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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Toni Leblanc

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 10 de mayo de 2010, 05:55 h (CET)
Es posible que, para los jóvenes de las últimas generaciones, el nombre de este gran artista, que fue y que es, el señor Tony Leblanc, no tenga un significado especial. Puede que estos jóvenes que están viviendo, a velocidad supersónica, estos tiempos de bips, transitores, rayos láser, aceleradores de protones, viajes espaciales y trasplantes de órganos; no hayan tenido tiempo para bucear en las cinematecas para ver los más de 60 títulos que este actor español interpretó en aquellas entrañables películas de la posguerra, tantas veces menospreciadas por aquellos que no han conocido las penurias de aquellos años y el mérito de unos artistas que, como Tony Leblanc, supieron sacar oro de unas cintas realizadas con presupuestos irrisorios, con medios materiales ínfimos y en un ambiente propio de un país que acaba de sufrir una cruenta guerra civil, cuyas cicatrices todavía manaban la sangre del más de medio millón de caídos en el frente y, los rencores, entre ganadores y vencidos, a flor de piel; mientras el país soportaba una escasez generalizada de medios de subsistencia, de materias primas, de comercios y de industrias que pudieran proporcionar trabajo a todos aquellos que habían perdido tres o más años de su vida a causa de la guerra.

Para los jóvenes de aquellos tiempos, los que nos tuvimos que adaptar a las limitaciones del momento, los que vivimos de cerca las consecuencias de la contienda y aquellos que debimos inventarnos los sustitutivos, a lo que hoy es la súper saturación de diversiones con las que cuentan nuestros descendientes; para suplir, con imaginación, las carencias de entretenimientos y diversiones que nuestra adolescencia nos pedía para redimirnos de la tristeza en que estaban instalados nuestros mayores. Una de las escasas expansiones que nos quedaban, uno de los entretenimientos a los que acudíamos, masivamente, jóvenes y mayores, por un módico dispendio de dos reales de peseta, era acudir a los cines de entonces, donde podíamos gozar de la visión de dos películas, eso sí en blanco y negro, de dudosa calidad fotográfica y con abundantes interrupciones, debidas a los constantes cortes de luz ocasionados por unas centrales eléctricas que carecían de suficiente combustible para poder atender a la demanda de aquellos tiempos que, con ser poco importante, aún así era excesiva para los medios de los que se disponía.

La labor de aquellos abanderados de la pantalla; su entrega, su esfuerzo interpretativo; su buen hacer y su talento conseguían que la sonrisa y aún las carcajadas alegraran aquellas salas en las que por unas horas todos dejábamos fuera las tristezas para desinhibidamente entregarnos al placer que aquellos cómicos nos proporcionaban. Entre ellos destacaban un espléndido José Isbert; un siempre eficiente Antonio Casal; un, un tanto alechuguinado, Rafael Durán; una Josita Hernán ( un magnífico papel en la Tonta del Bote); la magnífica Aurora Bautista ( excelente en su papel de Juana la Loca); un Alfredo Mayo, eterno intérprete de películas bélicas; un excelente e insustituible Manolo Gómez Bur o un incombustible Antonio Ozores; y, descollando entre esta pléyade de talentos, el gran cómico, el responsable de que el público se desternillase de risa en sus asientos, viendo sus parodias, sus muecas y sus momentos sentimentales que, el gran artista Tony Leblanc, nos proporcionaba con su talento. Un hombre que nació en el Museo del Prado de Madrid y que supo captar, con especial clarividencia, el espíritu del Madrid castizo, todo el duende y la sensibilidad de la canalla, lumpen y picaresca de los sectores más marginados de la capital; que supo absorber y trasmitir a la audiencia, a través de sus magistrales interpretaciones.

A su españolidad, nunca puesta en cuestión, expresada en este magnífico pasodoble que nos legó a los que amamos la patria, titulado “Cántame un pasodoble español”,este actor ha sabido mantenerse, aún en circunstancias dramáticas para él y su familia, entre las personas más respetadas de este variopinto, a veces idealizado, siempre cuestionado y demasiado escorado hacia determinados extremismos políticos, mundo de los comediantes que, en su especial circunstancia, sí se le puede y debe considerarlo como un verdadero representante de la cultura. Castigado por las enfermedades y salvado milagrosamente de un aparatoso accidente, del que apenas consiguió salir con vida, el señor Leblanc, supo mantenerse alejado de sus actividades en el mundo de la cinematografía y del teatro, con toda la modestia de un hombre de casta, con la entereza de un caballero y con la paciencia de un santo Job. Antes, no obstante, nos dejó dos películas como testimonio de su arte, fueron: “El Astronauta” y un remake de Rafael Gil “El hombre que se quiso matar”. Se retiró del cine en 1975.

Un hombre que supo triunfar en Televisión de la que fue uno de sus pioneros. Interpretó diversos programas de gran éxito en los que dejaba la impronta de su versatilidad como actor cómico y su saber hacer en las tablas, sobre las que siempre se sintió seguro y dominador. No vamos a mencionar todos los programas que protagonizó, porque no es esta la intención de este articulista, más interesado en resaltar la faceta humana del personaje que de hacer una ontología de sus actuaciones cinematográficas o televisivas. Otra faceta que queremos resaltar de Toni Leblanc es la de verdadero coleccionista de títulos, premios y galardones que han llenado las estanterías de su casa de trofeos, merecidos sin duda, y que dejan constancia de una carrera difícilmente superable que comenzó de niño para mantenerse hasta ahora cuando, esporádicamente, colabora en programa como “Cuéntame como pasó” demostrando que la edad no es óbice para que, un buen actor, deje caer estas gotas de sabiduría interpretativa que hacen que los espectadores disfruten del momento como una mujer lo hace inhalando su perfume favorito.

Tony Leblanc ha hecho de todo: ha dirigido, actuó de boy con Celia Gámez; ha hecho teatro, cine, revista, TV, también ha sido guionista y ha representado obras de infinidad de autores y participado en películas inolvidables como “Los últimos de Filipinas”. Recientemente ha recibido un gran homenaje de la Comunidad de Madrid con motivo de su próximo cumpleaños (88) y 80 entregados a su profesión. ¡Bravo y gracias, señor Leblanc, usted tendrá siempre un puesto reservado en el corazón de aquellos que hemos tenido el placer de verle actuar en sus películas, larga vida!

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