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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Sexo y geografía

Kathleen Parker
Kathleen Parker
viernes, 14 de mayo de 2010, 05:59 h (CET)
WASHINGTON -- El magnífico hijo y autor de la novela homónima The Great Santini, Pat Conroy, comenzaba "El príncipe de las mareas" con estas palabras: "Mi espina es la geografía. También es mi anclaje, mi puerto".

Esas 11 palabras quedaron impresas en mi cabeza cuando las leí por primera vez hace años y han permanecido conmigo. De forma inusual volvieron hace unos días a tenor de la elección de Elena Kagan para ocupar la vacante del Supremo.

Mucho se ha hablado de la trayectoria de Kagan y su carácter pionero profesional. A pesar de la falta de cualquier experiencia presidiendo una sala de justicia, es la primera de su sexo en dos terrenos antes dominados por los varones -- primera decano de la Facultad de Derecho de Harvard, y la primera fiscal general del estado.

No son logros que carezcan de importancia. Pero aunque somos lo que hacemos, lo que hacemos no es (BEG ITAL)todo(END ITAL) lo que somos. Somos productos de la ubicación. Donde crecemos y la forma en que experimentamos el entorno físico de nuestra formación también forman parte de quienes somos.

¿Cuál es la geografía de Kagan? ¿Cuál es su anclaje, su puerto?
Por casualidad, ella comparte su ciudad de origen con otras dos magistrados del tribunal. Suponiendo que Kagan sea confirmada, las tres mujeres procederán de la ciudad de Nueva York. Kagan creció en el Upper West Side de Manhattan, Sonia Sotomayor procede del Bronx, y Ruth Bader Ginsburg de Brooklyn.

Si la diversidad en el tribunal es nuestro objetivo, puede que estemos pasando por alto una o dos regiones.

Estos hechos en última instancia son más anecdóticos que significativos en términos de la labor de un magistrado. Una vez más, pasar los años de formación caminando por la 422 South castigada por el crimen para ir al colegio como hacía Kagan -- y, digamos, pasar por el Primer Templo Baptista para ir a clase de ballet -- no son de la misma cosecha cultural.

El segundo supuesto se utiliza en aras del contraste y la metáfora. Parece entre remoto e improbable que una mujer cuya vida ha transcurrido entre templos baptistas y bailarinas de ballet se encuentre camino del Supremo actual, aunque no tendría que ser así. Hay mujeres para todo. (Como muestra, la jueza Sandra Day O'Connor creció entre El Paso, Texas, y un rancho de Arizona y es una bailarina reputada).

Las dos magistrados en ejercicio y Kagan también asistieron a las ocho antiguas, y no tiene nada de malo. Pero ¿un tribunal mixto que incluye a Kagan, Sotomayor y Ginsburg se considera un tribunal diverso porque ellas son mujeres? ¿O estas tres representan la pureza ideológica entre la élite? El jurado sigue deliberando.

El Presidente Obama ha dejado claro su deseo de elegir magistrados en contacto con "los estadounidenses de a pie". Mencionaba concretamente la "empatía" al elegir a Sotomayor. Antes de la elección de Kagan, Obama decía querer a alguien con "un entendimiento claro de la forma en que la ley afecta a la vida cotidiana del pueblo estadounidense". Quería un magistrado que, al igual que el saliente John Paul Stevens, "sepa que en democracia, no se debe permitir que los intereses poderosos resten fuerza a la voz de la ciudadanía común".

¿Y eso es Kagan?
Los habitantes de Nueva York desde luego argumentarán que se enfrentan a preocupaciones cotidianas, sólo que en un entorno mucho más densamente poblado. Pero Nueva York, como otras zonas urbanas, tiende a ser más de izquierdas que gran parte del resto del país. Más de la mitad del país también resulta ser Protestante, pero con Kagan, el tribunal se compondrá de tres judíos, seis católicos y ningún protestante. Menos de la cuarta parte de los estadounidenses son católicos y el 1,7% es judío.

No hace falta ser de la Georgia rural (Clarence Thomas) ni el hijo de inmigrantes recién llegados (Antonin Scalia y Samuel Alito) para ser juez, aunque ayudaría identificarse con la gente corriente. Se podría decir que sólo importa el respeto a la ley con total neutralidad.

Pero el presidente suscribe el principio de la gente corriente, y por eso también hay que plantear la pregunta: ¿Cumple Kagan el requisito? Puede tener otras cualidades, incluyendo su disposición en Harvard a invitar a académicos conservadores a formar parte de su claustro. Pero una chica de Nueva York que asistió a un centro privado, fue a centros universitarios de las ocho antiguas y a la facultad de Derecho -- y que una vez prohibió la presencia de reclutadores militares en las oficinas de reclutamiento de Harvard y que fue consejera de Goldman Sachs -- no puede caracterizarse como algo remotamente parecido a la América de a pie.

O bien Obama pretende animar su narrativa -- o la geografía es la espina de Kagan.

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