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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡Quietos los paraos!

Ángel Morillo Triviño
Redacción
jueves, 13 de mayo de 2010, 08:35 h (CET)
Alarmante la subida del desempleo que recientemente hemos conocido. Parece una conjura empresarial para despedir y echar hasta que se haga su santa voluntad y el Gobierno les conceda ese contrato tan ventajoso para el “relevo” y sin trabas jurídicas que andan buscando con el falso argumento de dar solución con ello a la crisis.

Ya, en otra época de la Democracia -si es que se puede llamar a esto Democracia-, con el objeto de superar otra crisis, se establecieron los “contratos basura”, que iban a ser coyunturales y hoy aún perduran. Bueno…, no es que perduren, es que suponen la mayoría de las contrataciones, pero la patronal ni siquiera con eso se conforma. Quieren acrecencia, y más y más, aún a pesar de gozar ya del “relevo” más barato, obviamente, de la UE; y de que las cotizaciones sociales, en razón del paupérrimo salario de nuestro País, sean, así mismo, las más baratas de los Estados desarrollados. Y todo ello sin entrar a valorar las ayudas y subvenciones de que son perceptoras las empresas (y algunas “empresas” mucho más) por infinidad de motivos. Sí, más y más, sin entender que la avaricia rompe el saco y que el “relevo”, que no lo dude nadie, debilitará el consumo y éste, hundido, será su ruina, y sino al tiempo…, como le está pasando a la banca con la morosidad a que ha dado lugar, que, a modo de búmeran, les está hundiendo el negocio.

No es cierto pues, que la empresa lo esté pasando muy mal por culpa de la contratación tan inflexible y por los salarios tan abultados que cobran los trabajadores (los más bajos de la UE-15, sólo por encima de Portugal y Grecia, que ya sabemos todos en la situación en que se encuentran, sobre todo los griegos), pues sólo hay que darse una vuelta para comprobar lo que digo -¡ojo!, al que su bolsillo se lo permita- por las zonas costeras y cerciorarse de la cantidad de barcos (yates sobre todo) que hay, que, ni que decir tiene, no son todos de los trabajadores; o mirar cómo han aumentado (las estadísticas están ahí) las ventas de vehículos de lujo en nuestro País, que, por supuesto, no es sólo debido a la gran demanda que ha suscitado la clase trabajadora en general, y mucho menos, lógicamente, la clase media y media baja; o como ha cambiado no sólo eso de viajar por los sitios más exóticos (Hawái, Barbados, Mauricio, Bali, Seychelles, etc.) sino de, simplemente, viajar, que ya sólo está al alcance de unos pocos… y no trabajadores, precisamente, claro está.

No quiero, antes de seguir con este escrito, que se me quede en el tintero que, cuando hablo de empresas, en ningún modo me refiero a las microempresas (incluso ni tan siquiera, en muchos casos, a las PYMES) y a los autónomos, pues servidor considera a éstos como lo que son: trabajadores… por cuenta propia, evidentemente. Y aunque para Hacienda estén en entredicho por su baja declaración de beneficios, no se debe olvidar que son los que más empleo crean y los que más castigados están desde el punto de vista impositivo y fiscal y de los derechos sociales y laborales, amén de ser considerados, con argumentos peregrinos, como un gremio proclive a la defraudación sistemática. Pero, eso sí, si hablamos de ciertos profesionales liberales –que también son autónomos- la cosa cambia, y el Gobierno es el culpable por su poca valentía en intentar su desenmascaramiento social y en corregir su funesto elitismo.

Conforme. Visto lo visto, el paro por encima del 20%, creo, honestamente, que toda la culpa no es de los que, con su manera opresiva de gobernar, rigen este País, y sí de la clase política en general que no es capaz de llegar a un acuerdo –implicándose todos sin excepción- para dar respuesta (lo del Estado primero, luego mi cargo y mi profesión suena a ¡tururú!) a la economía sumergida, a las bochornosas horas extraordinarias (más de dos millones el pasado año) y al pluriempleo y, cómo no, a lo que pasa en ciertas regiones donde en el desempleo “no están todos los que son ni son todos los que están” y que los Alcaldes, si no temieran perder la “vara” y un salario con el que nunca habían soñado -junto a otras prebendas de difícil predicamento-, deberían denunciar.

