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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Lecciones Tory para republicanos

E. J. Dionne
E. J. Dionne
miércoles, 12 de mayo de 2010, 04:01 h (CET)
WASHINGTON -- "Hay algo más que tiene que saber de mí", declaró el joven político serio, "que es que estoy convencido de que la prueba de fuego de una sociedad buena y fuerte es la forma de cuidar a los más vulnerables, los más frágiles y los más pobres".

Este adorable sentimiento de sinceridad progresista fue parte de la declaración de cierre de David Cameron, líder del Partido Conservador de Gran Bretaña, en el último debate de la semana pasada antes de las elecciones del jueves. Y tras un agitado inicio de campaña, Cameron encabeza ya las encuestas y puede ser el próximo primer ministro.

Compare el esfuerzo deliberado por parte de Cameron por llegar a los votantes que, en sus propias palabras, tienen "idealismo e ideales progresistas grabados en su ADN" con lo que está sucediendo dentro del Partido Republicano.

En el actual Partido Republicano, alguien como Cameron sería condenado como un vendido al gobierno y enterrado bajo una montaña de protestas fiscales. Al mismo tiempo que llegaban las noticias de Gran Bretaña del retorno de Cameron cortesía de sus esfuerzos por descontaminar la marca del Partido Conservador, la noticia aquí era la decisión del Gobernador de Florida Charlie Crist de abandonar a los Republicanos y presentarse al Senado como independiente.

Por supuesto hubo intereses en juego. Crist habría perdido probablemente las primarias del partido del que acaba de salir frente al conservador Marco Rubio. Pero también esa es la idea. A diferencia de los conservadores británicos, nuestros Republicanos expulsan a los políticos de la variante de Crist en cuanto pueden. Cuando un conservador de credenciales tan sólidas como el senador de Utah Bob Bennett corre peligro de serle negada la candidatura de nuevo, es sabido que los Jacobinos de la derecha están en pie de guerra.

También está esto: El tono de indignación, inflamable y a veces racista que se proyecta en las concentraciones del partido -- y en cualquier legislación como la ley "de inmigración" de Arizona, para no arriesgarse a parecer hispano -- está empezando a dar a los Demócratas verdaderas esperanzas de poder evitar una catástrofe electoral este otoño.

Ningún Demócrata sensato que espera que sea un buen año. Pero a medida que el Partido Republicano se acerca más a los márgenes, más fácil es para los Demócratas recuperar al votante medio que desde la elección del Presidente Obama se ha desencantado.

"Toda esta exageración y escándalo y movimientos de protesta fiscal que los Republicanos están explotando les está llevando al límite", decía la pasada semana el Representante Earl Blumenauer. El Demócrata de Oregón de mentalidad independiente no es dado a las manifestaciones partidistas, pero considera que la postura extrema de los Republicanos combinada con "la insensatez de lo que está sucediendo en Arizona" tendrá el potencial de cambiar la trayectoria política del año que viene.

Los Republicanos, a juzgar por mis entrevistas, empiezan a inquietarse porque el enfoque puramente negativista de las elecciones de este otoño sea insuficiente para conducir al partido a una victoria clara. Eso ayuda a explicar el motivo de que el secretario de los Republicanos en la Cámara John Boehner acudiera a la radio pública (y no al programa de Glenn Beck) para prometer que el Partido Republicano va a ser algo más que un gran número de signos de admiración tras la palabra "no".

"Tenemos un proyecto en marcha que la gente verá pronto", decía Boehner, "que va a involucrar al pueblo estadounidense en ayudarnos a desarrollar nuestra agenda que si tenemos la suerte suficiente implantaremos lograda la mayoría en noviembre". Por supuesto había negatividad hasta en lo positivo, puesto que reconocía que parte de su enfoque consistía en derogar y reemplazar la reforma sanitaria aprobada este año.

La locura de Arizona es un buen ejemplo de los esfuerzos de los Republicanos por rescatar a los Demócratas. La nueva ley del estado, sacada adelante por los Republicanos de la legislatura y aprobada por la gobernadora Republicana del estado, obligará a la policía a interrogar a cualquiera del que haya "duda razonable" de tratarse de un sin papeles.

Es tan radical que hasta un conservador tan declarado como Jeb Bush salía en su contra por plantear "cuestiones de libertades civiles" que son "significativas". Pero muchos en su partido (incluyendo tristemente al Senador John McCain) apoyan la medida o, como en el caso del Representante Eric Cantor, coordinador Republicano en la Cámara, se niegan a tomar parte.

Ello dice mucho de cuando los políticos son obligados a suscribir lo que saben erróneo por las presiones internas de sus formaciones. Y como cuestión política, los Republicanos acaban de dar un gran empujón a los Demócratas al recordar a los latinos el motivo de que sea importante votar este otoño.

En Gran Bretaña, el Partido Laborista del Primer Ministro Gordon Brown intenta mantener el tipo insistiendo en que los cambios de Cameron en el Partido Conservador son puramente cosméticos. Los Demócratas no tienen ese problema. Aquí, los Republicanos moderados están siendo obligados a ponerse maquillaje de derechas sólo para sobrevivir. O, como hace Charlie Christ, deciden ir con la cara lavada y marcharse.

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