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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La Elena Kagan que no verá

E. J. Dionne
E. J. Dionne
martes, 18 de mayo de 2010, 06:23 h (CET)
WASHINGTON -- Vaya preparándose para pasar varios meses de algún destello puntual pero por lo demás teatral escenario político en torno a la elevación de la fiscal general Elena Kagan al Tribunal Supremo.

Subrayando el enfrentamiento estará la división fundamental entre progresistas y conservadores en torno a la orientación del tribunal. En esta línea, muchos senadores que apoyaron la confirmación del presidente del tribunal John Roberts y del juez Samuel Alito se opondrán a Kagan, al tiempo que la mayoría de los que se decantaron contra Roberts y Alito estarán a favor de ella.

La ironía reside en que los parecidos a primera vista entre Roberts y Kagan son sobrecogedores. Mi colega conservador Michael Gerson escribía de Kagan: "Sabemos que tiene contactos con casi todo el mundo en los círculos legales, y a la mayoría parece gustarles ella". Cambie "ella" por "él", y la misma oración se podría haber escrito acerca de Roberts.

Las consideraciones que no molestaron a los conservadores durante las visitas de confirmación del juez Roberts (sus orígenes en las ocho antiguas, el hecho de que no era veterano del ejército, el contenido de los memorandos que elaboró como empleado de la rama ejecutiva) ahora serán declaradas de enorme importancia en el caso de Kagan.

Pero nada de esto importará. En el año 2005, los Republicanos controlaban el Senado y la ratificación de Roberts estaba más o menos garantizada. En el año 2010, los Demócratas controlan el Senado y la confirmación de Kagan está más o menos garantizada. Eso se traduce en que los asuntos que sustentan las diferencias entre izquierda y derecha en torno a la judicatura, aquellos que los senadores votarán realmente, pasarán sin debatirse en su mayor parte.

Tanto como me gustaría que se celebrara este debate, ¿por qué debe Kagan prescindir de su fructífero libreto de confirmación, hasta de aquel del que hace 15 años escribió descaradamente "se compone de un aire de vacío y farsa"? Teniendo en cuenta los incentivos del sistema, el vacío en la búsqueda de la confirmación no tiene nada de malo.

Digo eso en calidad de una de las muchas personas que la conocen desde hace tiempo y que creen que se merece muchísimo ser confirmada. Y paradójicamente, una de las razones de que la admire implica un interrogante que los Republicanos plantean y en el que en realidad discrepo con Kagan.

Allá por el 2003, un grupo de académicos acudió al tribunal reclamando su derecho a negar el acceso a sus campus a los reclutadores del ejército porque la política de Clinton hacia los homosexuales discrimina a los gays y las lesbianas. Siendo decano de la Facultad de Derecho de Harvard, ella elaboró varios escritos en apoyo al reglamento del centro; con el tiempo perdieron su caso ante el Supremo.

Yo estaba de acuerdo con los centros de Derecho contrarios a la política. Es moralmente errónea y estúpida en la misma medida. Pero en aquel momento también defendí que la creciente separación entre el ejército y el resto de áreas de nuestra sociedad, las instituciones más progresistas y elitistas en particular, planteaba al país un problema importante. Dado que cerrar ese vacío debería ser una prioridad, especialmente quizá para los de izquierdas, pensé que los centros debían acoger a los reclutadores en sus campus y encontrar otras formas de combatir esa política.

Un par de años más tarde, me encontré con Kagan. Tras intercambiar calurosos saludos -- sus activos incluyen una personalidad abierta y acogedora y un adorable sentido del humor -- le planteé la polémica del reclutamiento, diciendo que yo pensaba que las universidades se equivocaban.

Varias cosas en su respuesta ilustran el motivo de que sea una magistrado excelente. En primer lugar, ella entendía que debatíamos de buena fe. No convertía las discrepancias en motivos de enfrentamiento personal.

En segundo, habló con sentimiento genuino de su respeto al ejército. Cuando ofrezca sus impresiones durante las vistas de su confirmación, como sin duda hará, la gente debería tener presente que son opiniones expresadas en privado.

En tercer lugar, hizo un soberbio alegato basándose en un equilibrio delicado: Sí, en una sociedad libre y democrática, el ejército debe ser capaz de reclutar en los campus; pero el personal docente universitario tiene la obligación de proteger las políticas que protegen a colectivos que forman parte de su población estudiantil frente a la discriminación. En la Facultad de Derecho de Harvard, ella alcanzó este equilibrio permitiendo a los reclutadores el acceso a los estudiantes a través de los grupos de estudiantes veteranos, pero no a través de su principal oficina.

En suma, su argumentación dejó claro que estábamos de acuerdo los dos en los imperativos centrales, pero les dábamos una importancia diferente. Su enfoque -- cuidadoso y firme simultáneamente -- es lo que constituye el pensamiento juicioso.

Desafortunadamente, no existe absolutamente ninguna razón para que Kagan ofrezca al Senado una demostración en toda regla de lo escrupulosa que puede ser en un amplio abanico de temas diferentes. Ofrecerá a los senadores lo mismo que Roberts, ni más ni menos. Estaría loca si hiciera algo diferente. Y de loca no tiene un pelo.

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