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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

Robin Hood el proscrito

Raffa Ávila
Redacción Siglo XXI
@DiarioSigloXXI
miércoles, 12 de mayo de 2010, 04:09 h (CET)
Contaban los trovadores, bardos y juglares que, según la leyenda, un hombre bondadoso y gentil, diestro arquero, apuesto para las damas y héroe para los muchachos, desplumaba los tesoros de los ricos para servírselos a los pobres. La historia nos dice que Robin Hood forma parte de la idiosincrasia folclórica anglosajona a la altura de mitos como nuestro Cid Campeador, el francés Roland o el propio Beowulf, pero, por supuesto, no tan reflejada en los fabulosos Cantares de Gesta medievales como éstos. Se dice, aunque no está probado, que Robin de Loskley vivió en el siglo XIV. Las primeras referencias literarias se sitúan en el siglo XV, pero es con la obra de Alejandro Dumas en 1863, El Príncipe de los Ladrones y Robin Hood el Proscrito, cuando se conforma en torno al mito un escenario novelesco de entidad.

Robin de los bosques ha sido fuente de inspiración para el séptimo arte en más de 30 títulos cinematográficos y series de televisión. Quizás destaquen dos por encima del resto: “Las aventuras de Robin Hood” de 1938, con Errol Flyn como estrella, y “Robin Hood, príncipe de los ladrones” en 1991 con Kevin Costner y Morgan Freeman como protagonistas. Ahora, en esta nueva andanza, la historia del ladrón de Sherwood toma un nuevo giro.

Ridley Scott, el director de obras maestras del cine como “Alien” o “Blade Runner” estaba rodando “American Gangster” cuando le propusieron la dirección de un nuevo proyecto que Russel Crowe estaba dispuesto a protagonizar. Así, la nueva versión de Robin Hood supone una nueva colaboración después de “Gladiator”, “Un buen año”, “Red de mentiras” y la citada “American Gangster”. Scott se encuentra cómodo en la épica histórica tras dirigir la penitencial vida de Maximus Decimus Meridius, y ahora, toma el mando de una película diferente con una visión particular y novedosa del relato.

La nueva Robin Hood detalla las aventuras un experto arquero, Robin Longstride (Russell Crowe), al que sólo le interesa proteger su vida mientras estaba al servicio del rey Ricardo Corazón de León (Danny Huston). Cuando éste muere, Robin y los Merry Men (alegres compañeros) vuelven a Inglaterra. Los miembros de la banda son Little John (Kevin Durand), Will Scarlet (Scott Grimes), y el juglar Allan A’Dayle (Alan Doyle). El país vive ahogado por los impuestos declarados por el incipiente rey Juan (Oscar Isaac), el histórico Juan Sin Tierra. El nuevo rey desoye al consejero Sir William Marshal (William Hurt) y pone en contra de la corona a todos los señores de Inglaterra. Además, el reino deberá superar la traición de Sir Godfrey (Mark Strong), aliado de los franceses. En medio de la historia subyace el encuentro con Lady Marian (Cate Blanchett) y Sir Walter Loxley (Max Von Sydow) que ayudarán a Robin a encontrarse a sí mismo.

Así que Robin Hood narra tres historias en una sola película. La primera es, por supuesto, la vida de Longstride, su huída del ejército, el encuentro y la historia de amor con Marian y el liderazgo que protagoniza al frente de las tropas para frenar la invasión francesa. La segunda historia es la de un país en ruinas. Las interminables guerras lo han debilitado y corre el riesgo de una sangrienta guerra civil. La población, encabezada por los señores nobles, obligará al rey a firmar una Carta Magna de libertades y derechos. Tras la novela de amor y la faceta histórica, la película se completa con un tercer factor, el bélico. Cuando el rey Ricardo regresa de las Cruzadas, decide cobrarse el rescate obligado a pagar a Francia cuando éste le mantuvo prisionero saqueando villas y ciudades. Cuando Corazón de León fallece, Francia se alía con un Sir amigo del nuevo rey para tramar una invasión aprovechando el agotamiento y lasitud de Inglaterra.

He aquí que cuando la cinta, tras dos horas y media, finaliza, sitúa los personajes justo donde empiezan las otras películas que se han hecho de este personaje y que todos recordamos. Es decir, no resulta descabellado pensar que la nueva versión podría colocarse, entre comillas, alterada con un discordante cristal como una pre-cuela, por ejemplo, del filme de Kevin Reynolds, el Robin Costner, príncipe de los ladrones.

Un guión aceptable pero no redondo construido por Brian Helgeland encumbra al reparto artístico donde destacan tres figuras por encima de todas. Blanchett que borda una Marian protagonista y guerrera. Von Sydow, que cumple con creces a sus 80 años. Y Mark Strong, un magnífico actor de teatro al que ya hemos visto recientemente en “Red de mentiras” o “Sherlock Holmes”. Y con un buen guión nos fiamos de la dirección de Scott que conduce de una manera sobria y segura. El resto de elementos técnicos y artísticos son dignos, incluido Crowe, que no mejora la actuación de “Gladiator” o “Una mente maravillosa”.

En referencia a la película de gladiadores, se presume la misma misión que en ésta para los recuerdos del protagonista Crowe en los flashbacks de la infancia durante la película. Un recurso que no consigue el mismo efecto. Como detalle mordaz cabe mencionar la insulsa y, apenas cogida con hilos, referencia a los chicos furtivos que pueblan los bosques de Sherwood. Éstos son fruto de la crisis económica y las penurias familiares y conforman el germen de la banda de ladrones que Hood encabezará en el futuro. Otra referencia a tener en cuenta es la poca participación de un actor tan importante en el imaginario histórico de la leyenda y de otras películas de Robin Hood, como es el Sheriff de Nottingham, que aquí se muestra de manera perjudicialmente anecdótica. Chirriante también resulta que el honor y el orgullo de un país pueda ser defendido por no más de 300 arqueros y jinetes en un acantilado que nace sobre una pequeña playa donde Scott trata de emular el desembarco de Normandía de “Salvar al soldado Ryan” con más pena que gloria. Seguro que producción necesitó más personal humano para rodarla que figurantes aparecen en pantalla. Frustrante pues la última parte, la más floja de la cinta.

Ridley Scott firma una entretenida pero poco brillante versión del mito. Una figura idealizada que no deja de ser un proscrito desertor guerrero que de manera egoísta vela por sus intereses. Pero un hombre bondadoso y justo que peleará contra la infamia y la tiranía.

Clasificación: FFF (En una escala de 1F a 5F).

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