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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ahora comienza todo

Lorenzo de Ara
Redacción
domingo, 16 de mayo de 2010, 20:25 h (CET)
¡Pueblo, a la calle! Los sindicatos –apegados a la teta, gran teta de esta democracia tetona- ya preparan las armas de destrucción masiva.

¡El traidor tienen nombre, tiene foto, sabemos donde vive! Cuando ZP anunció el tijeretazo –tembloroso y asustado- los sindicatos hicieron lo que siempre hacen cuando la democracia que aborrecen, pero de la que viven cómodamente, intenta hacerles daño. ¡Se van a enterar!

Rajoy –con el mejor discurso en sede parlamentaria, porque Valencia y la calle son otra cosa- pidió –pero no es Obama- que no se tocaran las pensiones ni los euros de los funcionarios.

Exigió que se borraran para siempre las ayudas, sinecuras y subvenciones a sindicatos, partidos políticos, autonomías y ayuntamientos. ¡Qué fácil es hacer oposición cuando se sabe que nunca se gobernará!

Desde la bancada de los derrotados socialistas –aunque con ellos nos vamos todos, también la derechona- se hacía el esfuerzo para salir tranquilitos en la foto oficial.

De repente, los más radicales de esa apabullante mayoría intelectual no aplaudían, se mantenían sentados, escondidos, sacando brillo a las armas de destrucción masiva.

Lo que ocurrió en el gallinero político de la democracia española tiene gracia. Perdón. Tiene gracia porque el mismo héroe de los descamisados se convirtió en el enemigo de los vividores que pululan en el paraíso de la izquierda depredadora de derechos sociales.

Los teléfonos han puesto a ZP en el infierno. Bruselas y yanquilandia han defenestrado al devorador de pecados.

Sabíamos que el PP no podía con él. Pero las mentiras y la zafiedad intelectual han quedado hechas añicos con unas cuantas llamadas a cobro revertido.

ZP no estaba imbuido por el espíritu de Sócrates. No había leído la encíclica “Caritas in Veritate” de Benedicto XVI. Ni siquiera se mostraba alegre porque un equipo madrileño jugara la final de una nueva copa europea. ZP esta cabreado porque ese invento fastidioso de la democracia burguesa, la economía, había terminado con el chollo de no hacer nada y vivir del cuento.

No hay final de la escapada, en verdad, ahora comienza todo.

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