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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

¿Por qué falló un posible pacto Clegg-Brown?

Isaac Bigio
Isaac Bigio
viernes, 14 de mayo de 2010, 06:09 h (CET)
Tras las elecciones del 6 de Mayo los laboristas hicieron todo lo posible por cortejar a los liberales para que aceptasen cogobernar con ellos. Incluso estuvieron dispuestos a hacerles más concesiones programáticas que las que les hicieron los tories.

Laboristas y liberales provienen de la misma tradición anti-conservadora. El laborismo nació al filo del siglo XIX como una escisión de los sindicatos del viejo partido liberal. El Partido Liberal Demócrata hunde sus raíces en la alianza que hizo el viejo liberalismo con una ruptura a la derecha del laborismo ocurrida en los ochentas: el Partido Social Demócrata.

En la Asamblea del Gran Londres laboristas, liberales y verdes conforman una leve mayoría que está en oposición al alcalde ‘tory’ Boris Johnson.

Una alianza entre esos tres partidos hubiese dado una coalición ‘semáforo’ (por los 3 colores de ellos: rojo, amarillo y verde). La suma de ellos con las de sus partidos hermanos en Irlanda del Norte daba un 53.5% de los votos y 320 parlamentarios. Esto implicaba 3 curules menos de lo que se necesitaría para conseguir la mayoría absoluta que es 323 (la cifra real es 326 pero se reduce debido a que los 5 parlamentarios del nacionalista republicano irlandés Sin Feinn se niegan a tomar sus puestos en protesta por lo que denominan la ocupación imperial británica de su nación).

El Partido Nacionalista Escocés (SNP con 5 bancas) y el de Gales (3 bancas) bien pudiesen haber sido agregados, con lo cual se hubiese dado una coalición ‘arco iris’, algo que el propio SNP planteó para evitar que los conservadores sean gobierno.

Los liberales, sin embargo, decidieron hacer por primera vez en la historia una alianza der con los conservadores para echar del poder a sus ‘parientes’ laboristas. Si bien liberales y conservadores han efectuado varios gobiernos municipales conjuntos contra los ‘rojos’ en numerosos distritos, jamás habían hecho tal entente a nivel nacional.

Laboristas, verdes y nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte estarán tentados a denunciar la ‘traición’ liberal o a presentar a los ‘amarillos’ como una veleta o un ente oportunista dispuesto a coquetear con todos.

Sin embargo, la razón por la cual Clegg no quiso unirse a Brown tiene un claro calculo estratégico.

Varias importantes figuras laboristas (como Reed o Blunkett) pidieron a Brown que dejase de hacer tantas concesiones a los liberales porque el partido quedaría desgastado si persistía en hacer una ‘coalición de perdedores’. Para ellos el laborismo lograría recuperarse mejor desde la oposición. El hecho de que haya un cogobierno azul-amarillo que inicie varias medidas de cortes económicos creara un gran descontento social que los ‘rojos’ buscaran canalizar para evitar grandes desbordes tipo Grecia y utilizar tal energía para retornar pronto al poder.

Un gobierno arco-iris es algo posible en Europa o Israel, pero que nunca ha existido en Reino Unido. Muchos liberales y laboristas lo veían como muy frágil y que estaría a merced del chantaje de varios grupos internos de poder dentro de los ‘rojos’ o los ‘amarillos’ o de partidos locales de Irlanda del Norte, Escocia o Gales quienes demandarían como precio de su aval el que las medidas de ajuste hagan excepciones a sus respectivas zonas.

La alianza liberal-conservadora suma 363 parlamentarios (y lo más probable es que crezca un curul más pues los conservadores tienen a ganar en el único distrito donde las elecciones debieron ser pospuestas por la muerte de un candidato). Esta cifra implica una mayoría de 30 a 31 por encima del 50% de los parlamentarios que ocupan sus puestos.

Desde el punto de vista aritmético se trata de la mejor y más estable alianza posible en este parlamento.

Otra ventaja que Clegg ve es que con su nueva alianza él logra evitar que los duros del conservadurismo se potencien o radicalicen y obliga al partido que lidera una escisión continental a la derecha del derechista ‘partido popular europeo’ a que se ‘modere’.

Clegg cree que ha logrado que el partido más reacio a cualquier reforma electoral se mueve hoy en esa dirección y que calme tanto anti-europeísmo.

Clegg debía apostar a dos riesgos. Si decidía aliarse a los laboristas hubiese implicado aceptar como primer primer ministro a Brown (quien llegó a su puesto sin ganar una sola elección a nivel nacional, incluyendo la de su propio partido, y, es más, venía de perder por 6 puntos de diferencia ante Cameron) y luego (cuando Brown renunciase en Septiembre) a un segundo primer ministro laborista que tampoco hubiese ganado una elección.

Se hubiese tratado de apostar por dos primeros ministros no electos, algo inusual en Reino Unido. Todo ello, a su vez, hubiese potenciado a los ‘tories’ en la oposición y les hubiese empujado tal vez más hacia la derecha y el anti-europeísmo mientras que los liberales corrían el riesgo de asumir el contagio del desgaste de los ‘rojos’ quemados tras 13 años en el poder.

Para muchos un gobierno Clegg-Brown, hubiese sonado como un Cleggon, algo tan feo como son los ‘klingons’.

Cualquier alianza que los liberales hubiesen tomado les hubiese generado riesgos. Clegg cree que apostando al caballo ganador suben sus credenciales democráticas y cree que es posible asegurar un quinquenio de estabilidad que se inicie con radicales ajustes.

Los laboristas han perdido el poder a nivel nacional pero se recuperaran en la oposición. Así como han ganado hoy en la mayoría de los municipios de Londres ellos apuntarán a recapturar la alcaldía del Gran Londres para antes de las olimpiadas del 2,012.

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