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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Brown se va. El poder del rey Clegg

Isaac Bigio
Isaac Bigio
martes, 11 de mayo de 2010, 05:53 h (CET)
El primer ministro Gordon Brown acaba de anunciar que en Septiembre, cuando su partido tenga su conferencia anual, el laborismo debería ya tener designado a un nuevo líder. Esto implica que él hoy solo aspira a seguir en el gobierno no más de 4 meses.

Tal anuncio es algo que facilitará ampliamente las conversaciones entre liberales y laboristas. Nick Clegg, el líder de los liberales, había a firmado durante toda la campaña que él no creía correcto que su partido integrase el gabinete de un primer ministro que perdiese los comicios.

Brown, al auto-sacrificarse, busca salvar a su partido y abrir un puente para la única opción que le queda a los ‘rojos’ para seguir rigiendo al país; una alianza con los ‘amarillos’.

Al emularse Brown, también, intenta evitar que su archi-rival David Cameron sea quien le remplace en el poder.

Los liberales, pese a que no han conseguido ni el 9% del parlamento, se han convertido en el gran elector del nuevo gobierno. Clegg sabe que él no puede ser el nuevo primer ministro pero el quiere utilizar el poder que tiene de ser quien tiene la balanza del poder para jugar entre los conservadores y los laboristas.

Primero se aproximó a los conservadores a quienes les fue presionando para que adopten una serie de reformas que le convenían e incluso les ha ido sacando el compromiso de poder estudiar la posibilidad de reformar el arcaico sistema electoral británico por uno que incluya dos rondas en un voto y evite que los partidos minoritarios prácticamente queden fuera del parlamento.

Cuando la prensa anunciaba la inminencia de un pacto conservador-liberal, Brown, desesperado, les hace una nueva concesión.

De esta forma los liberales sienten que vienen acicateando a sus dos rivales para obligarles a que vayan acercándoseles y aceptando una reforma del sistema electoral (algo que si no lo logran hacer nunca más podrán volver al poder).

Clegg es hoy el rey de la política británica. El partido que siempre cuestionó un sistema tan antidemocrático y monárquico de elección (en el cual ni el jefe de estado ni la cámara alta son electas y la cámara baja es nominada sin ninguna forma de representación proporcional) ha terminado siendo la minoría que dirige a la mayoría.

Hoy los liberales pueden jactarse de que ellos, a pesar de haber quedado terceros, estarán en el nuevo gobierno. Una posibilidad es con conservadores a quienes desafilado y otra es con un laborismo a quien habrán descabezado.

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