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Etiquetas:   Cultura   Literatura   -   Sección:   Libros

El tiempo anda loco

Prosa poética
Aurora Peregrina Varela Rodriguez
jueves, 5 de enero de 2017, 02:07 h (CET)
Nueve de enero de 2007, llueve, poco pero llueve, más que el nueve de enero de 2006. La lluvia es maravillosa, es una estrella que se me acerca más y más y me gusta la astrología. Calor, brisa cálida, calma. Buen clima para llenar mis calles mojadas. Bonita ciudad es La Coruña.

27 de enero de 2007, nevó la semana del 22 al 26 de enero, cayó la gorda, fuerte, incansable, con intensidad. De blanco se ha pintado el cuadro que mis ojos alcanzaron a ver, blanca la playa, la aventura de andar y el llanto que se llegó a congelar sobre mis mejillas rosadas. Hoy en La Coruña lo recuerdo, pero aún quedan muchos copos, mucho frío, mucho blanco.

Cené patatas blancas con guisantes, zanahorias y remolacha. Estaban asadas, buenas y muy holgadas, peladas, duras, tostadas, llenas de aceite de oliva, que buenas que me estaban, Mhhhhhmh. Mi madre es buena cocinera.

El Sur de América entero a mi servicio. Acabad con mis enemigos aunque deba ser la chacha, ¿quién lo sabe?, acabad con mi martirio y convertidme en un duende valiente que no tenga que usar las armas.

Nevó, semana del 22 al 28 de enero de 2007, bolas de vidrio, hielo macizo, nos acercamos a la meta, pasear sobre ella, pero sin frío, con guantes, bufanda y buenas botas. Quienes nadie son ni nada hacen no sepan andar sobre mi amiga y hermana sin resbalar a sus anchas, que se vayan a la oscuridad de una habitación vacía y no me dañen, es mi voluntad, mi sueño.

Irse a Bogotá o Rusia mismo y cuanto antes, sin medir las distancias, marchar. Atravesar los caminos con la cabeza bien alta, largarse de este mal rollo morena guapa, salerosa, avanza, que ya no eres niña y nunca fuiste sabia, que si pueden te hacen pasar por inocente cuando eres avispada.

Venezuela, ojala tomes lecciones del día que nos ocupa, que sepas siempre proceder, con calma, acierto y fe, poca pero con ella... también. Despierta a la luz cuando te mueras y arranca el canto del “Alma Llanera” que me hace sentir que sí, que aunque no me crea ciudadana de ningún país, aquella es mi pequeñísima patria.

Mi hermana me lleva a Italia, poco a poco, habla italiano y ama a uno de ojos grandes, buen comienzo, desconozco el fin. Tierra de arte sin igual, de talento, fabricada con fundamento que es lo que a mí… me falta. Llueve en Italia.

Más amor, menos odio por siempre entre nosotros. Debo asumir mi vida y reconocer la dicha, los días alegres del colegio de Campo Alegre, las excursiones, los ejercicios en el Parque del Este, las visitas a los museos, los concursos y los intercambios de regalos... Todavía me queda algo por ver, será ya en el mismo medio de una vida fría cuando mis ojos alcancen la nueva luz, en medio de relaciones extrañas, de que te miren raro, de punzantes dedos que te tocan y que de muerte te van rodeado, todo va para el cuerpo, todo te enferma. La vida transcurre como si fueses una marciana, te ocultan secretos, te observan en silencio, se ríen de ti, pero el que ríe al último... ríe mejor.
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