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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Goethe, muy actual

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 15 de mayo de 2010, 07:12 h (CET)
Es lo que tienen los grandes autores, perduran sus creaciones, la pertinencia de las cuales no decae con el tiempo; antes al contrario, se rejuvenecen en cada embate y adquieren matices geniales a la vista de los comportamientos de hoy. De vez en cuando conviene fijarnos en estos hombres que nos dejaron un buen saco de ideas a nuestra disposición; al menos para contrarrestar el bullicio del atontamiento televisivo con audiencias preocupantes; de las declaraciones altisonantes, esperpénticas y engañadoras, de políticos encumbrados; o del murmullo de abandono despectivo con que la gestión pública trata a los ciudadanos. ¿Hay crisis? ¿No hay crisis? ¡Agarrense!

Cuando las masas, que a veces no pasan de ser una masilla descarada, pretenden el forzamiento de la justicia; Goethe se enfrenta a la gente enfurecida para evitar el linchamiento de un colaboracionista con los franceses. Aunque eso hubiera sido cierto, prefiere cometer la injusticia de detener ese castigo, por que, según sus propias palabras, en el desorden no hay posibilidad de hacer justicia. La JUSTICIA PLEBISCITARIA arrastra consigo un gran componente de caprichosas pretensiones o de enfurecidas venganzas. Con los conocimientos y medios técnicos disponibles, se echa de menos una mejor organización legal, firme y democrática; que sea merecedora de un respeto, exigible a los ciudadanos díscolos. La mano alzada y la saliva furiosa en los micrófonos, arrumban los argumentos y expresan el carácter retrógrado de sus protagonistas. ¿Garzón plebiscitario? ¿Qué decida el tribunal?

La frivolidad de los ecos revolucionarios provoca la siguiente frase del escritor, “Para saber escuchar se necesita tener una cierta formación”; se sentía ante una generación incapaz de escuchar. Todavía no se había alcanzado la gran difusión, casi ilimitada, de los medios modernos. Sin embargo, la abundancia presente nos retrotrae a un lamento similar; con unas dimensiones mucho mayores. Porque ahora dominan la DESIDIA y la DESFACHATEZ, tanto con respecto a lo que se dice, como por el desdén de los escuchantes. La flojera de los comportamientos es muy contagiosa; sobre todo, por que no exige ningún esfuerzo especial. Si los pronunciamientos son vacuos, no habrá nada escuchable en su contenido, sólo farfullan. Y si no hay discernimiento en los receptores del mensaje, todo lo emitido dará igual. Por eso, el interés del comentario adaptado para la grave situación actual.

En un tiempo en el que se niega la existencia del infierno y del demonio; los infiernos nos apabullan a escala doméstica y en las enormes devastaciones y pobrezas crueles. Tampoco discutiremos otras realidades, se pergeñan desmanes tan retorcidos y degenerados, que no pueden deberse mas que a la acción de perversos demonios. Otro motivo para centrarnos en el autor del FAUSTO. ¿Resultan humorísticas las vicisitudes del tal Fausto con el demonio? A primera vista, pudiera ser, pero poco a poco se introduce el desasosiego y el desvarío angustioso, cuando observamos la realidad en plena acción. Habla de “hormigueantes muchedumbres”, como alusión a los acaparadores que van construyendo las profundas moradas del diablo. ¿Les suena esto? Parafraseando a Bergamín y a Goethe podríamos decir, ¿Qué hacen?, nada menos que enterrar en las miserias a los que no espabilan.

Al menos, Goethe abre sus senderos a la bifurcación, si existe una en la dirección de la pofía tenebrosa, también nos muestra otra dirigida a la esperanza de que toda palabra suscita y nos hace pensar en lo contrario. Ante las maquinaciones enrevesadas, abramos también los ojos a otras posibilidades de mejor disposición. Ahora bien, aquí se precisa la buena DIALÉCTICA que él propugna, desde el corazón, como “desarrollo del espíritu de contradicción que le fue dado al hombre para aprender a discernir la diferencia entre las cosas”. Afirmemos precisamente eso, que la dialéctica está a nuestro servicio y su desarrollo se convierte en auténticas OPCIONES. Dios o diablo, son las extremas. Aunque a mí me parecen más peligrosas y cotidianas las de tantos diosecillos que nos acosan. En forma de progresos carpetovetónicos desprovistos de sentido, pero útiles a sus detentadores; falsos honores irreflexivos; timadores colocados en puestos de honor democrático; obras sociales convertidas en sacamantecas de los Ahorros; ideologías desprovistas de verdaderos pensamientos y usurpadores de todo lo que esté a su alcance.

Me detendré en otras dos observaciones expresadas por el genial escritor alemán y muy relacionadas entre sí; ambas nos salpican sin escapatoria en cada uno de los asuntos en que nos vemos involucrados. La primera es como una invitacióna la implicación personal, a la toma de decisiones por la reflexión y valoración hecha por uno mismo, no por cantos melodiosos y con frecuencia falseados; asumiendo con valentía el riesgo de caer en ERRORES. Si no, ¿Cómo podríamos actuar? A no ser que uno vaya vendiéndose a los diablos fanáticos. “El error y la verdad surgen de la misma fuente. Hay hombres que nunca yerran porque no se proponen nada razonable”. ¡Nos las dan demasiadas veces con productos adulterados!

La segunda apreciación se centra en el aviso para no precipitarse en la obtención de conclusiones; estas suelen mostrarse como estandartes llamativos, pero de poca significación real. De hecho, escribe; “Las teorías son, habitualmente, precipitaciones de una inteligencia impaciente que quería verse libre de los fenómenos”. Dicho de otra manera, como escudos creados con conceptos y palabras, a menudo sin contenido activo. Expresadas en público, aturden, nos pillan de sopetón; suenan bien, pero tienden a prescindir de las opiniones particulares y por ello, facilitan las MANIPULACIONES. Es decir, teorías concluyentes, las justas e imprescindibles; sobre todo si no disponen de la suficiente transparencia en la exposición de sus argumentaciones. Un ejemplo, ¿Es progresista la subvención a los actores en plena crisis y la congelación de las pensiones?

Las grandes estructuras de poder, sean del tipo que sean (Político, legislativo, ideológico, cultural); siempre se consideran por encima del individuo, lo creen a su servicio y tratan de utilizarlo. La democracia también adquiere esos vicios; vicios corrosivos que se propagan con facilidad entre despachos y gestiones. Nos convencen de una rutina que prescinde del común de los hombres y de cada uno en particular; quedando al arbitrio de la trama caciquil de turno. Tal parece la realidad, que resuena en la frase de Mefistófeles, “Prestad atención que la bestialidad va a revelarse ahora entre vosotros de un modo espléndido”. Pues bien, en aras de esas RUTINAS nos roban el alma y algo más. ¿Nos dejaremos vencer por la mezquindad? ¿Nos complacen las rutinas?

Goethe reivindicó el deleite y la dignidad de la actuación personal. No entra tanto en la consideración de los grandes conceptos, se apega más a las vicisitudes de la vida diaria, con sus limitaciones y la superación de las dificultades. Enfrentados a las sugerencias diabólicas que no cesan, o “convertidos en juguetes de nubes y vientos” cuando pretendemos endiosarnos. Clama por una REIVINDICACIÓN de la DIGNIDAD personal frente a los cuentistas de toda traza y condición.

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