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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La espiral de muerte del Estado del bienestar

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
martes, 11 de mayo de 2010, 05:36 h (CET)
WASHINGTON - Lo que estamos viendo en Grecia es la letal espiral del estado del bienestar. No es un problema exclusivo de Grecia, y por eso la crisis ha sacudido los mercados bursátiles y amenaza la recuperación económica. Prácticamente todas las naciones avanzadas, incluyendo Estados Unidos, se enfrentan a la misma posibilidad. A la población que envejece se le han hecho grandes promesas de prestaciones sanitarias y pensiones de jubilación, que los países no tienen totalmente cubiertas con los impuestos. El ajuste de cuentas ha llegado a Grecia, pero espera a la mayoría de sociedades ricas.

A los estadounidenses no les gusta el término "estado del bienestar" y lo sustituyen por el término más amable de "derechos sociales". El vocabulario no altera la realidad. Los países no pueden gastar más de lo que tienen y endeudarse más allá de sus márgenes de forma indefinida. Al aplazar las difíciles decisiones del gasto y la política fiscal, los gobiernos se meten en un callejón sin salida. Sin duda, la situación de Grecia se suele describir como la crisis europea - especialmente para el euro, la moneda común utilizada por 16 países - y es cierto. Pero sólo hasta cierto punto.

Las monedas y billetes del euro se introdujeron en circulación en el año 2002. La divisa claramente no ha cumplido sus expectativas. Se suponía que iba a lubricar el crecimiento económico más rápido, al eliminar el coste y la confusión del constante cambio entre las divisas nacionales. Más importante aún, iba a promover la unidad política. Con una moneda común, la gente se sentiría "europea". Identidades como alemanes, italianos o españoles se fundirían gradualmente en una identidad continental.

Nada de esto ha sucedido. El crecimiento económico registrado en la zona "euro" (los países que utilizan la moneda) alcanzó de media un 2,1 por ciento desde 1992 hasta 2001, y un 1,7 por ciento de 2002 a 2008. Tener múltiples divisas nunca fue un gran obstáculo para el crecimiento; los elevados impuestos, las regulaciones rígidas y los subsidios generosos generalizados sí. En cuanto a la unidad política, el euro divide ahora a los europeos. Los griegos provocan disturbios. Los países que extienden 145.000 millones de dólares en préstamos a Grecia - en particular los alemanes - acusan los costes del rescate. Una moneda única no podría aunar identidades nacionales mucho más de lo que beber Coca-Cola puede hacer sentirse estadounidense a la gente. Si otros países del euro (Portugal, España, Italia) sufren la misma suerte de Grecia - perder la confianza del mercado y no poder endeudarse a tipos plausibles - habrá una crisis más amplia.

Pero la causa central no es el euro, incluso si ha significado que Grecia no puede depreciar su moneda para aliviar los dolores económicos. Los déficit presupuestarios y la deuda son los problemas reales; y se derivan de todas las prestaciones del estado del bienestar (seguro por desempleo, asistencia a la tercera edad, seguridad social) que los gobiernos modernos proporcionan.

Países de todas partes ya tienen altos déficit presupuestarios, agravados por la recesión. Grecia es excepcional sólo por su grado. En 2009, su déficit presupuestario fue del 13,6 por ciento de su producto interior bruto (una medida de su economía); su deuda, la consolidación de los déficit de los ejercicios anteriores, fue del 115 por ciento del PIB. El déficit de España del 11,2 por ciento del PIB, su deuda del 56,2 por ciento; las cifras de Portugal son 9,4 por ciento y el 76,8 por ciento. Las cifras comparables de Estados Unidos - calculadas de forma ligeramente diferente - fueron un 9,9 por ciento y el 53 por ciento.

No hay reglas estrictas de lo que es excesivo, pero los mercados financieros - los bancos y los inversores que adquieren títulos de deuda pública - están evidentemente preocupados. El envejecimiento de la población agrava el pronóstico. En Grecia, la población de 65 años en adelante se proyecta que pase del 18 por ciento del total en 2005 al 25 por ciento en 2030. En el caso de España, el aumento es del 17 por ciento al 25 por ciento.

La letal espiral del estado del bienestar consiste en esto: casi cualquier cosa que hagan los gobiernos con sus presupuestos amenaza con empeorar las cosas reduciendo el ritmo de la economía o provocando una recesión. Al permitir que el déficit prolifere, se arriesgan a una crisis financiera en cuanto sus inversores un buen día - nadie sabe cuándo - duden de la capacidad de los gobiernos de extinguir su deuda y, como en Grecia, se nieguen a prestar salvo a tipos exorbitantes. Recortar las prestaciones sociales o subir los impuestos, todo, al menos temporalmente, debilita a la economía. Perversamente, eso hace más difícil la financiación de las restantes prestaciones.

Grecia ilustra la relación. Para obtener préstamos de otros países europeos y el Fondo Monetario Internacional, se adhirió a la austeridad presupuestaria. La pensión media se reducirá un 11 por ciento; los salarios de los funcionarios un 14 por ciento; el tipo base del impuesto sobre el valor añadido subirá del 21 al 23 por ciento. Estas medidas van a hundir a Grecia en una profunda recesión. En 2009, el paro era del 9 por ciento; algunos economistas esperan que alcance su máximo en las inmediaciones del 19 por ciento.

Si sólo unos pocos países se enfrentaran a estos problemas, la solución sería fácil. Los países en desgracia recortarían presupuestos y reanudarían el crecimiento exportando a las naciones más saneadas. Pero los países desarrollados representan alrededor de la mitad de la economía mundial; la mayoría tienen estados del bienestar más allá de sus posibilidades. Pueden desactivar los riesgos limitando paulatinamente las futuras prestaciones de forma que tranquilicen a los mercados financieros. En la práctica, no han hecho eso; de hecho, el programa sanitario del Presidente Obama amplía las prestaciones. ¿Qué pasa si todos estos países son empujados a la situación de Grecia? Una respuesta - otro batacazo económico mundial - explica por qué holgazanear es tan peligroso.

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