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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Se acabaron las ollas de Egipto!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 13 de mayo de 2010, 06:09 h (CET)
¡Dios mío, se produjo el milagro! Esta fue la primera impresión que tuvimos los ciudadanos de a pie al frotarnos los ojos y comprobar que, ciertamente, la Bolsa española había experimentado la espectacular y, hasta ahora nunca vista, subida de un 14’4%; después de una semana horríbilis de continuas caídas y descalabros de los valores bursátiles. Sin embargo, pronto nos dimos cuenta de que, como dice el dicho “no es oro todo lo que reluce” y que, detrás de esta machada europea de poner sobre el tapete 500.000 millones de euros y de “pedir” al BCE que ponga otros 250.000 millones, para redondear la mareante cifra de 750.000 millones de euros (124.789.500.000.000 de las antiguas pesetas); no existía otro objeto por parte del Grupo del euro que impedir que el mal griego se extendiese a Portugal y España como, por desgracia, los últimos vaivenes de las bolsas europeas daban a entender.

La señora Merkel ha recibido, por parte de sus paisanos, una seria advertencia con motivo de su prodigalidad en el rescate de los griegos y el descalabro de Renania, le ha significado a la señora canciller de Alemania la pérdida de la mayoría en el Bunderstag y, en consecuencia, la necesidad de pactar con otras formaciones los sucesivos pasos que quiera dar en defensa del euro. Lo curioso es que, en Alemania, ya parecen hartos de tener que apechugar, no sólo con sus particulares problemas económicos (un 60% de los alemanes ya desearían volver al antiguo marco), sino que, debido a la influencia que ejerce sobre ella el señor Sarkozy, la premier Ángela Merkel, se haya dejado arrastrar a asumir costosos compromisos de rescates en los que, la parte del león, en cuanto a la contribución económica a asumir, le corresponde a la nación alemana. Es obvio que, una caída del euro respecto a las divisas extracomunitarias, implicaría un empobrecimiento de la divisa europea y una señal de debilidad de la economía de la UE; cuando el percance griego ya tenía puesta, en Europa, la atención del resto de mercados mundiales. Si Portugal y España fueran pasto de la misma pandemia, la situación de la moneda y de la economía europea quedarían firmemente lastradas y la confianza de los inversores, que no especuladores, se retiraría de esta importante parte del mundo, para fijar su atención en mercados más fiables como los emergentes de China, Brasil o la India.

Este tour de force que parece ha querido imponer el Eurogrupo, no ha sido bien acogido por todos los estamentos comunitarios. El propio presidente del BCE ha estado reticente a comprometerse y sólo la presión de Alemania y Francia le ha hecho claudicar. Debemos tener en cuenta que, con esta operación, se están vulnerando los principios básicos de la Unión Monetaria, ya que la compra de deuda pública de otros países por el BCE está totalmente prohibida (recordemos la devaluación del dólar de los EE.UU. a causa de la compra masiva de activos tóxicos por parte de la Reserva Federal) por cuanto puede significar de devaluación indirecta de la moneda europea. Se dice que una compra masiva por parte de los bancos centrales europeos puede ocasionar tensiones inflacionistas y tener efectos negativos para la estabilidad de los precios, como afirmó el señor Axel Weber (candidato a suceder a Trichet en la presidencia del BCE), presidente del Bundesbank; y ya hay quien anuncia una inflación para Alemania de un 3% o un 4% como mínimo debido a los elevado déficit públicos.

En fin, si es que aceptamos que Alemania es la pieza fundamental de la unión monetaria europea y, por otra parte, nos fijamos en la creciente corriente que se está extendiendo por toda la ciudadanía alemana de desconfianza hacia Francia y hacia el euro, ya es hora de que nos preguntemos, ¿qué le ocurriría a Europa y al euro si Alemania decidiera retirarse de la unión y regresar a su moneda nacional, el marco? Y otra pregunta, ¿debe Europa aceptar a, pie juntillas, este liderazgo que se atribuye un señor Sarkozy, que ha descendido en la confianza de sus paisanos y que barre, sin el menor pudor, por los intereses de su propio país, Francia?

En cuanto hace referencia a nuestro país, es obvio que al señor Zapatero se le han acabado sus fanfarronadas, sus salidas de madre y sus improvisaciones, porque, contrariamente a lo que nos anunciaba sólo hace unos pocos días, cuando se negaba a recortar el gasto público a petición del señor Rajoy; ahora, la CE ya le ha dictado cual debe ser el rumbo que debe imprimir respecto a la contención del gasto público en España, y se le han marcado las pautas a las que deberá ajustarse a partir de este mismo momento, si es que quiere que el BCE y los demás bancos europeos le compren deuda pública a un interés razonable. En caso contrario, no lo duden ustedes, antes de que España pudiera perjudicar gravemente a la moneda europea, con una quiebra económica
(default); la CE tomaría las medidas pertinentes para expulsarnos de la moneda única. No es algo utópico ni es imposible que suceda porque, en Alemania, ya se ha hablado de expulsar a las PIIGS o programar unas quiebras controladas, en el caso de que alguna de dichas naciones amenazara o supusiera un grave peligro para el resto de Europa.

Otra cosa va a ser cómo se las van a arreglar los del Ejecutivo para, como anunció la señora Salgado, poder llevar a cabo un recorte de más de 15.000 millones de euros entre este ejercicio y el que viene. Un 0‘50% 0 un 1% pueden parecer poca cosa pero, para un país que sigue con casi cinco millones de desocupados ( incluidos los que hacen cursillos de formación, los que piden un determinado tipo de empleo y los que no se han registrado en las oficinas del INEM) que, hasta ahora, hemos tenido al Gobierno preso de los Sindicatos y que ha deshecho toda una red de pequeñas y medianas empresas precisas para recobrar nuestro pulso económico; un Gobierno que, sistemáticamente, ha engañado a los trabajadores prometiéndoles lo que no estaba en condiciones de darles y que no ha querido emprender las reformas que se le han sugerido desde Bruselas y otros estamentos de la economía y de las finanzas, especialmente la reforma laboral; habrá que ver cómo se las componen para decirles a los funcionarios que se aprieten el cinturón; que se les comunique a los Sindicatos que reduzcan sus gastos y que envíen a trabajar a los 300.000 “liberados” que viven de la mamandurria estatal; que se reduzcan los 300 asesores del Gobierno o que se envíe al paro a todos los paniaguados que han metido en las administraciones, por pertenecer a los partidos gobernantes o se le tenga que decir, al señor Montilla, que se ha acabado el chorro de subvenciones y que, ahora, pintan bastos y hay que beber de gota en gota. Y, sin olvidarnos, del trabajo que van a tener cuando obliguen a trabajar a los 3.000.000 de funcionarios que están acostumbrados a ir a medio gas a que trabajen.

Un momento difícil. Un momento preocupante porque, mucho nos tememos, que no van a ser los políticos quienes se bajen el sueldo ni que se obligue a los bancos (los grandes beneficiarios de las ayudas estatales) a contribuir con sus beneficios a paliar la deuda pública ( en estos momentos superior a los 694.000 millones de euros) ni que se retiren las escandalosas subvenciones a los de la farándula y al cine o se obligue a los defraudadores a que devuelvan el dinero robado;: no señores, lo que va a ocurrir será que, quienes vamos a tener que soportar toda la carga del ajuste del gasto seremos los ciudadanos de a pie. Este es el triste resultado del gobierno socialista de ZP.

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