No obstante, es de recibo, que no se llega a ningún sitio apretando las clavijas a los de siempre -puesto que de esa forma se contrae, inevitablemente, el consumo y así será difícil crear empleo- con medidas como la subida del IVA y el aumento de las tasas y los impuestos (por ejemplo el IRPF y ese otro impuesto que pagamos el 90% de los que tenemos automóvil mediante la correspondiente multa –unos 150 € de media al año- de los “cazadores de recompensa” de la Guardia Civil de Tráfico que esconden el radar en los sitios más inverosímiles para “mejorar nuestra seguridad”) y penalizando el ahorro (que podría valer si hubiera sido bien baremado) y no recuperando el impuesto de Patrimonio para que paguen “algo” los ricos y acaudalados y otros que no lo son tanto pero que tampoco pagan nada, entre ellos el enjambre de políticos que no hace mucho tenían lo puesto pero que ahora tienen más de lo que nos imaginamos, como es el caso, según parece, del Sr. Bono, que, como explica un magnifico articulista, comparte mesa con la alta burguesía y siempre antepondrá los intereses de ésta, por ser los suyos propios, a los de los trabajadores por los que en teoría está en política, y a los que en la práctica está traicionando (siendo lo más grave de todo que son mayoría los dirigentes obreros que gozan de la misma privilegiada situación económica del Presidente del Congreso). Además de que donde se acrecientan las desigualdades sociales -caso claro de nuestro País por lo anteriormente dicho- se disparan las tasas de violencia, de embarazos no deseados de jóvenes, de población carcelaria; los resultados escolares y el sistema de sanidad empeoran y llegan de manera fácil: los abusos de los monopolios empresariales y la banca (que cada minuto que pasa aumentan sus beneficios sin el más mínimo control estatal, y si no miren sus recibos del agua, la luz, el gas, el teléfono, etc. y las usureras comisiones de cualquier banco); el aumento cada día de la pobreza relativa y las canonjías incontables y sueldos bochornosos y comilonas a costa de morrongo y el despilfarro en coches y publicidad y propaganda de toda la clase política en general... Y no digamos ya si encima sumamos los recortes bancarios a la creación de empresas por aquello de la pescadilla que se muerde la cola (como el uróboros) y por el endurecimiento del crédito.

Mas, si, para colmo, sumamos a un bajo salario (que, como ha quedado patente en Grecia y lo hará pronto en Portugal, hunde el consumo y trae la bancarrota) la displicencia sindical, que parece estar en compadrazgo con el Gobierno (la UGT casi seguro) y mantiene a la gente quieta, bien se puede decir, como señaló ya hace tiempo Manuel Alcántara, porque viene al pelo: ¡Quietos los paraos! Que no se mueva nadie, nada de salir a la calle…, que hay que dar ejemplo de cordura y sensatez y no exigir en tiempos de crisis. Pero, con estos políticos, entre los que hay quien incluso justifica la corrupción como algo inherente a las Administraciones Públicas, que viven en la opulencia con todo gratis (ordenador, móvil, coche –y todos sus gastos inherentes-, manutención glotona, viajes en 1ª clase por todo el mundo y hasta vacaciones, etc., etc., etc.) ya no se puede aguantar más. Y para no caer en la anarquía de otras épocas hay que tomar, de una vez por todas, la calle y dejar claro que: si la empresa y el orden son muy necesarios para salir adelante, lo son mucho más los trabajadores y sus dignos salarios (no los de ahora, el SMI no llega a 650 € al mes, insuficientes y ridículos) y pensiones; al mismo tiempo que sus condiciones de contratación laboral y la proporcionalidad de sus impuestos y sus derechos a un estado del bienestar que no sea la farsa de hoy en día en la que solo lo viven la clase política, los capitalistas, las élites diversas, los banqueros y empresarios y algunos más.

Y, por último -esto por favor- que no se aproveche ni el Gobierno ni nadie del elevado número de desempleados para meter miedo y acallar cualquier crítica que conduzca a la necesaria “insurrección social pacífica”. Porque eso, sencillamente, rayaría en lo despótico y fascista del régimen anterior.

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