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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Sobre la inaceptable situación a la que hemos llegado

Mario López
Mario López
lunes, 17 de mayo de 2010, 06:11 h (CET)
La función pública es el conjunto de actividades que hace posible la administración del Estado; la realización de la obra civil necesaria para crear y mantener una infraestructura imprescindible para el transporte, comercio, abastecimiento energético, saneamiento, etc.

Gracias al Estado los dueños de las grandes empresas pueden obtener, por medio del concurso público, la adjudicación de las obras y servicios que les permiten realizar sus negocios y enriquecerse a niveles estratosféricos. Los bancos viven instalados en el pesebre del Estado, de la mano de los grandes emporios. La función pública se ocupa de la asistencia sanitaria universal, la formación obligatoria y gratuita, el seguimiento de la vida laboral de todos los trabajadores y el consiguiente reconocimiento de sus derechos pasivos. Sin la función pública no existiría Estado y difícilmente se podría entender el concepto país. Pues resulta que los funcionarios son los profesionales que, por méritos propios, tienen encomendada la tarea de desarrollar la función pública. A cambio de una seguridad laboral prácticamente absoluta y un salario bastante modesto, los funcionarios aseguran la perdurabilidad del Estado, del país; en resumidas cuentas, garantizan nuestra civilizada convivencia. Los policías que velan por nuestra seguridad son funcionarios; los profesores que imparten enseñanza en los colegios públicos son funcionarios; los jueces son funcionarios; los profesionales sanitarios que nos atienden en nuestros hospitales, son funcionarios. Los administrativos que llevan a cabo todas las diligencias necesarias para que el ciudadano se beneficie de los servicios públicos son funcionarios. Todas y cada una de las empresas privadas que desarrollan sus actividades en nuestro país se benefician de la función pública, de los funcionarios. En ocasiones nos podrá parecer tediosa o irritante la relación con el funcionariado, pero si no tuviéramos Estado lo que nos iba a irritar sería la imposibilidad absoluta de llevar a cabo nuestros negocios, de vivir decentemente sin temer por nuestra vida a cada instante. Se dice que las empresas son el motor de nuestra economía y los principales creadores de empleo. Esto es una verdad a medias, bastante tendenciosa. La empresa nace del deseo de un individuo o un grupo de individuos, que cuenta con recursos económicos suficientes y ve en determinada actividad una posibilidad de negocio, de alcanzar el mejor nivel de vida posible; para él y su familia, sin interesarle en absoluto la suerte del conjunto de la población. Al no ser autosuficiente, el empresario contrata a los profesionales cualificados para llevar adelante su proyecto empresarial, con el mínimo coste posible. Lo cual no deja de ser paradójico pues, en realidad, son sus empleados los expertos en la materia concreta del negocio que es el principal activo de su empresa, y no él. Pero la empresa, injustificadamente, es de su propiedad y los expertos, empleados suyos. Por otra parte, sin el Estado, sin sus infraestructuras y funcionarios, el empresario no podría hacer negocio alguno. Bueno, pues a los funcionarios se les denuesta a diario y a los profesionales se les mantiene en la precariedad, cuando no se les pone de patitas en la calle. Mientras, los empresarios se enriquecen y con el remanente de sus pingües se dedican a especular, al punto de llevarnos a la bancarrota, a la ruina del Estado y los trabajadores. ¿Y quiénes pagan sistemáticamente las nefastas consecuencias de las tropelías de los especuladores?: los funcionarios y el resto de los trabajadores. ¿A quién le ha pasado la factura de la crisis provocada por los mercaderes este gobierno supuestamente socialista?: a los únicos ciudadanos que garantizan nuestra civilizada convivencia y que jamás han roto un plato. El PSOE le está haciendo el trabajo sucio al PP. ¿No existen motivos suficientes para que los trabajadores nos pongamos en pie de guerra?

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