Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Un voto que cambió la Historia

David S. Broder
David S. Broder
lunes, 17 de mayo de 2010, 06:05 h (CET)
BOSTON -- El pasado miércoles, la Biblioteca John F. Kennedy conmemoraba el 50º aniversario de una de las elecciones más significativas de la historia estadounidense -- las primarias Demócratas de Virginia Occidental celebradas el 10 de mayo de 1960 entre Kennedy y Hubert Humphrey.

Fue una noche para el recuerdo - y tal vez para la exageración. Ted Sorensen, que fue la mano de Kennedy durante el enfrentamiento de campaña, argumentaba que si Kennedy hubiera perdido frente a su rival de Minnesota, se le habría negado la candidatura, lo cual habría sido el caso casi seguro. Entonces, decía Sorensen más especulativamente, cualquiera de los demás Demócratas, Humphrey, Stuart Symington, Lyndon Johnson o Adlai Stevenson, habría perdido frente a Richard Nixon. Y Nixon habría respondido con más beligerancia a la instalación de misiles soviéticos en Cuba en 1962 -- provocando probablemente una guerra nuclear.

No hay que creer todo eso para convenir en que Virginia Occidental se encontraba en un punto de inflexión, como pocos comicios del último siglo. Como destacan la exposición de la biblioteca y el seminario celebrados, fue la prueba de fuego de la "cuestión religiosa" en la vida estadounidense, que puso a prueba si Virginia Occidental, claramente Demócrata pero mayoritariamente Protestante, apoyaría a un católico romano Kennedy, a presidente.

Inicialmente, recordaba Sorensen, los primeros estudios de Lou Harris para Kennedy le daban una ventaja sobre Humphrey de casi cuatro a uno en Virginia Occidental. Se debía a que los electores conocían a Kennedy como figura de los medios, pero no su religión. Tras las primarias de Wisconsin, el mes antes, marcadas por diferencias religiosas y geográficas entre los condados católicos del este y los protestantes del oeste, lo descubrieron - y Humphrey lideraba la carrera de pronto tres a dos.

Durante cinco semanas, Kennedy pronunció discursos en contra de la suposición de que la derrota de Al Smith en 1928 como primer candidato católico significaba "que se me negó el derecho a ser presidente el día que me bautizaron".

Pero las primarias fueron algo más que eso. Franklin Roosevelt era un santo para los Demócratas defensores de los pobres y las familias sindicales de las comunidades mineras, y su viuda Eleanor era abiertamente hostil a Kennedy. Para contrarrestar la influencia de ella, la campaña de Kennedy envió 50.000 cartas dirigidas personalmente con matasellos de Hyde Park, N.Y., y firmadas por Roosevelt hijo con el fin de impresionar a las familias de Virginia Occidental.

Más tarde, como me confirmaba durante una conversación post-encuentro Charlie Peters, oriundo de la zona que fue secretario de campaña de Kennedy en Charleston y que más tarde fundó el Washington Monthly, se negó a las peticiones que venían desde arriba que le pedían que informara a los votantes de que Humphrey había evitado el llamamiento a filas durante la Segunda Guerra Mundial -- de forma que ese trabajo sucio quedó en manos también del hijo de Roosevelt.

Por casualidad, escuché a Roosevelt hijo contar esto porque yo había sido enviado a Virginia Occidental como nuevo reportero del ya desaparecido Washington Star. Recuerdo la reacción súper-calmada de Kennedy, casi fría, cuando le pregunté si creía que el asunto del servicio militar de Humphrey era una cuestión de campaña legítima: "Frank Roosevelt está por aquí pronunciando sus discursos, y yo estoy pronunciando los míos".

Ésa campaña, mi primera crónica, fue una revelación. Permanecí durante una semana en Beckley, W.Va., cuartel general local del sindicato minero United Mine Workers of America y hogar del Senador Bob Byrd, que apoyaba a Humphrey para equilibrar el espaldarazo que Kennedy había recibido en Wisconsin y ayudar a su verdadero favorito, Johnson.

Tras contemplar la bulliciosa actividad del cuartel de Kennedy y observar la tranquilidad casi sospechosa de las fuerzas de Humphrey encabezadas por el comisario Okey Mills, que confiaba en ausentarse del día de las elecciones, concluí - y escribí para el Star -- que a pesar de los obstáculos evidentes, Kennedy tenía bastantes posibilidades de ganar en el condado de Raleigh y las primarias.

La semana pasada contacté con la viuda de Mills, Lettie, y lo que recordaba no eran las donaciones de los Kennedy a los fondos de la lista electoral que las organizaciones Demócratas locales utilizaron para atraer a los votantes sino lo impresionado que había quedado su marido cuando Kennedy y su hermano pequeño, Ted, llegaron para hacer campaña en Beckley.

Ella lo entendió. Kennedy triunfó en el Condado de Raleigh de camino a una victoria estatal igualmente fácil. Y se hizo historia.

Noticias relacionadas

Isabel del Rey, de profesión poeta

Hay que leer estos 'Versos de escuela' de Isabel del Rey porque es la libertad lo que se lee en los poemas

Miedo nos da. ¿Un Art.º 155 descafeinado?

¿Se pretende restaurar la legalidad en Cataluña o salir del paso con el menor coste político?

Intervención en Cataluña

Rajoy ha reaccionado ante el reto o chantaje planteado por Puigdemont

Soy mujer, escucha mi rugido

La violencia contra las mujeres en la vida estadounidense, en primer plano

Velocidad de la alegría

Necesitamos agilidad mental para el cultivo y disfrute de la alegría crítica y constructiva
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris