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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Análisis de las elecciones y del sistema británico

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 8 de mayo de 2010, 07:12 h (CET)
Impasse británico
Los conservadores sacaron el 36% de los votos y 306 de los 650 MPs (Miembros del Parlamento), lo que implica que han obtenido un 47% del parlamento.

Los laboristas obtuvieron el 29% de los votos y 258 MPs (casi el 40% del parlamento).

Los liberales consiguieron el 23% de los votos y 57 MPs (casi el 9% del parlamento).

Los conservadores solo podrían llegar al gobierno si el primer ministro Gordon Brown y para ello deberían buscar un acuerdo con los liberales, ya sea invitándolos al gabinete o pidiéndoles que, al menos por un tiempo, no les veten.

Los laboristas solo podrían conservarse en el poder formando una amplia coalición anti-conservadora.

Para ello les es fundamental formar un bloque ‘progresista’ con los liberales. No obstante ello no sería suficiente pues una unión de los ‘libs’ con los ‘labs’ solo suma 315 MPs (11 menos de la mayoría absoluta que es 326).

Los MPs que les faltasen deben buscarlos en partidos menores que están entre el centro y la izquierda: 6 del Partido Nacionalista Escocés (SNP), 3 del Partido de Gales (Plaid Cymru), 3 del Partido Laborista y Socialdemócrata de Irlanda del Norte, 1 de los verdes y 1 de la Alianza (partido hermano de los liberales en Irlanda del Norte).

Hay 9 MPs unionistas en Irlanda del Norte. Esta corriente es parte de la derecha pero el partido unionista aliado a los conservadores no sacó un solo parlamentario y los que han sido electos no tienen el peso para garantizar una mayoría absoluta para los conservadores o la voluntad para integrarse a un gabinete ‘tory’.

Los nacionalistas republicanos irlandeses del Sin Feinn (ligados al desarmado IRA) han ganado 5 curules, pero ellos nunca se han sentado en ellos en protesta por lo que dicen que su patria viene siendo ocupada por el Reino Unido. Esto deja que el verdadero 50% + 1 del parlamento no sea 326 sino 323 de sus miembros . Esto implica 8 menos de lo que un bloque lab-lib precisa pero que puede conseguir en partidos menores y 16 a 17 de lo que precisa el conservadurismo, aunque no puede conseguir aliado alguno que le permita llegar a tal monto a menos que sea el liberalismo.

El sistema británico está en crisis en momentos en que la crisis económica se agrava.

Hoy por hoy la primera palabra para ver si Brown sigue en el poder o si Cameron le ha de remplazar la tiene el líder liberal Clegg quien ha de vender caro su compromiso.

Mientras tanto tres cosas pueden quedar muy probables:

1) El nuevo gobierno puede que no dure mucho (incluso que se repita la situación del anterior parlamento sin mayoría que fue en 1994 y que no llegue ni a un año de término).

2) El Reino Unido entra a un periodo de coaliciones entre partidos (cosa inusual en su historia).

3) El país se moverá a cambios constitucionales y a nuevas formas de representación parlamentaria.

King Clegg decide
Las elecciones británicas vienen acabando con una gran ironía. Resulta que quien hoy tiene la primera posibilidad de decidir quién va a ser el nuevo primer ministro no es el electorado ni la reina: sino Nick Clegg, el líder del Liberalismo Demócrata (Lib Dem).

Este partido tiene sus orígenes en la Alianza Liberal-Socialdemócrata que en las elecciones de 1983 superó el 25% de los votos pero apenas consiguió el 3% de los parlamentarios. Desde su creación los Lib Dems siempre han planteado como uno de sus pilares la reforma de un sistema electoral arcaico donde la cámara alta nunca ha sido electa y la baja tiene un sistema de representación uninominal que no refleja para nada el porcentaje a nivel nacional.

Este mecanismo electoral ha vuelto a condenar al liberalismo. A pesar que en estas elecciones subieron su porcentaje del 22% al 23% con respecto a los comicios generales pasados (2005), ellos han visto que su número de parlamentarios bajó de 62 a 57, es decir menos del 9% de los 650 que componen la cámara de los comunes.

En una extraña venganza el partido nacional que más ha denunciado este sistema arcaico se ha convertido en el ‘hacedor de reyes’.

Ni los conservadores ni los laboristas han logrado la mayoría absoluta. Los dos requieren del aval de Clegg para gobernar. Quien quiera hoy tener las llaves del número 10 de Downing Street (la residencia del primer ministro) debe primero pedirle la venia al jefe liberal.

Clegg, astutamente, ha dicho que su primera opción es conversar con el partido que ha tenido más votos y escaños (los conservadores). Con ello busca presionar a Cameron a que les haga concesiones mientras que pone a los laboristas nerviosos. Así busca sacar tajadas a los dos lados.

Con los tories hay ciertos acuerdos sobre una reforma de los impuestos o para anular la introducción de carnets de identidad, que es uno de los mantras del laborismo. Sin embargo, se ubican en los polos opuestos en temas claves. Los ‘azules’ son los que más topes piden a la inmigración mientras que los ‘amarillos’ piden una amnistía parcial a los indocumentados. Cameron es euroescéptico y Clegg (cuyos ancestros vienen de toda Europa y cuya esposa e hijos son españoles) es muy pro-europeo. Los ‘tories’ no quieren cambiar el actual sistema parlamentario mientras que los ‘libdems’ quieren que se introduzca la representación proporcional y que la cámara de los lores sea 100% electa.

El último primer ministro conservador John Major pide una paloma de la paz al partido que lleva a la paloma como su símbolo. Incluso habla de poder darle ministerios a los liberales. No obstante, Cameron se conformaría con que Clegg no le vete y le deje hacer un gobierno en minoría.

Los laboristas le dicen a los libdems que ambos provienen históricamente del mismo partido. El laborismo se escindió al filo del siglo XX del liberalismo y luego en los 1980s una ruptura de la derecha del laborismo (los socialdemócratas) terminaría reunificándose con el liberalismo para crear el actual partido liberal demócrata.

La paloma que Brown le tiende al partido de la paloma es programáticamente más atractiva. Les llama a formar una alianza progresiva que busque salir de la crisis con un programa que estimule el consumo y no que vaya a un ajuste estructural que puede generar violencia social, mientras que se ha comprometido a reformar el sistema británico proponiendo en un año un referendo para que la cámara alta sea electa y que en el sistema de elección uninominal se permita que los electores puedan marcar dos opciones en su voto y que solo gane aquel que consiga más del 50% en su distrito (aunque sea en su segunda opción).

Clegg, mientras tanto difiere de los ‘rojos’ y de los ‘azules’ en su oposición a la guerra de Iraq, a que ambos quieren evitar dar una amnistía a casi un millón de inmigrantes irregulares, a su política exterior tan pro-EEUU y a mantener el carísimo programa de submarinos nucleares (que él ve como obsoletos en la post-guerra fría).

Constitucionalmente la reina tiene la atribución de escoger a quien quiera para que sea su primer ministro. Ella, sin embargo, siempre ha dejado primero a los partidos para que lo decidan. Al partido que saca la mayoría absoluta del parlamento le invita a que encabece el gobierno de su majestad, pero si no hay un claro vencedor ella espera a que se agoten posibles negociaciones y a que el primer ministro que ha perdido dimita.

Por supuesto que ella podría interrumpir el proceso si las discusiones se alargan o la crisis lo apremia, pero por ahora la palabra la tiene quien va a ser el ‘rey’ de Gran Bretaña: el jefe del partido que tiene el mismo color oro de la corona.

Una democracia feudal
El sistema electoral del Reino Unido es muy diferente al de cualquier república. Esta es una monarquía constitucional donde la jefatura de Estado es hereditaria y vitalicia y donde la cámara alta está compuesta por lores que han heredado el cargo o han sido designados por la corona para tener sus cargos de por vida.

El jefe de gobierno es el primer ministro, el cual, a su vez, no es electo directamente por la población y ni si quiera tampoco por la cámara de los comunes. Lo usual es que la corona invita al líder del partido que ha obtenido la mayoría absoluta de los Miembros del Parlamento (MP) a liderar el gobierno de su majestad. Si ningún partido sobrepasa el 50% del parlamento (cosa muy inusual en un sistema electoral ideado para garantizar que el ganador de las elecciones se quede con todo y tenga garantizado una mayoría absoluta parlamentaria) entonces la primera opción para formar un nuevo gobierno la tiene el primer ministro existente. Si él se muestra incapaz de conformar una nueva mayoría él debería renunciar y la posta pasaría al jefe de la oposición.

El parlamento británico no es electo de manera proporcional. Este está compuesto por 650 distritos electorales cada uno de los cuales elige directamente a su propio MP. Si en uno de ellos hay alguien que gana, aunque sea con menos del quinto de los electores, a él se le concede el puesto.

Este sistema garantiza que no haya mucha renovación. En la mayoría de los casos los MPs son reelectos sistemáticamente. En estas elecciones la mayoría de los parlamentarios han mantenido sus lugares y lo que producen los cambios es el hecho que entre un quinto y un cuarto de los que detentaban sus escaños no han sido reelectos. En una monarquía constitucional que tiene mucho de ‘feudal’ los distritos electorales acaban siendo una suerte de feudos de los MPs.

Mientras que en una república la población a nivel nacional elige directamente al presidente o a todo o parte del congreso, en Reino Unido nadie vota por una figura a nivel nacional. Todos los primeros ministros solamente han sido electos en su respectivo distrito electoral y nunca ninguno de ellos ha sobrepasado los 20 a 30 mil votos.

Gordon Brown, por ejemplo, ha llegado a ser el líder del partido gobernante y luego el primer ministro sin que haya habido una sola elección ya sea en su propio partido o a nivel nacional. Hoy, a pesar de haber quedado segundo, él se niega renunciar y está esperando a que fracasen las negociaciones entre conservadores y liberales para poder tentar a los segundos a hacer un co-gobierno con el cual él pudiese seguir como premier.

Este sistema ya no da más y la mayoría de la población pide un cambio. Por ahora nadie plantea la república (y la reina debe mostrar mucha cautela en no designar a un primer ministro hasta que los partidos se pongan de acuerdo) pero liberales y laboristas (la mayoría del electorado) plantean que es hora de ir a un referendo para que el reino Unido deje de ser la única potencia donde la cámara alta no es electa y en el parlamento no existe ninguna forma de representación proporcional.

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