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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Al encuentro con la mujer salvaje

María Cicuéndez
Redacción
lunes, 10 de mayo de 2010, 06:47 h (CET)
Cuenta una leyenda que los dioses del Olimpo escondieron la felicidad allí donde a los hombres les costara muchísimo encontrarla. Un lugar, que el fondo, fuera tan evidente que pasara desapercibido, el corazón de las personas.

Al hilo de esta adivinanza, en su libro Mujeres que Corren con los Lobos, la escritora Clarissa Pinkola incita a encontrar en el interior, esa voz de la intuición, Yo instintivo, innato, que ella denomina “mujer salvaje”.

“Si las mujeres la han perdido, cuando la vuelvan a encontrar, pugnarán por conservarla para siempre. Una vez que la hayan recuperado, lucharán con todas sus fuerzas para conservarla, pues con ella florece su vida creativa, sus relaciones adquieren significado, profundidad y salud”, según explica la autora de origen mexicano-español en el citado libro.

Es interesante observar que las características de esta esencia femenina en estado puro, no corresponden con los mensajes de “mujer fatal”, que lanzan las campañas de publicidad a través de los medios.

“La mujer salvaje” ha sido condenada a lo largo de la historia porque se le ha considerado demasiado poderosa, y por tanto temible por su gran fuerza interior.

A “la mujer fatal”, que venden las campañas de marketing, se le atribuye su poder a través de atributos externos, sea su cuerpo voluminoso, su ropa interior, tal crema o colonia con efectos afrodisíacos extasiantes, o por X coche con nosecuantos caballos desbocados ante su poderío sexual.

Tal bombardeo diario de mensajes mediáticos sobre cómo deberíamos ser las mujeres, sólo puede producir enfermedad, física o psíquica, confusión y debate entre lo que una mujer intuye que es realmente, y en lo que le dicen que debería convertirse. Siendo esto causa de enfermedades tan comunes como ansiedad, depresión, anorexia y bulimia, entre muchas otras.

Esta realidad afecta a todas las edades, desde las niñas obsesionadas en convertirse en una Barbie de carne y hueso, imitando a las actrices de “Un High School Musical”, que en nada se parece a sus respectivos colegios. A adolescentes luchando por definir su identidad, y a mujeres adultas intentando aceptar sus canas y arrugas como un proceso natural de la vida, como símbolo de la sabiduría, en lugar de una despreciable senectud.

Es evidente, por tanto, que tal y como está establecida la sociedad actualmente, la mujer tiene que hacer un esfuerzo por conectar con su “mujer salvaje”, ya que las exigencias personales, familiares, laborales y sociales, no suelen facilitar esta comunión con una misma. Según el Tao, las personas tiene que encontrar momentos de no hacer nada…………… en absoluto………… para poder realmente escucharse.

Con esta búsqueda persona, he asistido a reuniones de mujeres denominadas “Círculos”. En estos encuentros, se pretende, facilitar un espacio de escucha de la esencia femenina a través de la naturaleza, del baile, del canto, del intercambio de impresiones y otras formas de expresión del alma.

Respetando la confidencialidad de las confesiones de las mujeres que he escuchado, podría revelar, el enorme anhelo de encontrar esa “mujer salvaje” y vivir de acorde a ella, a una misma. En lugar, de sentir tener que adaptarse a las viejas creencias de cómo debería ser la vida de una mujer, y las imposiciones que esto representa.

Muchas de las mujeres que he encontrado en reuniones de esta índole, reconocen no tener roles precedentes que les sirva de modelo, de guía, para vivir en sintonía consigo mismas.

Tribus ancestrales de todas las culturas del planeta celebraban reuniones de mujeres donde estas aprendían de sus respetadas ancestras, algo que, hoy en día, ha dejado de ser tan accesible. Las conversaciones entre mujeres de diferentes edades, parte de la misma familia y sangre, son tristemente, en muchos casos, inexistentes, perdiéndose la transmisión de la cadena de sabiduría por generaciones.

La recuperación de estos encuentros, facilitaría que no se repitieran los mismos errores de los ancestros, algo que si se observa detenidamente en el árbol genealógico de cada cual, suele ser un factor repetitivo en casi todas las familias.

De nuevo, hay que forjarnos nuestro propio camino, en comunión con, la mejor aliada, nuestra “mujer salvaje”, que nos guiará a través del laberinto de la Vida hacia esa felicidad interior que escondieron los dioses en el corazón humano.

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