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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

Gran Bretaña, gran incertidumbre

Isaac Bigio
Isaac Bigio
sábado, 8 de mayo de 2010, 06:46 h (CET)
A la mañana siguiente de cada elección general ya se sabe quien horas más tarde será invitado por la reina para administrar su gobierno. El viernes 7, no obstante, los británicos están yendo a trabajar sin saber quién va a trabajar por ellos desde el poder.

El Reino Unido reclama ser la potencia con la democracia más antigua y menos interrumpida que hay, pero es también la que tiene las formas más arcaicas de todas. Ni el jefe de estado ni la cámara alta han sido alguna vez electos.

La forma de elección uninominal y no proporcional de la cámara de los comunes tiene como meta hacer que un partido que tonga una leve minoría relativa gobierne solo con una mayoría parlamentaria absoluta.

En las elecciones generales pasadas (2005) los laboristas obtuvieron el 35% de los votos pero amasaron el 55% de los escaños.

Esta vez los conservadores pasaron del 32% de los votos del 2005 al 36%, pero en este parlamento han quedado alrededor de 20 curules por debajo de la mitad de los 650 parlamentarios.

Los conservadores reclaman que el electorado ha rechazado a Gordon Brown y que ellos deben gobernar, pero lo cierto es que constitucionalmente él puede seguir en el poder si logra conformar una coalición con los liberales y tal vez con otros partidos menores (como los nacionalistas de Escocia y Gales o los socialdemócratas y laboristas de Irlanda del Norte), con quienes comparte un rechazo a los ‘tories’.

Para los grandes capitales británicos es esencial tener una administración estable ante la crisis económica y la posibilidad de tener protestas violentas a la griega. Los conservadores, que podrían ser el partido favorito de la gran banca, solo podrían gobernar en minoría, apoyándose en unos pocos parlamentarios unionistas y bajo un permiso liberal. Clegg, mientras tanto, está esperando alguna oferta interesante de Cameron que le permita negociar un posible pacto.

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