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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Indignación

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 17 de mayo de 2010, 06:12 h (CET)
Escribía el pasado viernes en esta columna una carta abierta a ZP en la que le instaba a irse a su casa -no lo hará, anda preparando un apaño con la ETA que su alucinada mente le dicta podría hacerle volver a ganar las elecciones -, después de adoptar las impopulares medidas necesarias para que España tenga posibilidades de salir de la recesión en que se encuentra, por su culpa, metida. Ciertamente, dichas medidas pasan por un recorte brutal del déficit, que supone la desaparición de las subvenciones, de todas, el copago sanitario, la congelación de oferta de plazas públicas, el cheque escolar y la derogación de la escuela comprensiva, el cierre de más de la mitad de los actuales e inútiles ministerios y un cambio en la estructura territorial del Estado, incapaz de absorber los caprichosos gastos de 17 reyezuelos, sus ministrillos, directores generales y empleados públicos. También hay que replantearse las diputaciones y si son asumibles miles y miles de municipios. 3 millones de funcionarios y empleados públicos no se pueden seguir sosteniendo. Hay que reducir el número, por lo menos, a la mitad. Y habrá que reconocer que el sistema piramidal de pensiones, con un crecimiento demográfico negativo, es insostenible. Y cambiar la legislación para facilitar la desaparición de la negociación colectiva, verdadero lastre para miles de pequeñas y medianas empresas. Por supuesto, al no poder devaluar la moneda, que es lo que hizo el PSOE en la época en que Felipe González nos tenía en la ruina, hay que bajar salarios. Y más de un 5%. Son lentejas. Ojo, porque encima, el IPC subyacente nos indica que podríamos haber entrado ya en una peligrosísima espiral deflacionaria.

De ahí que las medidas anunciadas por ZP el pasado miércoles, cuando el presidente del gobierno se suicidó en directo ante las cámaras y sus Señorías, vayan en el buen sentido, aún cuando sean claramente insuficientes. Para sacarlas adelante (me cuentan algunos juristas que la no revalorización de pensiones supone que la aprobación de una Ley Orgánica; no es posible el decretazo) necesitará tener mayoría parlamentaria. Mayoría que no tiene. A ver cómo se lo explica a Merkel, Sarkozy, Obama y al FMI. Y mientras, la bolsa se vuelve a desplomar y el euro está al borde de la desintegración mientras nuestro cejitas anda contando milongas a El País. Milongas que tiene que salir a desmentir el gobierno alemán.

En el PSOE cada vez son más numerosas las voces, algunas muy cercanas a Rodríguez Zapatero, que sólo en una moción de confianza ven una salida para su partido. Y es que según la última encuesta de Antena 3, el PP está 12 puntos por encima de los socialistas. 12 puntos que en el año 2000 a José María Aznar le sirvieron para alcanzar la mayoría absoluta. Mayoría absoluta que debería sacar el PP en cuanto haya elecciones para no seguir en manos de los parásitos que quieren liquidar la nación española. Según la encuesta de “El País”, el PP supera en 9 puntos al partido del gobierno. Más de un dirigente socialista cuenta en privado que esto ya no tiene remedio. El PP, por su parte, anda pidiendo elecciones anticipadas pero no se atreve, aún, a presentar la moción de censura. Quieren esperar al debate sobre el estado de la Nación. Eso sí, los marianistas ya ven a Rajoy como presidente. Ay, ay, ay.

Pues bien, siendo éste el turbio panorama español, el sábado por la mañana se me ocurrió encender el televisor. Para mi sorpresa, las televisiones públicas siguen existiendo y derrochando a manos llenas mientras los pensionistas no saben cómo van a hacer para comer. Qué poca vergüenza que tiene la casta política.

La cosa empeoró cuando sintonicé el canal autonómico madrileño, Telemadrid. Les aseguro que pocas veces he sentido tal indignación. Mientras las familias se han pasado el fin de semana haciendo números para ver cómo seguir pagando el cole del niño o sencillamente llegar a fin de mes o el pensionista para ver cómo lo hace para comer, Alberto Ruiz Gallardón se ha gastado un pastizal en organizar una macro fiesta en la capital. La Gran Vía madrileña había sido enmoquetada de azul y se iban a celebrar macro conciertos en ella a lo largo de todo el día. No se había reparado en gastos. Derroche a tutiplén. Menuda indecencia.

He ahí el retrato de la casta parasitaria. A mí me llevan los demonios. Qué tropa.

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