algo positivo fue la última intervención en el Parlamento, ante un señor Zapatero completamente desfondado que intentaba defender una propuesta que era la misma antítesis de lo que había sostenido sólo hacía unas pocas fechas. Pero ahora me encontraría ante el dilema de decidir si, a pesar de todo, me debería arrimar al Gobierno socialista, para ayudarle a hundir a España, con el fin de dar la sensación de querer colaborar y, con ello, conseguir congraciarme con aquellos que todavía creen que, con el PSOE, se pueden llegar a acuerdos o, a sensu contrario, intentar otro modus operandis, consistente en aprovechar todas las ocasiones, que, sin duda, van a ser muchas, para ir desgastando la credibilidad del Gobierno, minar de críticas todo intento del Ejecutivo de soslayar las directrices que ha recibido de la UE y machacarlo cada vez que los índices económicos delaten la ineficacia de las medidas equivocadas, con las que pretendiera ocultar su incompetencia para gobernar.

Sin duda que la situación del señor Rajoy, aún teniendo muchos ases en las manos, no es cómoda ni fácil, si es que queremos aceptar que los socialistas son verdaderos expertos en manejar la propaganda, que dominan a los medios de comunicación y que, cuando hace falta, tienen a sus incondicionales ( empezando por los de la farándula y los Sindicatos), que siempre están dispuestos a la algarada callejera, a las proclamas populistas y a las descalificaciones de su eterno enemigo “la derecha”, contra la cual siempre tienen enfocadas sus baterías de insultos y descalificaciones. Como simple ciudadano de a pie, y por tanto como mero voyeur de la política, es posible que adoptara una actitud intermedia, intentar hacer pedagogía, ante los ciudadanos, de lo que mi partido podría oponer a lo que los socialistas están haciendo; iniciar una campaña de ofertas novedosas, bien explicadas y argumentadas, que sirvieran para vender, ante una masa desengañada de las promesas socialistas, ilusión y esperanza en el futuro, sin ocultarles que, ante nosotros, tendremos un periodo de dificultades, pero que depende de la entereza, el esfuerzo y la imaginación que pongamos en luchar para sobrevivir el que, el tiempo de recuperación, pueda ser más breve de lo previsto.

Un Gobierno menos intervencionista; mayor libertad de acción y una disminución de cargas fiscales para aquellas empresas especialmente preparadas para hacer frente al reto de la competencia; mirar con lupa a los bancos y cajas, dejando que se despeñen aquellos que hayan basado todo su política bancaria en la especulación; mayor flexibilidad en el mercado de trabajo que permita un solo tipo de contratos que elimine la temporalidad, pero que permita a las empresas poder reducir su plantilla, sin que ello signifique una catástrofe económica para ellas, en aquellos casos en los que las circunstancias del mercado lo exijan; poner el máximo esfuerzo en reducir la deuda y evitar que el Estado, con los créditos “crunch”, acaparen los créditos en detrimento de la liquidez y financiación de las empresas; reducción inmediata de todo el aparato burocrático que acompaña a las comunidades autónomas y adelgazamiento del número de funcionarios, mejorando sus emolumentos, pero exigiéndoles un productividad mayor , en fin, dejar a los ciudadanos que libremente puedan poner en práctica sus ideas, sus proyectos industriales o económicos, para que, a la vez, se vayan creando puestos de trabajo que acaben, en el menor tiempo posible, con esta lacra que afecta a tantos españoles como es el paro. Libertad significa esperanza, imaginación y emulación para superar los obstáculos, a la vez que sacrificio y trabajo; sin estas premisas, entregados a la lenta burocracia de la Administración y a la clásica indiferencia de aquellos que tiene su sueldo asegurado, es imposible, señores, que España pueda salir del amodorramiento y desgana en la que está embarrancada; dirigida por un capitán incompetente y por una tripulación que se dedica a ocupar los botes salvavidas, mientras dejan al pasaje que se hunda con el navío.

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