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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡España no puede esperar más: o elecciones o cambio de gobierno!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 7 de mayo de 2010, 05:54 h (CET)
Comprendo que puede resultar difícil el asumir los errores, las falsas apreciaciones, las previsiones erróneas y las decisiones equivocadas; es comprensible y, aún más, cuando se ha menospreciado y calificado de “antipatriotas” a quienes habían intentado denunciar los hechos, advertir de las equivocaciones y anunciar que la senda emprendida era la equivocada, la que conducía a una situación irreversible, como la que hoy en día, lamentablemente, estamos padeciendo. Por eso, cuando en estas tertulias de periodistas, políticos, economistas, sindicalistas y personajes relacionados con la judicatura, la farándula o la jet-set -que tanto han proliferado en radios y televisiones-; escuchamos a algunos prebostes del socialismo o periodistas rastreros a su servicio, defensores a ultranza del señor ZP y su gobierno; pretender insistir, tercamente, en la defensa de la política que el PSOE ha venido desarrollando durante el tiempo que lleva instalado en el gobierno de la nación, –especialmente durante los dos últimos años – intentando justificar lo injustificable y mantener lo que no se sostiene; no podemos evitar sentir un ramalazo de irritación, de justa y justificada repulsa para quienes pueden llegara a ser tan obcecados y recalcitrantes en sus esfuerzos de negar la evidencia que la cruda realidad, nos mete por los ojos de una debacle nacional que el cúmulo de errores, cacicadas, decisiones improvisadas, acciones sectarias y actos temerarios de nuestros gobernantes, ha causado a nuestro país y a todos sus ciudadanos. Porque no hay más que ver nuestra situación en Europa, incluidos entre los “PIGS”, las naciones peor situadas para salir de la recesión; por no haber sabido tomar las medidas adecuadas para enfrentarse a la crisis como han hecho otras naciones de nuestro entorno, llevándonos a ocupar la plaza que nos corresponde en el pelotón de los torpes, donde nuestro Presidente ocupa un lugar destacado de rodillas y con orejeras de burro.

Hoy se han reunidos el señor Rajoy, y el señor ZP, ¿para qué?, ¿acaso pretenden ahora un pacto de estado o un gobierno de coalición? No señores, porque la agenda sólo incluye dos puntos: Grecia y el grave problema de la reestructuración de las Cajas de Ahorro. Una de las habituales reuniones insustanciales entre ambos políticos, en la que, como siempre, el señor Rodríguez Zapatero pretende llevar a su terreno al señor Rajoy para que apoye su política y en la que, como es natural, el líder de la oposición le ha dicho que, lo que hace falta, es que se cambie radicalmente de enfoque y se avenga a utilizar otras recetas más propias de una economía de mercado tradicional. Una tormenta en un vaso de agua, en la que no se ha conseguido más que pactar sobre el tema de las cajas lo que, aunque interesante y necesario, a la vista del terremoto bursátil que nos afecta, no puede por menos que defraudar a todos los españoles que, si bien no muy optimistas, esperaban algo más de este encuentro. Claro que, conociendo a ZP, podríamos pensar que lo que ha pretendido en realidad, no ha sido es alcanzar un acuerdo con el PP para salvar a España, si no que podríamos decir que, lo que ha buscado con él, ha sido emular, al menos de cara a la galería internacional, el reciente encuentro que tuvo lugar en Portugal entre el jefe del Gobierno, señor Sócrates y el líder de la oposición, para tratar de los acuciantes problemas económicos del país vecino, del que sí salió un acuerdo para aunar fuerzas y buscar la sinergia que ayude a Portugal a superar sus problemas.

Pero no deberíamos olvidar que, este juego del ratón y el gato que se trae entre manos el señor Zapatero, no puede continuar. Europa y todas sus instituciones, al tiempo que mantienen su mirada fija en el problema griego, vigilan sus movimientos económicos, se preocupan por las alteraciones sociales y se preguntan si, alguna vez, van a conseguir recuperar las inversiones que se han hecho para intentar sacar a Grecia de su problema económico; no dejan de observar, con preocupada atención, lo que sucede en España; quizá por la sorpresa producida el súbito interés de los buscadores de gangas en actuar sobre la volátil bolsa española, cuando quizá les hubiera resultado más fácil hacerlo sobre la portuguesa o la irlandesa. La explicación la encontraremos fácilmente en la figura de nuestro Presidente, el señor Rodríguez Zapatero que, sin duda, en estos momentos se ha erigido en el peor lastre para la fiabilidad de nuestra Deuda y la peor garantía para todos los inversores, salvo los especuladores, porque todos se han apercibido de la debilidad de nuestro Gobierno, de su incompetencia para tomar decisiones que, en ocasiones, pueden resultar impopulares entre la población pero que, habiendo llegado a la situación actual, si no se toman, si el Gobierno sigue impávido, sin mover pieza, esperando que la crisis se cure por si sola, es evidente que no tardaremos a situarnos en una situación similar a la griega.

Si ZP, para no tener que imponerse a unos Sindicatos anclados en la lucha de clases, que se han mostrado como la peor lacra, no sólo para el país, sino también para los trabajadores –cuando no se han dignado, en el primero de mayo, hacer la más mínima referencia a los 4.670.000 parados; no han formulado un solo reproche al Gobierno y se han limitado a meter bazas en un asunto que, por supuesto, no les compete, como es el defender al señor Garzón cuando, ni siquiera saben si este señor es culpable de lo que se le acusa o no –, ha preferido estarse quieto, acudir a las subvenciones millonarias; favorecer a determinada banca; llevar una política contradictoria con el tema de las energías renovables; y pretender engañar a Europa, simulando una política de ahorro del gasto público tan mezquina como la que nos anunció la señora De la Vega que suponía un ahorro anual de ¡16 millones de euros!, en cargos y oficinas públicas; ya puede empezar a ponerse a temblar, porque sobre España, lo queramos admitir o no, penden varias espadas sobre nuestra economía, que nos amenazan a todos los ciudadanos: una, la que anunció en BCE cuando advirtió que los que se quedasen rezagados, en superar la recesión, se verían obligados a pasar por el ojo de la aguja cuando, por conveniencia general, se aumentaran los tipos de interés; otra, las amenazas de Bruselas de que España no sería tratada como Grecia y que, en Europa, no se admitirían más salvaciones in extremis; la tercera, el peligro de que, a la deuda española le ocurra lo que a la griega y que, para colocarla sea preciso aumentar el diferencial con respecto a la de otros países europeos, más sólidos que el nuestro y, finalmente, que la situación social en España llegue a situarse en el peligroso terreno deslizante de la protesta y los disturbios callejeros, ocasionados por el aumento del desempleo y la miseria, de forma que llegue un momento en el que, esta burbuja humana, llegue a explotar como, en su día, ocurrió con la burbuja inmobiliaria, y el desorden y la violencia se empiecen a apoderar de las calles de nuestras ciudades.

Si el Gobierno no sale de su inmovilismo; no atiende a las razones que, desde todas las instituciones económicas y financieras, de dentro y fuera de España, se le hacen y no admite que es necesario un cambio urgente de política y decide no mover pieza, continuando deshojando la margarita de la abulia y la confianza en el mero paso del tiempo, para que nuestra nación salga, por si sola, de la situación actual; es muy probable que, antes de que lleguemos a los cinco millones de parados, antes de que concluya esta legislatura y antes de que los españoles tengamos tiempo a descabalgarlos del poder; España haya entrado en la espiral de su propia destrucción que, en definitiva es lo que están esperando, como buitres carroñeros, aquellos que quieren cebarse en su ocaso.

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