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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Naufragio lingüístico

Nuria Rubio González
Redacción
jueves, 13 de mayo de 2010, 08:46 h (CET)
Me ahogo en este mar de palabras. Vocales y consonantes tiemblan entre las olas; van y vienen, vienen y van... Y en este ir y venir, forman sílabas que, en perfecta combinación, parecen serenar el agua, de la que emergen vocablos dotados de un significado concreto. ¿No habrá entre ellos alguno que defina esa vaga sensación de tristeza que, anclada en nuestro corazón, cubre a veces con un velo de peculiar salitre todo cuanto pensamos, decimos y hacemos?

Me alimento de este mar de palabras. Entre el oleaje, asomada al balcón de la tristeza, con el sabor salado de las lágrimas pegado al paladar, invento un término que me salve del naufragio: "tristear". Y así, asida a la tabla de salvación que me brinda este verbo fruto de mi imaginación, logro por fin alcanzar la costa y, "tristeando", dejar la huella de mis pisadas en la fina arena de la playa. Camino despacio, como si cada paso silabeara silencioso los golpes de voz con los que se pronunciaría "tris-te-an-do", gerundio recién nacido cuya existencia sólo conozco yo.

Desde aquí, desde tierra firme, todo se ve con la claridad que da la perspectiva de la distancia. Desde que mi particular universo lingüístico incluye esta nueva palabra, la tristeza se reviste de una forma menos triste. Porque la he imaginado en un mar en calma y no en un mar tempestuoso; porque la he despojado de esas molestas algas que, al enredarse entre las piernas, impiden avanzar; porque he dulcificado su natural salinidad; porque la he cubierto de esa blancura nívea que corona la cresta de las olas cuando, lejos de anunciar tormenta, se elevan risueñas, cristalinas, majestuosas. Porque, en definitiva, he comprendido que todo lo que hace zozobrar el barco de nuestra vida sin conseguir hundirlo, todo lo pensado, dicho y hecho bajo el influjo de una travesía melancólica, es sólo eso, "tristear": una sombra pasajera sobre la imensidad de un mar que promete ser mañana sereno, limpio, dulcemente salado, suavemente embellecido por ondas de agua que van y vienen, vienen y van...

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