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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El comercio de Eguibar

Manuel Villena (Granada)
Redacción
lunes, 10 de mayo de 2010, 06:45 h (CET)
El Sr. Eguibar, dirigente del PNV, ha manifestado que las empresas vascas deben dejar de vender a España, por que es un lastre. Con estas declaraciones denota que es un fiel seguidor de los principios que marco el fundador de su partido, Sabino Arana. No voy a repetir, por ser conocidísimos, ningunos de sus excluyentes principios. Sí voy a transcribir literalmente lo que escribió a su hermano y colaborador en sus últimos tiempo: “Mi consejo es este: hay que hacerse españolista y trabajar con toda el alma por el programa que se hace con ese carácter.”

Así que a la espera que, como fiel seguidor de la filosofía de su fundador, reconsidere sus excluyentes pensamientos, yo seguiré comprando productos vascos. Y si le molesta más me alegraré.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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