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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La salud del planeta

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 13 de mayo de 2010, 08:52 h (CET)
Los modelos de desarrollo que nos han llevado al mundo que hoy vivimos no pueden mantenerse por mucho tiempo. Se está produciendo una polarización social que es no sólo injusta, sino también muy peligrosa; se está dañando gravemente y de manera irreversible muchos ecosistemas en el planeta y destruyendo el sistema social que supone la misma base para el actual crecimiento económico.

La esperanza de vida se distribuye de manera desigual en el mundo; los españoles que gozamos junto con los japoneses y suecos de las mejores esperanzas de vida, aventajamos en 7 años a los rusos, en 20 a los keniatas e indonesios y en más de 30 a los habitantes de Afganistán, Mali o Sierra Leona. Más de 1.000 millones de personas en todo el mundo siguen padeciendo la pobreza absoluta, el 20 por ciento más pobre tiene una renta 150 veces menor que el 20 por ciento más rico. Los países en desarrollo, a pesar de que cuentan con el 75 por ciento de la población mundial, sólo disponen del 17 por ciento del PIB del mundo, el 11 por ciento del gasto en educación, el 8 por ciento de la industria y el 6 por ciento del gasto en salud.

La situación ha llegado a ser tan grave que incluso instituciones que habían apoyado el antiguo modelo de crecimiento económico, como el Banco Mundial están dando un importante giro en sus políticas. En un informe del Banco Mundial “Invertir en salud”, se reconoce que el énfasis en el crecimiento económico a toda costa ha tenido consecuencias desastrosas en las condiciones de vida y de trabajo y consecuentemente en la salud de los grupos sociales más vulnerables. Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, propone la búsqueda de nuevos modelos de desarrollo humano centrados en la participación masiva de la población y definiendo el propio objetivo del desarrollo económico como “la ampliación de las opciones para toda la población”.

Para los profesionales de la salud pública la frase de Cicerón “la salud pública es la ley suprema” ha sido un dogma. En el mundo de la primera década del siglo XXI se debe reconocer que hay una ley mucho más suprema que la salud pública y es la salud del planeta. Hoy día se hacen cada vez más aparentes las conexiones entre ecología y salud y también entre ecología y probabilidades de desarrollo en el futuro. Sabemos que no podremos seguir incrementando nuestros niveles de vida de manera infinita debido a los límites que nos impone nuestro sistema.

Cuando se publicó el informe “Los límites del crecimiento”, fue tachado por muchos de catastrofista. Los mismos autores más recientemente en su informe “Más allá de los límites de crecimiento: colapso global o futuro sostenible”, revisan sus anteriores predicciones. En su último informe describen un nuevo concepto para describir la realidad de la sobreutilización de los recursos, “el sobrepasamiento”, que significa ir más allá de los límites inadvertidamente. No se trata ya de advertir sobre lo que podría pasar si seguimos así, sino de describir los daños irreversibles que ya están pasando.

El fenómeno, desconocido hasta hace poco tiempo el crecimiento sin empleo, puede restar en el futuro próximo base a las políticas desarrollistas. En países como Francia, Reino Unido y Alemania ha alcanzado proporciones increíbles y puede empeorar en el futuro próximo. Los tres países han incrementado sus PIB en más del 200 por ciento en los últimos 45 años sin ninguna repercusión positiva en el nivel de ocupación de sus poblaciones.

Además de su impacto ecológico, los modelos desarrollistas han tenido un enorme impacto en los sistemas de salud. En cualquier sistema de salud, incluso en los países más desarrollados, la parte formal, profesionalizada y monetarizada es sólo una pequeña fracción, descansando el sistema primordialmente en relaciones y cuidados informales prestados por los propios individuos, sus familias o la comunidad y no suponiendo transacción alguna. La erosión de este sistema de salud informal es tan grande, y tan inviable en términos financieros su monetarización, que la OMS ha empezado a desarrollar entre sus líneas prioritarias de trabajo programas para la preservación y el desarrollo de los autocuidados, la autoayuda y el apoyo social. Y es que como dijo el poeta: “Construyó un laberinto que era réplica exacta / del que ya construyera. Y otra tumba sellada... / Y en verdad no se sabe donde fue sepultado. / Ni siquiera se sabe si es que lo enterraron”.

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